Más de seis Quijotes en busca de autor
calle rioja
Aventura. Francisco Muñoz de la Rosa mezcla en ‘Andante hacia Carmia’, su sexta novela, dos historias separadas por cuatro siglos con el hilo conductor de las andanzas sevillanas de Cervantes.
En 1598, un recaudador de impuestos recorre los alrededores de Sevilla. En 2019, en Córdoba, Lorenzo recibe un trasplante de corazón. Dos historias separadas por más de cuatro siglos que la imaginación de Francisco Muñoz de la Rosa (Aarau, Suiza, 1970), ha entretejido en su novela Andante hacia Carmia (Aliar Ediciones).
Es la sexta novela de este escritor que trabaja de camarero en el hotel Alcora. La portada es tan original como la trama. Un Quijote con un yelmo de Mambrino futurista y el símbolo del taxi. El autor acude a la cita recién llegado del dentista. Hablamos a muy pocos metros del busto de Cervantes en la calle Entrecárceles, muy cerca de la casa de Pierres Papin donde el escritor estuvo preso y se dice que empezó a escribir el Quijote.
“Quijotes tiene que haber todavía, no sabemos dónde. Es una figura como la de Jesucristo. Son intemporales y universales los dos”. Para escribir su novela, estudió mucho la génesis del Quijote planteada por un amigo de Cervantes, Alonso Manuel de Ludeña, coetáneo del escritor que anduvo por lugares de la Mancha, en el argot cervantino de Rodríguez Marín, Márquez Villanueva o Andrés Trapiello, como Quintanar de la Orden o Esquivias.
Mezclar dos historias tan separadas por el tiempo es un tributo a quien fue pionero en considerar la ficción como una pariente de la realidad y viceversa. Algo que a veces ocurre en los telediarios, “donde la opinión y la información deberían estar separadas y no siempre ocurre”.
Nació en Suiza, destino de la segunda emigración de sus padres, sevillanos de Coria del Río. La primera escapada laboral fue a Cataluña. Allí, en Lloret de Mar, nació su hermano mayor. El pequeño ya nace en Sevilla. Las tres patrias de sus progenitores, la natural y las obligadas. Suiza es un territorio muy literario. “Allí está Villa Diodita, donde en un encuentro de escritores Mary Shelley creó el mito de Frankestein”. El país donde mueren Joyce, Borges, Rilke y Nabokov y la cuna de un nuevo fabricante de best-seller, Jöel Dicker. Los padres de Muñoz de la Rosa trabajaban en Suiza: él en la construcción, ella en una fábrica de chocolate.
Andante hacia Carmia es una vuelta de tuerca. El autor simultanea su trabajo de camarero en este hotel creado en los años de la Expo con sus estudios de Derecho. También trabajó de vigilante y dando clases particulares. La frase de Paul Auster, “un hotel es la promesa de un mundo mejor”, la vive desde el otro lado de la barrera. Estaba la excepción del Overlook, el hotel de El resplandor, la novela de Stephen King que llevó al cine Kubrick. “Me gusta mucho cómo escribe Stephen King. En su libro Mientras escribo dijo algo que debería ser una consigna: si no tienes tiempo para leer, no tienes tiempo para escribir”.
Leer y escribir, un binomio inseparable en su caso. De sus autores de referencia, cita a Francisco Narla, un nombre gallego de la novela negra, o Nerea Riesco. Y Nabokov, por supuesto, del que le fascina la génesis de Lolita, tan deslumbrante como la del Quijote. En su novela hace un ejercicio muy de Pirandello, mete a los personajes de Cervantes con su autor en esa ósmosis entre realidad y ficción donde el de Alcalá de Henares fue un abanderado mucho antes de que el realismo mágico llegara hasta el Macondo de García Márquez. “Mi favorito es Vargas Llosa”. De finales del siglo XVI, el siglo de Cervantes que diría Caballero Bonald, salta al siglo XXI. Una historia de crisis y redención “contada como una película de José Luis Garci”. Los personajes de esta subtrama (Lorenzo, Elena, Marta) hablan por el móvil. ¿Qué le preguntaría por el móvil Muñoz de la Rosa a Cervantes? “Lo que a todos nos intriga tantos años después, preguntarle si esas historias y personajes fueron fruto de su imaginación o de la realidad”.
Vino desde Suiza muy pequeño y ha hecho su vida en Coria del Río, el último destino como notario de Blas Infante, “pocos saben que fue a visitar a Companys a la cárcel”; la Baracaldo del Sur por ser cantera de tantos y tan buenos futbolistas: Ruiz Sosa, Rogelio, Lozano. “Juan Lozano, que vino al Madrid desde el Anderlecht, es cuñado de una tía mía. A mí el fútbol me interesa más como fenómeno antropológico que deportivo”. Los clientes del hotel no hablan con él de literatura ni les cuenta que tiene un autógrafo de Ken Follett. “Si se tercia, a veces el camarero es como una almohada”. De todos los Quijotes del cine, se queda sin dudarlo con el que interpretó Fernando Fernán-Gómez. “Es el más verosímil, en lo físico y en lo psíquico”. El mito de Dulcinea lo ve más “en la adolescencia”. Carmia es el nombre antiguo de Carmen, una referencia mitológica. Desde la terraza de Robles Laredo tenemos a un lado el busto de Cervantes; al otro, la Giralda, la Giganta de la que habla Cervantes en el Quijote. En el centro, la plaza de San Francisco, donde tenían lugar los autos de fe de los que recorrían el tramo de Entrecárceles. En su novela, se habla de dos castigos de la época, la Inquisición y galeras. “De la Inquisición tarde o temprano se podía salir, de galeras imposible”.
Conoce los estudios cervantinos de Muñoz Machado, director de la Academia de la Lengua. Cervantes participó en la batalla de Lepanto, pero no en la Armada Invencible, 1588, diez años antes de la primera trama de su novela. El escritor nace en 1547, el año que muere Hernán Cortés. Uno conquistó América con la espada, el otro con la palabra. Y muere el mismo año 1616 que Shakespeare. “La primera biografía de Cervantes la escribió un inglés. Dicen que Shakespeare sí llegó a oír hablar del Quijote, pero Cervantes no tuvo noticias del dramaturgo inglés”.
¿Se imagina a Cervantes en la Semana Santa o en la Feria? “La Feria es posterior, hay cofradías anteriores a Cervantes”. Mateo Alemán nace el mismo año que el autor del Quijote. Escribió el Guzmán de Alfarache, fue hermano mayor del Silencio y murió arruinado en México. Francisco Muñoz de la Rosa, suizo de Coria del Río, coriano de Suiza. De la Baracaldo del Sur. Nació el año del último Mundial de Pelé. Se fotografía junto al busto de Cervantes, erigido en 1974, año del Mundial de Cruyff. Entre las jornadas en el hotel Alcora y los estudios de Derecho, prepara su séptima novela.
Don Quijote se habrá visto en muchas aventuras. Esta vez los personajes que le acompañan van al psiquiatra, viajan en Ave, tienen cif, fuman hachís o consumen antibióticos. ¿Qué es la parada del bus?, se preguntará Alonso Quijano paseando por las páginas de Andante hacia Carmia, donde el ingenioso hidalgo le presta el yelmo de Mambrino al autor para que se cure las secuelas de su paso por la consulta del dentista. Menos traumático que la Inquisición o las galeras, pero que siempre impone.
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