"El móvil representa el miedo y la esperanza"
Cinco meses después de la operación, reconoce que es duro pero merece la pena
Para ilustrar su testimonio, Águeda Izquierdo (el 2 de septiembre cumplirá 28 años con un corazón nuevo) ofrece las fotos que le hace Laurent Dalençon, un "fotógrafo de sentimientos", según se define, francés, amigo de la familia, desde que entró en lista de espera para un trasplante cardiaco, con la idea exponerlas y concienciar sobre la donación. Estudiante de Trabajo Social y Sociología por la UNED, padece una cardiopatía congénita de la que fue operada con tres meses y con cinco años, con una técnica que ha dado problemas y que aguantó, con importantes crisis de arritmia, hasta hace poco. Entró en lista de espera en octubre de 2012 y se sabe privilegiada. Su espera duró poco. Le avisaron de que había un corazón el 13 de febrero, a las cinco de la tarde. "Esas cosas no se olvidan, como no se me olvida la voz del cirujano al otro lado del teléfono". Desde el 15 de marzo continua con su recuperación en casa. La espera en su patología es mayor y está aumentando porque cada vez los donantes son personas más mayores, cuyo corazón no sirve. Conoció historias duras en la UCI: un compañero que no aguantó después de 22 meses conectado a un corazón artificial. Ella recibió el suyo de un chico de 41 años y la noticia que esperaba en un móvil, que representa "el miedo y la esperanza", con un sentimiento contradictorio. "Es un momento tenso, piensas en muchas cosas, en ti, en la familia; es raro tener la sensación de que vas a vivir porque alguien ha fallecido y te deja algo". Cinco meses después, afirma que no ha sido un camino fácil y lo advierte a los que estén esperando. Estuvo 22 días en la UCI. Sufrió un ictus. El primer mes, el segundo, se arrepintió, gritó que no merecía la pena. A partir del tercero las cosas cambiaron. Está casi recuperada de las secuelas, practica pilates y se ejercita con pesas, sale a diario y ha hecho cosas que antes no podía. Tan simple como aguantar las clases. Su estreno ha sido un curso de verano sobre arte-terapia en La Rábida. "A los que esperan les digo que llenen su tiempo, que hagan todo lo que puedan hacer y que no estén únicamente mirando el teléfono".
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