Las últimas mohicanas del abanico artesanal
La fabricación artesanal se concentra en Valencia, al lado de la industria masiva, aunque aún existe en Sevilla
Los abanicos son uno de los utensilios más ligados a la imagen de España. Conocidos en todo el mundo por su fabricación totalmente artesanal, no sólo es un elemento para suavizar el calor, sino una auténtica joya para la fiesta y el baile. Aunque la fabricación masiva esté sustituyendo a la artesanal, aún quedan en Sevilla algunos artesanos que mantienen la llama creativa por gusto y como fuente de ingresos. Donde está concentrada la actividad de artesanos y artistas es en los alrededores de Aldaya, al lado de Valencia, desde donde se exporta a todo el mundo. Estas fabricas de abanicos producen en escala industrial, aunque algunas también los hacen de forma artesanal.
Esther Amo es una artesana reconocida dentro y fuera de Sevilla: "Es un antiguo oficio que muy pocas personas saben hacer. Cada parte del abanico lo hace un artesano diferente. Tienen que poseer mucha habilidad y los instrumentos específicos para hacerlo".
La primera etapa la realiza el varillajero, que es el responsable de crear la estructura del abanico. Luego el calador, que realiza las perforaciones ornamentales en la madera. En la tercera fase es el telador el encargado de hacer el plegado y pegado del país (la tela). Y por último, el pintor y lacador dibuja los adornos que remata el proceso de creación.
Esther lleva ya casi 20 años en esta labor. Diplomada en la Escuela de Artes y Oficios en Córdoba y Sevilla, además de hacer diseños de joyas e ilustraciones para libros, se decantó por la acuarela en los abanicos. Su tema principal es el taurino, pero también alude a temas flamencos, barrocos y románticos en los pericones para desfiles de moda.
Encarga el abanico liso de Valencia y luego recorta, transforma, aplica flecos, lentejuelas y desarma, monta y tiñe la madera.
Utiliza la madera de peral, que es escasa y más cara, pero muy noble. Además de aportar mucho aire por ser más flexible y ligera.
Sus clientes son empresas importantes de la moda masculina y femenina, o entidades bancarias (que los encargan para regalos exclusivos). También le han encargado para la reina Sofía. Llegó a producir 400 abanicos con pequeños motivos en un mes para una boda.
También participa en la Exhibición de Enganches que se celebra hoy por la mañana en la Real Maestranza. En este certamen hay una categoría para premiar los abanicos de las mujeres que van en los carruajes.
Esther Amo tiene entre manos un proyecto sobre la mujer en el mundo taurino, para el que diseñarán trajes y abanicos, presentando en sus dibujos a mujeres toreras en el mundo del toro.
"Tengo fe en que el abanico no se va a extinguir. Si se crean escuelas, nuevas generaciones se especializarán y aunque haya productos más baratos y concurrentes , si el artesanal tiene calidad, la gente lo compra", dice.
Concha Sancho es otra de estas pocas mohicanas, se dedica a esta labor desde hace cuatro años. Tenía hasta poco tiempo una tienda en la calle Sierpes, Ocre y Almagra, de objetos hechos a mano de Andalucía. Vendía también allí los abanicos pintados por ella. Aunque ya no tenga el local, sigue con la producción. No monta el abanico en sí, pero lo decora con estampas, pinturas y recortados. Trabaja por encargos, sean únicos o en mayor cantidad.
Si trabaja intensamente puede sacar sola hasta 150 piezas por mes. Su tema es abstracto, no usa mucho la figura, y comenta: "Soy muy atrevida en la coloración y la forma, me interesa que el abanico sea atractivo, inspire alegría, suba la autoestima del usuario". No en vano el abanico siempre ha sido un instrumento de seducción, un complemento de la mirada y de la expresión corporal.
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