Los estragos de la antipsiquiatría

Emilio Calderón, capellán del módulo psiquiátrico de Sevilla 1, ha recibido la medalla al Mérito Social Penitenciario y lamenta el paso sin alternativas de esos enfermos de "estar tirados en la calle a la cárcel"

Emilio Calderón, ayer en el patio de San Pío X, en Las Letanías, donde es cura desde hace 38 años.
Emilio Calderón, ayer en el patio de San Pío X, en Las Letanías, donde es cura desde hace 38 años.
Francisco Correal

03 de octubre 2010 - 05:03

Nació en 1942. Hizo la primera comunión en 1952. Entró en el Seminario en 1962. Se ordenó sacerdote en 1972. A Emilio Calderón (Écija, 1942), lo ordenó don Antonio Montero en la misma parroquia de San Pío X, en las Letanías, de la que 38 años después sigue siendo párroco. "Bueno Monreal ordenó ese día en la Catedral y decía que estaba muy mayor para dos ordenaciones".

De Bueno Monreal hay una secuela en esta iglesia que en los primeros tiempos de este cura era de uralita y en parte se usaba como guardería. El Crucificado que la preside es una imagen que realizó un monje jerónimo y se la regaló al entonces cardenal, que la donó a la joven parroquia de una Sevilla que empezaba a asentarse allí en los primeros años sesenta.

Emilio Calderón es desde 1973 delegado diocesano de Pastoral Gitana y los últimos 18 años capellán del Psiquiátrico Penitenciario. El ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, le acaba de conceder la medalla al Mérito Social Penitenciario, que comparte con todo su equipo de Pastoral. Martes y jueves acude a la cárcel, donde cuando se tercia oficia la Santa Misa compartida ante una feligresía para la que "un cigarro y un café es medicina".

Los inquilinos de ese módulo han invitado a su capellán a la semana del Enfermo Mental en la que representarán un divertido diálogo entre José María el Tempranillo y Fernando VII. Entre la cárcel y el Polígono Sur. Dos maneras de seguir el precepto evangélico de estar con los más desfavorecidos, con "los últimos", que para él también son los primeros.

"Son enfermos que además de estar enfermos no sé por tienen que estar presos", dice de estos reclusos atípicos a los que el vulgo consideraba antaño poseídos por el demonio. "Me da la sensación de que se fue muy rápido, demasiado, en cerrar Miraflores. Estos chicos han pasado de estar tirados en la calle a la cárcel. La gran mayoría están allí por delitos de sangre". Desgraciadamente, el caso del joven de Nervión que ha matado a su madre no es una excepción. "No sé por qué hay que esperar a que haya una muerte para recoger a un enfermo de este tipo ya no como enfermo, sino como asesino. Nos debe llevar a preguntarnos qué está pasando. Estamos haciendo una sociedad en la que desaparece el esfuerzo y se fomenta el consumo. Todo lo que se les antoja lo tienen a su alcance hasta que descubren que lo que tiene valor exige un sacrificio".

Le gusta la frase que atribuye a un obispo. "Somos una generación que ya está amortizada. Los que vivimos el Concilio Vaticano II ya tenemos más de 60 años". El mayo francés de los curas propiciado por un Papa "que dijo que la Iglesia es el Pueblo de Dios. Creo que nos hemos quedado a mitad de camino".

Se arrepiente de no haberse liado la manta a la cabeza cuando era más joven "y haberme ido a vivir con la gente de Las Vegas, allí al final". Las últimas casas que se construyeron. Las primeras fueron 1.008 casitas prefabricadas "a las que llegó gente de la Sevilla más rancia y tradicional. Con las inundaciones del Tamarguillo, evacuaron esos corrales de vecinos de Triana, San Bernardo o San Nicolás en los que vivían cien familias. De una habitación con servicios comunitarios a casitas con tres habitaciones, cuarto de baño y cocina. Era el paraíso terrenal". Personas que se trajeron su identidad de barrio. "Estuvimos pensando colocar una réplica del Cachorro en la iglesia".

Llegaron nuevos pobladores. Al barrio lo castigó el absentismo escolar. "Yo no sé de nadie de este distrito, y somos casi 70.000 personas, que haya hecho un máster en el extranjero. La formación es fundamental".

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