"Una monjita de clausura me pagó en oraciones por mi alma"

Los invisibles

Se hizo dentista en Sevilla, ortodoncista en Valencia y médico rural en un pueblo de Cáceres. Apasionado por la literatura, colabora con sociedades médicas de Latinoamérica.

El doctor José María Llamas, en su consulta de la avenida Ramón de Carranza, junto a la Feria.
El doctor José María Llamas, en su consulta de la avenida Ramón de Carranza, junto a la Feria.

09 de mayo 2009 - 05:03

COMPARTE oficio con Zane Grey, Félix Rodríguez de la Fuente, Hugo Sánchez y Mark Spitz. José María Llamas (Málaga, 1955) cambió de ciudades -Málaga, Sevilla, Las Palmas- al ritmo que salen los molares en sus manuales de Odontología. Busca tiempo para leer a Proust.

-Platini dijo una vez que iba a buscar en el campo del Sevilla los dientes de Battiston tras la entrada de Schumacher en aquel Alemania-Francia del Mundial 82...

-A futbolistas y deportistas que vienen les hago una protección. Después de dos años de trabajar una boca bonita, de sacarle una sonrisa, no es plan de que pierdan dos incisivos en un choque y haya que ponerles un implante.

-¿Dentista por vocación?

-Cuando tenía 15 años, mi padre me preguntó qué quería ser de mayor. "Papá, yo quiero ser escritor". Le pareció muy bien y me matriculó en Medicina. Vivíamos en Canarias, mi padre no quiso que estudiara en La Laguna, empezaba yo con el pelo largo y con una deriva que no le agradaba demasiado. Me mandó a Sevilla, a un colegio mayor del Opus Dei del que tardé un año en salir.

-¿Se perdió el escritor?

-He hecho algunos pinitos, como el relato que incluyo en el libro Relatos de la sala de estar, una ficción circular con el dentista al que más admiro: John Henry Doc Holliday, que era tísico y un día dejó la consulta, cogió dos revólveres Colt, una baraja de cartas y se fue a la conquista del Oeste. Compañero y amigo del sheriff Wyatt Earp en el duelo en O.K. Corral.

-¿Dientes blancos, novela negra?

-Sería una buena contraseña. La novela negra más grande es El largo adiós de Chandler.

-En la boca están el beso y la comida, el habla y la respiración. Lo prosaico y lo poético, Quevedo y Góngora en el mismo envoltorio.

-La sonrisa, el amor y la agresión en el mismo espacio. En una ocasión traté a una monjita de un convento de clausura que me dijo que me iba a pagar en especie. Me pagaría en oraciones por mi alma y lógicamente acepté el presupuesto. Le pregunté que por qué se hacía el tratamiento y me respondió que por estética y coquetería. "Eso, madre -le dije- no se corresponde con su desprecio de la mundanidad". Y me dijo: "Es que yo pongo a Dios en mi sonrisa".

-Tiene las obras completas de Borges en su mesa de trabajo...

-Me impresionó muy joven Historia universal de la infamia cuando leer a Borges entre los progresistas era poco menos que un pecado. Quien reivindica a Borges en los círculos de izquierda es Carmen Romero, la mujer de Felipe.

-¿Se han notado los efectos de la batalla contra el tabaquismo?

-Muchísimo. Los dentistas somos bastante reacios a hacer tratamientos complejos de ortodoncia o de implantes en fumadores. Casi siempre van contra la biología.

-¿Los dientes son una aportación de la biología a la arquitectura?

-Para completar la metáfora, yo fui alumno de Aníbal González, nieto del arquitecto de la Exposición del 29. Un dentista muy importante, pionero en El Pedroso de la fluorificación de las aguas.

-El protagonista de Tamaño natural de Berlanga era un dentista.

-El cine y la literatura tratan muy mal a los dentistas. El personaje siniestro de Avaricia, de Griffith, es un dentista. Igual que el torturador de Marathon Man o el personaje traidor y cobarde de El poder y la gloria, de Graham Greene.

-¿Dentistas atípicos?

-Félix Rodríguez de la Fuente, Hugo Sánchez, que le hizo de tapadillo algún empaste a Gordillo, o uno de los siete comandantes del Frente Sandinista, Carlos Gutiérrez Sotelo, dentista al que conocí en México en 2004 y me presentó a Gabriel García Márquez.

-Cuando se podía ir a México...

-Hablé anteayer con mi hermano Pancho. Es vicepresidente de una compañía asiática de hoteles de lujo y hace dos meses abrió un hotel en la Rivera Maya. Ha tenido que despedir a cien personas.

-¿Es verosímil la leyenda del vampiro o el hombre-lobo?

-Desmond Morris, en El hombre desnudo, dice que en los grandes simios la sonrisa es un signo de agresión interrumpido.

-¿Cómo es la boca sevillana?

-La española en general tiene falta de espacio para el alineamiento. Los latinos tienen maxilares más anchos, no se da el apiñamiento dentario. Quizás sea por nuestra procedencia semítica, que nos legó maxilares más estrechos. Por eso las muelas del juicio terminarán desapareciendo.

-¿Siempre en consulta?

-Fui médico de pueblo en Ceclavín, en la frontera de Cáceres con Portugal, y estuve un año en Radiología del Hospital Militar. Llegué poco después del 23-F. Pero allí, como escribe Borges, se hablaba del barro y del sargento.

-Trabaja junto a la Feria. ¿Es la dentadura postiza de la ciudad?

-La Feria me da dentelladas. Tengo cortes de luz, mis pacientes no pueden aparcar. Cuando la desmontan, empiezo a respirar.

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