"Cuando vi llorar a Rosario, yo ya no podía dar marcha atrás"

José Antonio, costalero de San Gonzalo, hizo el 9 de febrero la 'chicotá' más hermosa: donarle un riñón a su vecina, que llevaba 11 meses en diálisis

"Cuando vi llorar a Rosario, yo ya no podía dar marcha atrás"
"Cuando vi llorar a Rosario, yo ya no podía dar marcha atrás"
Francisco Correal

28 de marzo 2009 - 05:03

Mañana asistirá a la última mudá de su cuadrilla de costaleros del paso de palio de San Gonzalo. Este año no podrá salir. Bien mirado, José Antonio López Castañeda, 42 años, será el que más peso lleve en lo alto. Generosidad de costal a costal en un gesto que lo ha convertido en héroe de sus amigos, de sus vecinos, de sus compañeros de cuadrilla, que le han reconocido su admiración "y que nos hayas enseñado a dar una chicotá de auténtica fe", en texto que leen al alimón sus hijas Triana y Rocío, de siete y seis años, respectivamente.

El 9 de febrero hizo el ensayo de su vida. La cuadrilla era de médicos y enfermeros. Batas verdes y blancas. Sesión continua. Después de siete meses de pruebas, con la confirmación definitiva ante el juez, que comprobó que no había ánimo de lucro, le extrajeron uno de sus riñones, que había permanecido casi cuarenta y dos años con él. El riñón que ahora lleva cuarenta y tantos días en el cuerpo de Rosario López Vela, 43 años, su vecina, la amiga de su mujer. Los médicos tenían una buena aliada: la Virgen de la Salud, titular de la hermandad de San Gonzalo, de la que José Antonio es costalero desde 1986, con la ausencia de tres años por una operación de hemotórax de pulmón. Este año no puede salir. "Me han dicho que no puedo coger peso, que no debo hacer el cabra ni subir los escalones de dos en dos. Como saben mis intenciones, el costal me lo tienen guardado y bien guardado. Esto es como los toreros. El que es costalero lo es hasta que se muere".

José Antonio vive en Managua y Rosario en Ciudad de México. Son los nombres de dos de las calles de la barriada Julio Carrasco de Dos Hermanas, próxima a La Motilla. Rosario empezó a sentir molestias de estómago. "No podía comer nada, tenía mucha fatiga". El protocolo de rigor: visita al hospital, diagnóstico de insuficiencia renal, lista de espera y once meses de diálisis. La primera decepción fue comprobar que el riñón de su marido, Antonio Barbero Fornet, empresario de la construcción, no era compatible.

Carmen, la mujer de José Antonio, ha sido una pieza fundamental en esta historia de solidaridad. Su marido volvió del trabajo de hornero en Fundiciones Caetano, en Guillena, "y Carmen me dijo que Rosario y Antonio estaban de bajón". Fue cuando empezó a darle vueltas a este salto sin red. "Los médicos me dijeron que no olvidara que tenía mujer y cuatro hijos", dice el costalero. Lo comentó en su empresa, que al principio lo comprendió pero un mes más tarde lo puso "entre la espada y la pared". La familia, el trabajo, la hipoteca. La vida sí que pesa sobre los hombros. "Se lo dije a Antonio, vi a Rosario llorar y yo soy una persona que cuando dice algo lo hace".

Se reunió con los doctores Pérez Bernal, coordinador del área de Trasplantes del Virgen del Rocío, Pereira, que le hizo las pruebas, y León, el médico que lo operó. Le dijeron que se preparase para sacar a su Virgen... el Lunes Santo de 2010. "Este año voy de hombre de negro junto al capataz".

Su amigo Pantoja, que sale de costalero con el Cristo de los Gitanos, le decía de broma que habrá que mirar a Rosario, la receptora del riñón, "para ver cómo mueve las caderas". Por si con la donación también van incluidos los ademanes del costalero. "Mi marido no es cofrade", dice Rosario, "es cazador y pescador".

Santillana le marcó cuatro goles a Malta con un solo riñón. "El riñón que te queda trabaja el doble y por eso mismo se agranda". Un riñón costalero que tiene que cubrir la ausencia del que ha salido de la trabajadera de su cuerpo para hacer realidad el precepto más evangélico de cuantos se proclaman en la Semana Santa: el amor al prójimo. José Antonio lo ha hecho sin despeinarse. Sin teologías. "Soy creyente a mi manera. Creo en Dios, en la Virgen. No creo en los curas".

No sabe qué riñón le extrajeron. "Yo soy valiente para meterme en un quirófano, pero de lo demás prefiero no saber ni preguntar".

stats