Una fusión de tango y rock'n roll
Calle Rioja
Académico. Pérez-Reverte paseó por Sierpes un día después de presentar su última novela. Se detuvo ante el escaparate de Maquedano y charló con una chica de la Cruz Roja.
ES hermosa la imagen de este solitario que tiene millones de lectores. La relación de Arturo Pérez-Reverte con la literatura es como la que en tiempos tenía José Sacristán con el cine. "El llena-cines", tituló una portada la revista Cambio 16 en los años de transición en los que la película Asignatura pendiente de José Luis Garci es paradigma. Y no tiene ni un mísero Goya el actor de Chinchón al que adoran los argentinos. Pérez-Reverte es un llena-librerías que ha cambiado la espada por el tango. Venía por Sierpes, todo un reto en ese piélago de curiosos.
Su visión fue un poliedro de referencias culturales. Yo venía por Cerrajería, donde está la librería Repiso, hablando con el editor Paco Sosa (ediciones Giralda), que me glosaba las excelencias de un libro a punto de salir de Julio Marvizón, el legendario meteorólogo, sobre la Sábana Santa de Turín. Como si Cristo fuera de la Juventus. Hay en Palencia un equipo de fútbol de Tercera División que se llama Cristo Atlético. A la altura de Ochoa, cuando ya había avistado al creador de Alatriste, suena mi móvil. Era Pive Amador para darme una buena noticia. El próximo día 23 rotulan una calle de Granada con el nombre del rockero Silvio. En los dominios musicales de Morente, Miguel Ríos y Carlos Cano, de cuyo fallecimiento en la lorquiana Nueva York mañana se cumplen doce años.
Me despedí casi a la vez del editor y del antiguo mánager y batería de Silvio, hoy jurado de Se llama copla, y seguí los movimientos de Pérez-Reverte. Se detuvo ante el escaparate de sombreros de Maquedano, tienda más que centenaria. Después, a diferencia de lo que hacemos la inmensa mayoría, aceptó la charla de una chica de la Cruz Roja, que suena a homenaje a Tony Leblanc, otro llena-cines.
Con su tango de páginas, Pérez-Reverte torció por Robles Laredo camino del Portón. Habría quedado con sus mosqueteros Cózar y Eslava. Era un paseo sin agobios, con el discreto ¡Oh, es él!, como tituló Maruja Torres su libro sobre Julio Iglesias. Ambientó en Sevilla su novela La piel del tambor. Cerraron la mayoría de sus once bares de Triana. Una ciudad muy literaria. Juan Goytisolo en Señas de identidad evoca los duelos en la Maestranza entre Ordóñez y Luis Miguel Dominguín.
Hay una doble presencia de Sevilla en la nueva novela de María Dueñas Misión Olvido. Un filólogo norteamericano llega a Cartagena, curiosamente la patria chica de Pérez-Reverte, y buscando la huella de Ramón J. Sender se enamora de una murciana. Corre el año de 1959 y en el Madrid del incipiente desarrollismo se oye en una radio la voz de Marifé de Triana, la tonadillera de Burguillos. Y en la pensión donde se aloja Daniel Carter escucha las cábalas sobre la jornada del domingo, una controversia entre Gento y Kubala y la incógnita sobre qué signo tendrá en la quiniela el Betis-Celta, partido que aparece en la página 275 de la novela de esta escritora sobrina de futbolista y que coincide con el que en Balaídos se jugó anoche entre el Betis de Pepe Mel y el Celta de Paco Herrera, el entrenador campechano que hizo a su amigo Bernardo V. Carande incondicional del Liverpool en los tiempos de Rafa Benítez.
Calle para el sevillano Silvio en Granada. Dos ciudades unidas por la hercúlea trayectoria intelectual de Antonio Domínguez Ortiz y por el beticismo del hijo pequeño de Carlos Cano, que como Julio Iglesias tenía un doble guardameta con su nombre. Para rizar el rizo, el tío futbolista de María Dueñas, Teófilo Dueñas, jugó en el Granada, el primer equipo del madridista Luis García Montero (sin Castillo). Un inédito de Julio Marvizón se unió al best-seller de Arturo Pérez-Reverte en la calle donde está la librería en la que Pilar del Río conoció a Saramago.
También te puede interesar
Lo último