El olifante de la canción de Roldán
El tesoro del Carambolo, la espada de San Fernando, el sillón de Astarté o el Studebaker de Orce, en la historia de Sevilla de Manuel J. Roldán a través de sus objetos
Sujeto, verbo y predicado. El trípode de la gramática escolar quedó periclitado. Freud le diría al Superyó: aparque al sujeto y deje entrar al objeto. Que hable, que se exprese. Es lo que hace Manuel Jesús Roldán (Sevilla, 1970), en su último libro, La historia de Sevilla en 80 objetos (El Paseo). Se lo presentaron en la Fundación Cruzcampo dos apasionadas de los objetos, la historiadora Rocío Plaza y la escritora Eva Díaz Pérez, de esa ciencia a la que Cela llamaba en Viaje a la Alcarria chamarilería.
Están de moda. En el Museo de Bellas Artes hay una exposición titulada Los objetos hablan, con fondos del Prado. "En el fondo, lo que nos separa de los animales son los objetos", dice Rocío Plaza. Eva Díaz Pérez echa en falta en Sevilla un museo de la ciudad como el que tiene Amsterdam.
No hay museo, pero quien quiera poner la primera piedra ya tiene un inventario. "Este libro es una guía de la ciudad", dice Julio Cuesta, presidente de honor de la Fundación Cruzcampo. Mucho antes de ser una marca de cerveza fundada en 1904 -el mismo año en el que transcurre la acción del Ulises de Joyce- la Cruzcampo era un templete mudéjar.
Los objetos hablan y dejan bien claro que Sevilla son las Sevillas. Lo más singular de esta ciudad es su pluralidad. A veces, más de cuatro veces, como cantan las sevillanas, se cruza un destello de lo insólito en tiempos como los actuales en los que, palabra de Roldán, "lo exclusivo ha desaparecido". El libro encaja en lo que Cuesta llama el "anuncio emocional" al que pertenecía esta asombrosa pieza que profetizaba el cambio climático: Tierra caliente, Cruzcampo fría".
Ochenta vellocinos, ochenta griales, ochenta olifantes repartidos por los rincones a los que llegó la intuición y la curiosidad de este historiador del Arte y profesor de instituto que ha vuelto a tener un seguro cómplice en el fotógrafo Antonio Sánchez Carrasco. El objeto conforma al sujeto, está, dice Rocío Plaza, "cuando la Biología y la Psicología se encuentran en la prehistoria del homo sapiens". Territorio simiesco al que pertenece uno de los hallazgos, el azulejo de Anís El Mono que aparece en El Rinconcillo, Darwin cazallero de una fábrica que fundaron en Badalona en 1870 los hermanos Bosch y Grau.
Objetos de la ciudad desde los orígenes: el tesoro del carambolo, el sillón de la diosa fenicia Astarté, la porra de Hércules, el falo del Alcázar o las columnas de la calle Mármoles. De la modernidad: la pistola de Belmonte, la camiseta de Silvio, el Curro mascota de la Expo (sevillano adoptivo creado por el checo Heinz Eidelmann), el monumento a la tolerancia de Chillida (oda de hormigón a la micción imposible) o el cartel de fiestas primaverales de Ricardo Suárez, que hoy cumple años como quien cumple primaveras. Objetos de interior, como la espada de San Fernando, de exterior, como el Studebaker de Enrique Orce. Literarios como el órgano de Maese Pedro.
Granada tiene un Mulhacén y Sevilla dos veletas; la pistola de Belmonte sólo se cobró una víctima, muchas más se llevó por delante el micrófono de Queipo de Llano. En el inventario de Roldán están el plano de Olavide, la capa pluvial de Carlos V o el lagarto de la Catedral. Se admiten sugerencias para una segunda edición, dio a entender el autor. Ulises Bidón Vigil de Quiñones propuso el tranvía; Eva Díaz Pérez, el luminoso del cine X de la calle Amor de Dios que era divertida piedra de escándalo de Manuel Jesús Roldán cuando era alumno del instituto San Isidoro.
Paco Robles le puso bibliografía a los objetos: Borges, Neruda. Están las botas de Daoiz esculpidas por Susillo -al acto acudió su biógrafo, el imaginero Jesús Méndez Lastrucci- o esa talla de Martínez Montañés ante la que un arzobispo sentenció: sólo le falta respirar. Roldán se llama Manuel Jesús, como El Cid que campea en Salteras, el pueblo del filósofo Emilio Lledó. Hay que buscar al doble de Garmendia en la bodega Morales, santuario manchego en la calle García de Vinuesa. Gracias al piso de Ramón Espinar, hemos descubierto que en Alcobendas hay un alcalde apellidado García de Vinuesa como el que dejó Sevilla sin puertas para abrirle las ventanas.
Curro se pone la camiseta de Silvio y golpea el aldabón almohade de la Catedral. Ese oscuro objeto del deseo, tituló Buñuel la versión cinematográfica de La mujer y el pelele. Nuevo título de El Paseo. Su editor ha tenido olfato con el libro de Paco Reyero sobre Donald Trump.
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