Mario Mirman | Los invisibles “Los sellos eran la única manera de ver castillos y monumentos en color”

  • Perita sellos, monedas y objetos antiguos en su casa de subastas del Prado de San Sebastián. Es miembro de las Academias nacional y europea de la Filatelia

Mario Mirman, filatélico internacional de Sevilla. Mario Mirman, filatélico internacional de Sevilla.

Mario Mirman, filatélico internacional de Sevilla. / Víctor Rodríguez

AYER, Consejo de Ministros. Pronto, los Goyas. Entre ambos, Sevilla acoge la semana próxima la 56 Exposición Filatélica Nacional y la Convención Europea de Coleccionismo. En la trastienda, MarioMirman (Sevilla, 1961) se perdió el viaje con el Betis a Milán para que nada falle.

–¿Qué tienen los sellos?

–Ahora los niños lo ven en los videojuegos, pero nosotros si queríamos ver monumentos en color, castillos, sólo estaban en los sellos. La televisión en color llega el Mundial de Argentina 78.

–¿Filatélico desde niño?

–Empezó mi padre, pero cambió ese coleccionismo por el de las novelas de ciencia-ficción y nosotros, mi hermano también es filatélico, nos pusimos a ordenarlos. Yo empecé a vender sellos con siete años. Íbamos a la plaza de Santa Marta a vender los décimos no premiados de lotería y los cuartos de dólar americano que conseguíamos en Rota.

–¿El sello es anacrónico?

–Tiene mucho futuro. Cuando me pongo romántico, uso lacrador en las cartas.

–¿Cuál es el perfil del filatélico?

–Amantes de la cultura, de la amistad y del ansia de aprender. A mi mujer le parece una barbaridad que me gaste 300 euros en un sello, pero es lo que te podía costar ver una tarde a Curro Romero que ni está ni se le espera. Un hobby con el que ahorras.

–¿El rey de los sellos?

–La carta Habana, una carta de doce sellos, la primera que en 1850 cruzó el Atlántico.

–¿Remitente y destinatario?

–En nuestro mundo eso es secundario. Tengo una casa de subastas en el Prado y acabo de subastar cinco cartas de Falla y una carta de Castelar a su amante.

–¿Es Sevilla ciudad de sellos?

–Es la ciudad más filatelizada. Sus personajes, sus monumentos, mucho más que Madrid o Barcelona. El monumento más presente en sellos en el mundo es la Giralda. Está hasta en Rusia.

–¿Sevilla de postal... con sello?

–En este encuentro se van a presentar cuatro nuevo sellos vinculados a Sevilla: uno con la antigua matrícula de los coches, la hoja-bloque del Giraldillo, un sello del Archivo de Indias y el del centenario de la Cabalgata, que irá en los crismas de Navidad.

–Nace el año de la riada del Tamarguillo. ¿Hubo un sello?

–No. Sí lo hicieron en Valencia con sus inundaciones o en Barcelona para sufragar la Exposición de 1929 con una sobretasa.

–El Gobierno que ayer se reunió en Sevilla, ¿manda en el sello?

–En la comisión nacional que aprueba las más de 500 peticiones anuales de motivos de sellos hay representantes de los ministerios de Cultura, Hacienda y Fomento. Yo estoy como empresario coleccionista. No se pueden conceder más de noventa.

–¿Quedan sellos de Franco?

–En la carrera, un profesor, muy de Franco, me enseñó en su casa medio metro de pliegos con sellos de Franco para que le dijera lo que valían. Le pregunté si me aprobaría con mi respuesta, no tenían ningún valor. La serie más larga de la historia de la filatelia española fue la de Franco de paisano, desde 1955 a 1975. El tiempo no pasaba por él, como con la reina Victoria de Inglaterra.

-¿Es material para la Historia?

–En mi discurso de ingreso en la Academia de Filatelia hablé de la historia postal de Sevilla. En época de los árabes, es apasionante el telégrafo mameluco. Lo estudió un francés y permitía, con señales de luces en torres albarranas, que un mensaje fuera de Alejandría a Sevilla en tres días.

–¿Una joya filatélica?

–La carta de Colón dando a conocer el descubrimiento de América. La recibió Fernando el Católico en Barcelona, y pagó a su porteador, el sevillano Alejandro Collantes de Terán, con varias casas en la Judería.

–¿Qué más colecciona?

–Los que coleccionamos, lo coleccionamos todo.

–¿Los paraísos del sello?

–Me gustaría decir que Londres y París, pero son Hong-Kong, Malasia, China. Por un sello del Libro Rojo de Mao se pagan hasta cinco mil euros.

–¿El correo electrónico es el gran enemigo?

–No se puede frenar el progreso. Es el propio Correos el que no impulsa el proyecto que le presentamos de una carta, un sello.

–A Miguel Strogoff lo hizo Julio Verne Correo del Zar. ¿El icono más literario de las cartas?

–Cervantes y el Quijote.

–¿Su último viaje filatélico?

–A Praga, soy de una asociación internacional que preside un holandés. Y de una veintena más, incluida la de los Chiflatélicos.

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