De mediados del siglo XIX a los albores del XXI
Viaje al instituto San Isidoro, el más antiguo de Andalucía · Tiene una Biblioteca con incunables y también libros censurados
El cambio climático no es cosa de ahora. Un cambio de clima generado por la desaparición del arbolado convirtió en bípedo al australopithecus y aceleró la revolución del hombre de Atapuerca. Es una de las muchas enseñanzas de esta visita guiada al instituto San Isidoro, segundo más antiguo de España. El decano en Andalucía. Calle Amor de Dios. Pasen y vean.
Lo erigió la reina Isabel II en 1846. Había sido sucesivamente palacio de los Ortiz Zúñiga, convento franciscano y Escuela Industrial Sevillana. Sus Aulas de Física y Química se conservan tal como se construyeron en los años 60. A comienzos de esa década se demolió el edificio antiguo. La piqueta no pudo llevarse la apasionante historia de este centro que en 1877 creó la cátedra de Agricultura, de la que se conserva una colección de aperos de labranza. Los alumnos del instituto dieron Anatomía Comparada antes de que se estudiara en las Facultades de Biología.
Mari Luz Casares, extremeña del Casar de Cáceres, es profesora de Matemáticas y directora del centro. Su patrimonio es una suma de gestos de generosidad: Esperanza Albarrán y Charo López, profesoras ya jubiladas, acuden todas las semanas a actualizar el catálogo; el profesor Medina Cortés donó su colección de minerales y sus apellidos rotulan el Gabinete de Ciencias Naturales donde Vicenta Puchol, profesora de Bilología asistida por cuatro alumnos, explica aquel cambio climático de los albores de la humanidad. O el antagonismo entre el evolucionismo de Darwin y el creacionismo de Cuvier. Un alumno donó los apuntes de sexto del curso 1939-1940, los años en que pasó a denominarse San Isidoro, arzobispo visigodo pintado en la entrada por Enrique Orce.
Un catedrático repatriado tras la derrota de la guerra de Cuba no lo perdió todo: cedió al colegio una colección de conchas que conviven con los restos de una tortuga, una carpa y las réplicas del cerebro, esa parte del cuerpo que tanto y tan bien estudió Antonio Machado Núñez, cuyo nieto, el poeta Manuel Machado, fue alumno de este centro. Quizás la donación más insólita fue la de quien todos conocen como don Federico, conserje, hijo de conserje, que donó su esqueleto.
En la Biblioteca hay Biblias y Quijotes en varios idiomas. Algunos de éstos donados por Manuel Chaves cuando era presidente de la Junta. Sus compañeros de partido Felipe González y Rafael Escuredo fueron alumnos del centro. El libro más antiguo es una comedia de Aristófanes. Hay libros censurados y romanceros aptos para los bolsillos de los juglares. En 1920 pasó por sus aulas el futuro Nobel de Medicina Severo Ochoa. Si hoy volviera, no disimularía su orgullo ante las explicaciones de Mario Fernández, profesor de Física. Hace ejercicios prácticos con rayos catódicos y rayos canales. Las aulas de Física y Química son museos: el barógrafo, el eudiómetro, el microscopio de Antony van Leeuwenhoek.
El San Isidoro fue creado por la ley Pidal y se consolidó con la ley Moyano, que se mantuvo a lo largo de un siglo. Un lujo en estos tiempos de vaivenes legislativos.
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