La transformación urbana de Sevilla

La herencia de la Expo

El AVE: el tren silencioso

El principal elemento diferencial que el 92 dejó a Sevilla fue el tren de Alta Velocidad, inaugurado un 14 de abril de hace dos décadas. Fue el primero de España y permitió a la ciudad hispalense y a Andalucía contar con una conexión directa con Madrid en poco más de dos horas. Un tren que funcionaba como un avión, con un índice de puntualidad del 99%. En dos décadas, el AVE ha transportado 53,6 millones de pasajeros y ha recorrido 6,6 millones de kilómetros.

Cartuja: la ciudad gemela

El recinto oficial de la Muestra Universal (215 hectáreas) se construyó como una especie de urbe gemela situada a las mismas puertas de la Sevilla histórica, de la que era su antítesis estética. Su planificación territorial fue el resultado de una síntesis de ideas urbanísticas divergentes, lo que desde el principio provocó problemas de integración urbana que, si bien no afectaron al certamen, se intensificaron tras la venta al mejor postor de los suelos de la Isla.

Una inversión millonaria

Las cifras sobre la inversión que la Muestra Universal canalizó hacia el Sur de España fueron objeto de mucha polémica en vísperas de la Expo. Las cuentas varían en función de los criterios de cálculo, pero, según los estudios académicos hechos por la Universidad de Sevilla, la inversión total en Andalucía rozó los 9.000 millones de euros. La reforma urbana de la ciudad (sin contar los equipamientos) costó 900 millones, el 10% del monto total.

La vertebración interior

Un lugar común sostiene que la Expo 92 de olvidó de los barrios. No es del todo cierto. Aunque las inversiones no solucionaron todos los problemas de cohesión urbana –todavía pendientes– sí permitieron a una ciudad desvertebrada contar con hasta nueve nuevas rondas perimetrales que mejoraron la comunicación interna entre los distritos Sur, Este y Norte. También se construyeron avenidas sobre los viejos cauces ferroviarios que facilitaron el desarrollo inmobiliario.

Alamillo: el regalo inesperado

La Muestra no sólo renovó las infraestructuras de la ciudad y colonizó la Cartuja, sino que permitió a Sevilla contar, por primera vez en su vida, con un parque metropolitano. El recinto del Alamillo, situado al Norte de la Isla, fuera del recinto del certamen, dotó a la Gran Sevilla de su primer y casi único pulmón verde: 50 hectáreas que después fueron ampliándose. Tras el 92, el parque estuvo cerrado durante varios años porque el Ayuntamiento se negaba a mantenerlo.

La herencia

El río

El 92 ayudó a Sevilla a tener, por primera vez en toda su historia, una relación civilizada con el Guadalquivir, razón de su existencia y viejo enemigo secular. El cauce histórico estaba dividido por el tapón de Chapina. Su desaparición permitió configurar hasta siete nuevos kilómetros de paseo fluvial.

Torneo, la metáfora

Si hay un hecho que marcó, en el ámbito simbólico, el intenso proceso de transformación de Sevilla en 1992 fue el derribo del muro de la calle Torneo que separaba –visual y territorialmente– la Cartuja de la urbe histórica. La zona occidental del casco antiguo era la periferia hace sólo veinte años. Su demolición redescubrió el río y transformó el horizonte.

El dogal ferroviario

La capital andaluza, que derribó sus murallas en el siglo XIX amparándose en el ideal decimonónico de modernidad, terminó sustituyéndolas por otras: las vías del tren que durante cien años hipotecaron el funcionamiento del Este y el Oeste de la ciudad. El 92 permitió cicatrizar esta herida.

Los equipamientos

La renovación urbana mejoró las dotaciones públicas de Sevilla, que tenía dos estaciones de tren antiguas, un aeropuerto obsoleto y no contaba con ningún paso a distinto nivel en la red urbana de carreteras. El legado de la Expo fue el AVE, Santa Justa y el aeródromo de San Pablo.

La red viaria

El esqueleto de la Sevilla anterior a la Expo eran los antiguos caminos rurales, convertidos en carreteras. Hasta la Muestra, la ciudad carecía de un tejido viario moderno. El evento fue el pretexto para construir la SE-30, la Ronda Supernorte y hasta nueve distintas avenidas interiores.

 

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