"Me hice arquitecto viendo todos los días la Alhambra desde el colegio"
Fernando Arredondo
Nació en el país de la Bauhaus, hijo de emigrantes, creció en una cueva del Altiplano. Tiene el estudio junto a la obra de su colega alemán Jürgen Mayer.
VIVIÓ en una cueva del Altiplano granadino y es arquitecto. Fernando Arredondo Arredondo (Frankenthal, Alemania, 1971) tiene su estudio en la misma calle que Vázquez Consuegra y el último Espiau.
-¿Cuándo llega a la cueva?
-Mi padre se fue a Alemania en 1962 y mi madre dos años después. Allí nacimos los dos mayores, yo y después mi hermana Rocío. De niños, yo tenía cuatro años, mis padres siguieron en Alemania pero nos trajeron al pueblo, a Zújar, con mi abuela Sebastiana.
-En Alemania no habría cuevas.
-Vivíamos en lo que aquí llaman corralas, llenas de emigrantes.
-¿Dónde se da ese tipo de vivienda?
-Hay un proyecto, Eurocuevas, en el que participa la comarca de Guadix-Baza.
-Que tiene hasta obispo propio.
-Una institución. Mi padre raptó a mi madre, algo propio entonces en los pueblos, y fue en moto a Guadix a pedirle al obispo permiso para casarse.
-¿Las cuevas lo llevan a la arquitectura?
-Algo debió influir. Pero lo determinante fue cuando fui interno al colegio Ave María de Granada. En el colegio había una plataforma frente a la que veíamos la Alhambra todos los días.
-La misma fascinación que Rafael Manzano...
-Fue ayudante de Torres Balbás.
-¿Qué distingue a la cueva?
-Es una vivienda hecha por la mano del hombre, a base de pico y pala. Con una pequeña fachada, porque la tierra no permite huecos muy grades, y una ventana en la entrada por la que entra luz natural al salón y la cocina. Por las características orográficas, no tenían agua. Se resolvía con cántaros o con animales. Una fuga de agua es lo peor, es un riesgo de hundimiento.
-¿Se estudian en las escuelas de Arquitectura?
-Es un tipo de arquitectura bioclimática, en contacto con la tierra, con temperaturas bastante frescas en verano y templadas en invierno.
-¿Alguien le encargó la construcción de una cueva?
-Alguna me han encargado. Con las normativas actuales está complicado. Habría que hacer reformas estructurales a base de hormigón, cambios en la ventilación. Se fomentó su uso turístico. En 2005 bastantes ingleses se instalaron en cuevas de Zújar; con la crisis han vuelto todos a su país y han dejado el barrio de Albatel totalmente abandonado.
-¿Es profeta en su tierra?
-Sí. La primera obra que hice fue rehabilitar la casa de mi hermana. Actualmente estoy haciendo un polideportivo municipal en Zújar y una intervención paisajística en el pantano del Negratín.
-¿Volvieron a Alemania?
-En 2004 fuimos toda la familia. Fue emocionante para mis padres. Él se llevó a muchísima gente, a familiares, vecinos. Se hacía mucho en los pueblos. Es que entonces no había nada. Mi padre cogía esparto para cambiarlo por el pan. Mis abuelos mandaban a sus hijos a otros pueblos para cuidar cochinos.
-Tiene el estudio junto a una obra del arquitecto alemán Jürgen Mayer. ¿Qué le parece esa cueva con ínfulas de Escorial?
-Con la arquitectura de Sevilla impacta bastante, pero a la zona le ha dado una revalorización impresionante. Se han conectado zonas que estaban inconexas. Lo peor es la plaza superior.
-¿A Le Corbusier o Mies van der Rohe les atraía el hábitat cueva?
-Los maestros siempre han vuelto a las arquitecturas vernáculas. Es un ejemplo de la incorporación de la luz y la naturaleza a la vivienda.
-¿Ha estado en Altamira?
-No. Fui de visita a las cuevas de Aracena. La cueva lo que te da es calma. El único ruido que recuerdo es el del reloj. La iluminación entraba a través de una pequeña ventana y como en las iglesias románicas esas pequeñas aberturas de luz le daban un aire semioculto, misterioso, de impenetrable.
-¿Le marcó vivir con su abuela?
-Muchísimo. Fue tremendo pasar de una zona industrial de Alemania a vivir en un pueblo donde, y puede sonar a antediluviano, yo desayunaba pan mojado en leche de cabra que había que hervir tres veces para quitarle las bacterias. Mi abuela tenía una mula que entraba por la casita para meterse en la cuadra.
-Con la hecatombe hipotecaria, ¿se va a tener que volver a vivir en cuevas?
-Espero que no. Aunque el atractivo turístico y cultural está muy bien, el origen de este modo de hábitat ha sido siempre la pobreza y la humildad de la gente. Otra cosa es que se puedan repensar sus ventajas. Las chimeneas blancas que utilizaban para la ventilación y la extracción de humos son hitos en el paisaje.
-Alemán de cuna, ¿se le pegó algo de la Bauhaus?
-Sun principios están muy bien, pero es un lenguaje muy trillado.
-¿Cómo se dormía en la cueva?
-El silencio absoluto. Mi padre, cuando volvió de Alemania, se hizo una casa a la que le incorporó una cueva. Cuando voy con mi hijo es para él un descubrimiento. Y una manera de quitarle al cuento el terror que siempre se asocia con la palabra cueva.
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