Mauricio Domínguez Domínguez-Adame

Para forasteros con carácter

  • Este abogado, hermano del Gran Poder desde hace 75 años, intérprete de las precedencias, reconquistó el centro desde el Polígono.

LA ciclista que está a punto de atropellarlo en la Avenida no sabe que Mauricio Domínguez Domínguez-Adame (Sevilla, 1936) no sólo tiene preferencia de peatón sino que además es una de las personas que mejor conoce la denostada urbanidad, de la que se habla mucho menos que del dichoso urbanismo.

Le pusieron Mauricio como a su abuelo, un médico que fue director del hospital de las Cinco Llagas. Ahora, inexorable ley del péndulo, ejerce de abuelo Mauricio con sus nietos Carlos, Javier y María la abuelidad, palabra que toma del poeta Pedro Salinas. Demasiado pequeños como para hablarles del libro Protocolo y Ceremonial en la ciudad de Sevilla, que presentó en el Salón Colón del Ayuntamiento. "Dicen los ordenanzas que había tanta gente como en una toma de posesión".

El mismo Salón al que en los fastos de la Expo acudieron medio centenar de jefes de Estado -Mitterrand, Fidel, Rainiero...- para que les contara la historia de la Casa Consistorial. "En la Expo, el Ayuntamiento estaba perdido, sin pabellón propio. Los jefes de Estado venían y se les daba la llave de la ciudad, la misma que se le entregó a San Fernando cuando entró en Sevilla. La llave hebrea es mucho más artística pero a los representantes de los países árabes se les daba la llave árabe".

Nació en plena guerra civil en la calle Fernán Caballero, frente a la casa donde murió la escritora protegida bajo ese nombre. Su particular reconquista de la ciudad tuvo mucho que ver con sus progenitores. "Vivimos en Fernán Caballero hasta los 25 años, cuando muere mi padre". Se mudan a una casa materna en Almirante Hoyos, cerca de la Alfalfa. El 7 de enero de 1967 se casa en San Luis de los Franceses y su primer domicilio de casado es un piso en el Polígono San Pablo. "A finales del 68 muere mi madre y volvemos al centro, a San Vicente esquina con Alfaqueque".

Mudanzas inducidas por la muerte de los dos Domínguez que riegan su abolengo. Entre una y otra, una muerte fundamental. "Recuerdo la fecha del asesinato de Kennedy, 22 de noviembre de 1963, porque al día siguiente conocí a mi mujer en la calle Tetuán". El destino quiso que la fecha del inicio de ese romance, 23 de noviembre, festividad de San Clemente, quedara consagrada en el Protocolo de la ciudad como la de la procesión de la Espada por conmemorarse la entrada de Fernando III.

Licenciado en Derecho de la promoción 53-58, la de Luis Uruñuela, primer alcalde de la Sevilla democrática, fue con su sucesor, Manuel del Valle, con quien aterriza para llevar el protocolo de la Casa Grande. En 1965 empezó con ese cometido en la Diputación Provincial; el gobernador civil le encargó en 1970 una misión. "Quería conocer todos los pueblos de la provincia y durante cuatro meses los visité. Pueblos casi todos sin teléfono directo, con caminos vecinales".

En la calle saluda a Federico Casado, hijo de Juanita Reina; a Juan y Pedro Robles, sana competencia de Rafael Juliá, que llevaba la Caseta Municipal. El Protocolo se remonta al conde de Mejorada, que a comienzos del siglo XVII establece un reglamento para atender "a forasteros con carácter". ¿Un lugar para enseñar al mundo? "La zona en la que se funden el poder civil y el religioso, el Alcázar y la Catedral", dice quien ahora hace 75 años de hermano del Gran Poder.

El ceremonial es como la vida misma: de la fiesta para entregarle a la madre del Rey la medalla de la ciudad al protocolo más amargo, las exequias de Alberto y Ascen. "Recuerdo la guardia de gala empapada, nadie quiso cobrar una hora". O la visita a Sandro Pertini para que se reencontrara en 1980 con la ciudad de su luna de miel. Y dos años después Italia ganó el Mundial. "Fui a más partidos internacionales que locales". La princesa de Villamanrique le dijo que don Pedro quería ver el Brasil-Nueva Zelanda en el Mundial de España y lo presidió en el palco; o cuando Rafael Escuredo consideró "un desprecio a Andalucía" que en un partido de la selección en Nervión colocaran a dos ministros a uno y otro lado de Joao Havelange. "Llamó muy enfadado a Ana María Ruiz-Tagle y dijo: 'Nos vamos".

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