El salvoconducto de la cola de toro

Calle Rioja

Luis Serrano, derecha, con el jurado del premio: Jaime Urrutia, Ramón Vila, Álvaro Arroba y Juan Pedro Donaire.

29 de septiembre 2010 - 05:03

ES su año. El fotógrafo Luis Serrano ganó el año pasado el primer concurso de cocina para periodistas convocado en el centenario de la Asociación de la Prensa. Este sevillano hijo de padres extremeños acaba de obtener el primer premio de Fotografía taurina concedido dentro del Congreso sobre Tauromaquia que se ha celebrado en Sevilla.

Serrano nació en el muy taurino barrio de San Bernardo y ha sido galardonado por una instantánea titulada Las niñas jugando al toro. Una suerte captada en las inmediaciones del convento de San Clemente por una cámara a la que nada humano le es ajeno. Y por lo que se ve, casi nada divino.

El síndrome de la cola de toro. Un símbolo mitológico de quien tiene en su palmarés profesional sendos premios como cocinero y fotógrafo. Del solomillo ibérico en gabardina de hojaldre con salsa de foie-gras con el que ganó el premio de cocina y la gloria de incorporarlo a la carta del restaurante La Raza a esta verónica del encuadre. El premio taurino lo recibió en el hotel Colón, el hotel de los toreros. Con un jurado de campanillas: el doctor Ramón Vila, jefe de los servicios médicos de la Maestranza, Jaime Urrutia, solista de Gabinete Caligari y defensor del arte de Cúchares, el fotógrafo Juan Pedro Donaire y el crítico de cine Álvaro Arroba.

En el año en que otro extremeño, Juan Valdés, ha sido elegido para realizar el cartel de las Fiestas Primaverales de Sevilla, este fotógrafo ya ha hecho su particular nexo entre la Pasión y las pasiones. La última Semana Santa expuso en el Rectorado de la Universidad una muestra de 24 fotografías que tituló Universo Interior: imágenes captadas en el Martes Santo de 2009 en el tiempo preciso en el que se producía la llegada de nazarenos, costaleros y resto de integrantes de la cofradía de los Estudiantes antes de iniciar su estación de penitencia.

Licenciado en Filología Hispánica en la Fábrica de Tabacos, llevó a la portada del catálogo a unos costaleros cambiándose en el aula donde Vidal Lamíquiz le daba Lingüística de quinto. Ajeno al mundo cofrade, con una sola Madrugá en su memoria de espectador -cuando llegaba el Viernes de Dolores, su familia se marchaba a Extremadura-, supo retratar ese universo de sentidos y sentimientos con "enorme respeto, discreción y sensibilidad", en palabras de Antonio Piñero, hermano mayor de los Estudiantes.

De la Semana Santa a los toros. Devoto de María y de Frascuelo con el salvoconducto machadiano de la letra de Camino Soria de Gabinete Caligari. "Bécquer no era idiota ni Machado un ganapán". Urrutia, que adora la prosa de Galdós, es culto de pueblo, taurino esencial, y si en una de sus canciones retrataba al camarero "leyendo el As con avidez", nos lo podemos imaginar buceando por las páginas de El Ruedo.

Luis Serrano detuvo el tiempo en los minutos eternos previos a la salida de los Estudiantes. Hermanó la Buena Muerte (el Cristo de Juan de Mesa que rige los destinos de esta cofradía) con la Buena Vida de su pericia gastronómica, fotero ganándole el pulso del paladar a los plumillas. Con estas niñas jugando al toro ensambla esas dos palabras, vida y muerte, las dos caras de una misma moneda como nos enseña la Biología y nos insinúa la antropología del toro. Vida y muerte hacen el paseíllo en el albero. El arte y el miedo según Belmonte, insólito discípulo de Alfred Hitchcock.

Luis Serrano trabaja de fotógrafo para la Universidad de Sevilla. La institución que ya rebasó el medio milenio de historia desde que fuera fundada por el arcediano de Osuna Maese Rodrigo. En una de sus greguerías, Ramón Gómez de la Serna comparaba la suerte de matar en el toreo con el fotógrafo que dispara su cámara.

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