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"Tus nietos te querrán siempre"

  • Despedida. María González Soto, 21 años, estudiante de Periodismo, emocionó a los reunidos en la capilla del Tanatorio con la semblanza que hizo de su abuelo en la despedida.

NACIÓ en plena guerra civil (1938) y abogó por la reconciliación. Es uno de los mensajes que quedan de Fernando Soto. La capilla C del tanatorio de la SE-30 se llenó de amigos, familiares y correligionarios. Quitaron el crucifijo, pero debieron colocar un púlpito para que todos oyeran las cosas que contó de su amigo, su hermano, Eduardo Saborido.

Una bandera roja de Comisiones Obreras hacía de sudario en el féretro con sus restos. Una ceremonia laica en cuyo diccionario también existe la palabra eternidad. Tus nietos te querrán siempre. Tu mujer y tus hijos te querrán siempre. Tus hermanos y sobrinos te querrán siempre. Junto a estas coronas domésticas, una del presidente del Senado para quien fue diputado en la Carrera de San Jerónimo.

El acto tuvo un alto contenido institucional. Habló un ex presidente de la Junta de Andalucía, su amigo José Rodríguez de la Borbolla. Estuvieron tres presidentes del Parlamento Andaluz: Manuel Gracia, que lo preside en la actualidad, Diego Valderas, hoy vicepresidente del Gobierno Andaluz -"Susana Díaz está en Tenerife"- y Javier Torres Vela, que le presentó su libro de memorias políticas.

En los dominios del Padrenuestro, sonó la Internacional con la batuta, y las lágrimas, de un emocionado Eduardo Saborido. Contó varias anécdotas del amigo. Una de sus preferidas es la del teatro San Fernando. El mítico coliseo de la ciudad albergó un congreso sobre el canal Sevilla-Bonanza presidido por el ministro Solís Ruiz. Fernando Soto se le dirigió desde el patio de butacas. "Nos temblaban las piernas", diría Saborido de aquel arrebato sindicalista. Resulta hasta simbólico que en la sala adyacente a la que reunía a los familiares de Fernando Soto, se dieran cita los parientes de una mujer llamada María Guerrero, como la dama del teatro.

Militó en los dos partidos que gobiernan en la Junta de Andalucía. Jorge Carrillo, el hijo pequeño de Santiago Carrillo, se pasó por el tanatorio. Un parisino de cuna del Sporting de Gijón que se deshacía en elogios al sindicalista fallecido. De Madrid vino Ignacio Fernández Toxo, secretario general de Comisiones Obreras, junto a Francisco Carbonero. Saborido le presentó a los hijos de su compañero de proceso 1001: Fernando, María José, Raúl. "Desde entonces es una referencia", dice el dirigente sindical. "Yo estaba en Ferrol, en la Bazán, y él en Sevilla, los dos en relación con los militares".

En 1979, el año que Soto es elegido secretario general del PCA, sacan ocho concejales comunistas en el Ayuntamiento de Sevilla. De esa hornada acudieron el abogado José Antonio Nieto y el arquitecto Víctor Pérez Escolano, con su esposa Amparo Rubiales. Portavoces de Izquierda Unida en la corporación como Javier Aristu, Antonio Rodrigo Torrijos y José Manuel García. Y el portavoz socialista Juan Espadas.

Manuel del Valle, que fue alcalde de Sevilla entre 1983 y 1991, Luis Yáñez, que intentó serlo este último año, quisieron estar con la memoria más limpia y comprometida de la izquierda sevillana. El segundo con Carmeli Hermosín, ex consejera de la Junta de Andalucía. Entre las coronas había banderas andaluzas y en la capilla un ponente del Estatuto Andaluz, Carlos Rosado, presidente de Andalucía Film Commision. Soto fue comisario de la Memoria Histórica, encomienda en la que lo relevó Juan Gallo, también presente en el adiós. Una estela también representada por José María Romero.

Después de la intervención de Saborido, sonó una canción de Franco Battiato. El legado lo mantienen sus cuatro nietos: dos Fernandos, Sara y María. Ésta tiene 21 años y estudia cuarto de Periodismo. Obtuvo una alta calificación en la Facultad con el trabajo que realizó sobre la generación de su abuelo. Para ello habló con testigos cualificados como el propio Borbolla o Luz María Rodríguez Luque, esposa de Paco Acosta, la sevillana nacida en la finca Itálica Isabelina que se sacó el carné de conducir para que estos hombres no tuvieran que depender de chóferes ni despertaran sospechas. "Nosotras tres somos más que amigas", dice de su relación con Carmeli y Leonor, la mujer de Saborido y la viuda de Fernando Soto. "Ellos tenían su vida política, lo nuestro era más de familia. Ya no será igual cuando vaya a la casita que tenemos en Los Marines, en la sierra de Aracena, y no vea llegar a Fernando por allí".

María González Soto, su nieta, hizo una semblanza personal de su abuelo. El protagonista de los cantares de gesta evocados por Saborido. De tantas empresas y tribulaciones, con la fórmula de Álvaro Mutis, aunque no hubiera nadie de la patronal en la despedida de este icono de la lucha por las libertades. Protagonista en sus años mozos, recordaría Saborido, de una Jornada de Reconciliación Nacional que se convocó en 1958 por Radio España Independiente, la Pirenaica "que nunca estuvo en los Pirineos". Una jornada que vació de pasajeros los autobuses urbanos de Sevilla.

El pasado 24 de junio, 42 años después de que la Policía los detuviera en un convento de Pozuelo de Alarcón, Saborido y Acosta fueron a verlo a su casa. "Cuando llevábamos cinco minutos con él", recuerda el segundo, "nos dijo que ya habíamos hablado bastante, estaba cansado. Trenzamos nuestras manos, nos despedimos y ya no le volvimos a ver".

El diputado Soto Martín estuvo arropado por los ex senadores Joaquín Galán y Francisco Moreno y el ex consejero Eduardo Rejón. Estuvo el presidente de la Diputación Provincial, Fernando Rodríguez Villalobos, el paisano del rockero Silvio. Antono Falcón y el periodista Juan Teba. El cortejo salió a las tres y media del tanatorio hacia el cementerio de San Fernando, donde sus restos fueron incinerados. Una práctica que no existía en el Ayuntamiento de Sevilla hasta que se puso en funcionamiento siendo concejal Curro Rodríguez, presente en el tanatorio para despedir al amigo.

En pie, famélica legión. Esa letra de la Internacional es compatible con el buen yantar de Antonio Vázquez y Vicente Sanchis, baluartes de Apolo y Baco, club que defiende los valores del jazz, el vino y la literatura. "Nos conocemos de los tajos y las huelgas", dice Sanchis, "Soto estaba en los aviones y yo en los barcos", dice este antiguo sindicalista de los Astilleros. Cuando los de Sevilla eran como los polacos de Gdanks y en San Jacinto, en las instalaciones de la Hispano, se hacía la Saeta para asombro del mundo.

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