"Más mariposa que topo, ¡aire, aire!"
Mientras prepara el viaje a Colliure con Cuadernos de Roldán, Ana Llorca saca su primer libro. ‘Adelina a través de la puerta escondida’, es un canto a la fantasía sin edad
LO único autobiográfico de su primer libro es que Ana Llorca (Sevilla, 1953) le escribió una carta al capitán Nemo con veinte años. El libro se titula ‘Adelina a través de la puerta escondida’ (Renacimiento). La portada es de Marie-Christine del Castillo “sobre un bordado de la autora”. No es una vocación tardía, porque Ana prácticamente no se recuerda a sí misma sin escribir, que es como una prolongación de la pasión por leer. Por eso Borges decía que el libro no es de quien lo escribe, sino de quien lo lee. Escribir es como dar a luz, desprenderse de algo.
Se terminó de imprimir el 5 de enero y es como un regalo de Reyes que Ana le hace a sus hijos Estrella y Pepe, a quienes se lo dedica, además de a Mari Carmen Domínguez Limón, “hermana mía del alma y cuarto y mitad de Adelina”, a Rosario F. Cartes, autora del prólogo, y a Antonio Molina Flores, que escribe en la contraportada del libro que “Adelina es un ser real porque, como nos recuerda Italo Calvino en sus ‘Seis propuestas para el próximo milenio’, la fantasía es un lugar en el que llueve”.
Llegamos a la cita en Casa Vizcaíno con paraguas. La gente de los puestos ha mirado al cielo y empiezan a retirarlos. Antonio Molina no sólo le abrió las puertas de Renacimiento para que venciera el pudor inicial, no sólo dice cosas muy hermosas del libro, “Adelina es un milagro de la imaginación y un lujo de la fantasía”, sino que ha reservado a su nombre una de las mesas de Vizcaíno sin derecho a taburete para cambiar impresiones con la autora.
A diferencia de Flaubert, ‘Madame Bovary c’est moi’, Ana Llorca no es Adelina. “Escribo al dictado de las cosas que ella me dice”. La autora es la secretaria de Cuadernos de Roldán, cuyos miembros preparan el número 113, preparación del viaje que harán a Colliure entre los días 4 y 7 de mayo para honrar el legado de Antonio Machado. Una iniciativa que nace en abril de 1988 y de la que Ana Llorca es una de las fundadoras y secretaria.
Su infancia son recuerdos de la plaza de la Gavidia. Un nombre con ecos de comisaría (edificio del arquitecto Ramón Montserrat) que pronto será hotel de lujo, pero que a ella la lleva al lugar donde empezó a cimentarse su relación con ese mundo, donde consigue abrir la puerta a la imaginación, como entendía la fantasía Gianni Rodari tal como cuenta la prologuista para responder a la pregunta de un niño: “¿Cómo se inventan las historias?”.
¿Cómo se inventó Ana Llorca el personaje de Adelina? “Yo cuento cosas que me han ocurrido, que he visto o que se me han ocurrido”. Hay cosas que ocurren y cosas que se te ocurren. La polisemia es un archipiélago maravilloso en el mar de los Sargazos, aunque ella le tenga manía a Sandokán. El padre de Adelina la va a llevar a casa de su amigo Alberto, que tiene una vaquería. “¡Me encanta!”, dice la niña al oír la palabra vaquero. “¿Y veremos también a los indios?”. “Los nombres de las vacas los saqué de la lista de la vaquería de mi abuelo”, dice Ana.
Ejerció la docencia y le gusta más la palabra maestra que profesora. En sus clases creó la asignatura no reglada de Composición Escrita. Animaba a sus alumnos a escribir historias. “Una niña me dijo una vez: Maestra, no sé de qué escribir. Pues así tienen que empezar tu historia, le dije”. Creció en una familia humilde con mucha afición a la lectura. “Yo heredé dos bibliotecas, la de mi prima y la de mi hermano”.
Todas las noches no se duerme sin su dosis de leer a Emily Dickinson, “siempre me digo: esto lo tenía que haber escrito yo. Ésa es la maravilla de la literatura, que lees un texto de hace ciento cincuenta años y parece que está hablando de algo que pasó ayer. Está claro que sin escritura no habría cultura”.
La fantasía, como nos enseñaron Borges, Calvino y hasta don Quijote, no sólo puede mejorar la realidad sino que es mucho más económica por asequible. “La gente habla de los viajes y te los cuenta, a mí no me gusta viajar por viajar. Un viaje maravilloso es pasear por la Gavidia y ver cómo cambian las ramas de los árboles o las hormigas que transportan la cáscara de una pipa”.
Nació el año que Winston Churchill recibió el Nobel de Literatura. “Cuando me preguntan si conozco Londres, yo digo que no lo conozco, he estado en Londres. No conozco París, aunque haya pasado al lado de la torre Eiffel. Lo mejor de viajar es caminar y estar”. Se hace camino al andar, con Antonio Machado, y al estar. “No conozco Estocolmo, fui a casa de unos amigos suecos y, claro, tienes que viajar, no fui andando a Suecia”.
Como Adelina, ella también es “más mariposa que topo, ¡aire, aire!”, dice que hasta los camareros del Vizcaíno se sorprenden. Inventa una letanía nueva, Refugio de los Toreros. De la Giralda dicen que es la Turris Fortissima, pero Adelina la llama “Marco Incomparable”. “Es lo que se decía en el No-Do”. También hay aventuras en Itálica y en el barrio de Santa Cruz. Una ciudad donde todavía había cines de verano.
Además de Julio Verne y esa carta al capitán Nemo con dirección Submarino Nautilus, está la sombra de Alejandro Dumas con la presencia de dos de sus tres mosqueteros, Porthos y Aramis, nombres de las dos tortugas de Adelina. Un cocodrilo atraviesa un paso de cebra, cóctel de animales que parece un documental de la 2. Piensa que la gente no entiende el significado de la fantasía, “creen que es algo exclusivo de la infancia”. No tiene fecha de caducidad. Si no te ocurre, ya se te ocurrirá.
Hay palabras de nuestro tiempo: mascarilla, tuneladora. Se nota que ha escrito mucha poesía: “la noche no termina cuando decimos adiós”. Hay un pájaro que silba “en extranjero” y hasta un interruptor de la primavera. Ana Llorca fue la modelo en el cartel de Fiestas Primaverales que firmó Félix de Cárdenas en la Feria de 1999. La primera de Diario de Sevilla, la última de Soledad Becerril como alcaldesa de Sevilla.
No es Adelina ni Madame Bovary. “A mí me gusta mucho Carmen Martín Gaite. Cuando leí su novela ‘El cuarto de atrás’, dije: ella escribe lo que quiere, yo voy a escribir lo que me dé la gana. En mi libro no hay voz narrativa, los capítulos no van seguidos”. Jugando a la Rayuela en la Gavidia.
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