Los paisanos de San Fernando

Calle rioja

Celebración. La Casa de Zamora homenajeó este año a Modesto Espada, un gaitero sanabrés que trabajó 35 años en Fasa de San Jerónimo.

Los paisanos de San Fernando
Los paisanos de San Fernando
Francisco Correal

23 de noviembre 2015 - 01:00

ZAMORA no se tomó en una hora. La frase corresponde a los tiempos de doña Urraca y Bellido Dolfos. Es como una contraseña de la Castilla profunda, la España auténtica, que mandó a sus embajadores allende Despeñaperros con el rey Fernando el primero, el tercero en la numeración, santo por sus méritos, zamorano de cuna, soldado aquel día de San Clemente, 23 de noviembre de 1248, cuando entró con sus tropas en Sevilla.

Los paisanos del Rey, sevillanos por zamoranos, celebraron el fin de semana su día. Como todos los años, eligieron a uno de ellos para homenajearlo. En esta ocasión la cúpula gallonada y una miniatura del cimborrio de la catedral de Zamora fueron a parar a Modesto Espada Varela. Nació el 11 de abril de 1934 en Pedrazales de Sanabria. Segundo de los siete hijos de Ceferino Espada, virtuoso de los gaiteros sanabreses, siguió la tradición musical que ya va por la quinta generación.

La mañana del domingo empezó con una misa de paisanos en la iglesia del Perdón, con actuación de antiguas voces de los Seises. Modesto vino a Sevilla para trabajar en la Fasa Renault; se trajo a sus hermanos Tirso y Tarsicio, que ayer tocó la gaita en el homenaje, y a sus primos; lo simultaneó con la venta de muebles y electrodomésticos. Los inicios no fueron fáciles. Su madre, Mercedes, lo sacó pronto del colegio; lo puso al frente de un rebaño de cabras en la sierra de Sanabria con una enciclopedia Álvarez. Después trabajó en la construcción del ferrocarril. En Sevilla nacieron sus tres hijos, el fruto de su amor por Paquita Varela, que padece alzheimer.

El gaitero sanabrés es del mismo pueblo que José Sanz Ramos, presidente de la Casa de Zamora, al que acompañaron su esposa, la sevillana Ángela Barrera, y tres de sus cuatro hijos: los gasol de Sanabria, Moisés y Manuel Sanz, dos metros de bondad y paisanaje, y Ángela, que llevó a su padre por los vericuetos de la solidaridad hasta una ONG en Guatemala. La presidenta de la Casa de Castilla y León, Rosa Jiménez, presidió el acto. En su ámbito crecieron tres casas castellanas: las de León, que preside José Colina (berciano que el año pasado se trajo a Luis del Olmo), Salamanca y Zamora.

Al final hubo una actuación musical. El cantante empezó con María la Portuguesa. La canción de Carlos Cano era como una metáfora de la frontera con Portugal que baña el mar de secano de Zamora. Juan Lorenzo sacó a bailar a su mujer. Los dos son de El Perdigón del Vino, a nueve kilómetros de la capital. El año pasado celebraron sus bodas de oro. Él trabajó en la Telefónica, seis años entre Argel, Orán y otros puntos del Magreb. En la mesa del cronista había comensales de Segovia, Valladolid, Zamora, León y hasta de Palencia, un paisano de Carande natural de Cordoncillo de Valdavia y afincado en Mairena del Aljarafe.

Zamora hace prodigios como el de estos compañeros de oficio. Ismael Yebra, dermatólogo y colaborador de este periódico, y Santiago Pérez Hidalgo, traumatólogo del Betis (muy bético, y eso que Zamorano jugó en el Sevilla) nacieron en Sevilla, estudiaron Medicina en la misma promoción, pero los padres de ambos nacieron en Barrio de Rábano, pedanía de Sanabria. También existen Rábano de Sanabria, Rábano de Aliste y Rabanillo.

Un hermoso domingo cerca de Ranilla de estos paisanos de San Fernando y de Agustín García Calvo, que creó en París la Comuna Antinacionalista Zamorana. Que tanta falta hace.

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