“Hay que tener las piernas de Molowny...”
Calle Rioja
Vitrina. Rafael Sánchez Ferlosio gana el Nadal en 1955 con ‘El Jarama’, el mismo año que Juan Arza se convierte en el único futbolista del Sevilla con el Pichichi de máximo goleador
LA jugada simbólica la hicieron Rafael Sánchez Ferlosio y Juan Arza, pero el gol lo metió un tercero. En 1955 gana el escritor el premio Nadal con su novela El Jarama y el futbolista navarro del Sevilla se proclama Pichichi de la temporada 1954-1955. Hubo un tiempo en que el fútbol se consideraba una materia alienante, el opio del pueblo, la dormidera de la dictadura. Mucho antes de que se deshiciera ese tópico que convertía en sinónimos fútbol e indigencia intelectual, los lectores de El Jarama encontraban en sus páginas un tesoro dialéctico. Donde muchos analistas encontraban una obra críptica cargada de simbolismos difíciles de descifrar, había algo que sólo se entendía si uno sabía de fútbol.
En la venta de Mauricio, ajenos a la tragedia que se va a producir y marcará el devenir de la novela, varios jóvenes improvisan un guateque. “Échale un poco más de brío. ¿No ves el tren a que me llevas?”, le dice una chica de negro a Ricardo, uno de los protagonistas, que le responde: “Hay que tener las piernas de Molowny para bailar contigo, hija mía”.
Molowny fue un futbolista canario del Real Madrid –de Puerto de la Cruz, como el azulgrana Juan Cruz– que fue conocido con el sobrenombre del Mangas. Su regate era tan espectacular que recibió el premio Nadal el mismo año que Juan Arza el Pichichi. Son coetáneos. Arza nace en el 23, Molowny en el 25, Sánchez Ferlosio en el 27. Los niños de la Exposición del 29 y del inicio de la Segunda República.
Los especialistas en la obra de Sánchez Ferlosio consideran El Jarama un ejemplo de realismo social. Hay también en sus páginas hiperrealismo sociológico. Cuando una parte de este país haya sucumbido ante los efluvios de la globalización o la uniformidad tecnológica, El Jarama, que su autor tanto detestaba, quedará como un Atapuerca antropológico. Igual que Molowny para los agnósticos balompédicos, hay generaciones a las que les sonarán a chino referencias comerciales de la novela: Singer, Profidén, Nivea, Philips Morris, Dekauve.
“Estás en orsay”, dice uno de los personajes reunidos en la venta de Mauricio. Aparece por el bar uno que se presenta como “acérrimo del cante”. “Sí, hombre, y Pepe Pinto y Juanito Valderrama, los ases de la canción, todos esos nombres me los conozco, ya lo creo...”. Sánchez Ferlosio ganó el Nadal en 1955 y dos años después, en 1957, lo ganó la que entonces era su mujer, Carmen Martín Gaite (Entre visillos). Normal que ante ese podio matrimonial, en el año intermedio se llevara el premio un sacerdote, José Luis Martín Descalzo (con La frontera de Dios).
Tres años antes de ganar el Nadal, José Manuel Lara, que como buen sevillista disfrutaba con los goles de Arza, creó el premio Planeta. Juan Goytisolo cuenta en Coto Vedado que el pedroseño le dijo una vez a Ferlosio que “usted escribe demasiado bien”. El Jarama se rebela contra el río capitalino, un Manzanares que no arreglaría ni Winston Churchill que lo hicieran alcalde de Madrid.
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