La universidad y la formación suman contra la desigualdad
En la última década se ha triplicado el número de jóvenes con algún tipo de discapacidad, física o psíquica, que cursan estudios en la Hispalense.
Independientes hasta donde sus limitaciones les permiten, decididos porque no hay obstáculos que los paren, valientes porque no se quedan en casa y salen a estudiar para labrar su futuro, y seguros de sí mismos y de las decisiones que tomaron. Cada día, el hecho de padecer una discapacidad es menos impedimento para que las nuevas generaciones cursen estudios universitarios.
La Universidad de Sevilla tenía 230 alumnos con algún tipo de discapacidad en el curso 2004-2005. El año pasado, la cifra era de 545 estudiantes y, este año, sólo en la primera fase de matriculación ya hay 115 nuevos-un número que está previsto que aumente en el resto de adjudicaciones-. Casi el triple de jóvenes, una década después. La directora de los Servicios Sociales y Comunitarios de la Hispalense, Ana María Jiménez, calificó el dato de "revelador". "La perspectiva es positiva, no están tan sobreprotegidos como antes y acceden más a la universidad", señaló la directora.
"Desde pequeña aprendí a ser independiente y nunca me planteé no seguir estudiando". Así de contundente se explica Carmen Viana. A los diez meses tuvo un ganglio neuroblastoma que le afectó a la médula, pero como ella dice su discapacidad es "sólo motora". Se planteó estudiar filología francesa pero tanto la ubicación como el edificio donde tendría que impartir clases condicionó su decisión. Es una apasionada de la moda y el periodismo, y en ésas está: terminando su licenciatura y escribiendo sobre moda en su blog (www.trendsoffashiongirl.com). No se arrepiente de la decisión que tomó, no le faltan ideas ni proyectos de futuro, pero sí lamenta que su discapacidad la condicionase. "Se debe tener en cuenta el grado de discapacidad pero siempre buscando la normalidad y la igualdad", afirma esta estudiante que aboga por la eliminación total de barreras: "arquitectónicas o sociales".
Rafael Lugo padece distrofia muscular de Duchanne y también estudia periodismo. En su caso tuvo que renunciar a ser administrativo. Ahora estudia para cumplir otro sueño: ser periodista deportivo. Su enfermedad es degenerativa y acude a clase acompañado de su madre. Su capacidad y sus ganas de ejercer algún día la profesión son sus bazas para seguir en la brecha. Recuerda lo difícil que fue "romper el hielo" con sus compañeros de clase: "La gente te mira como diciendo qué pasa aquí". Este estudiante reconoce que las instituciones públicas junto a las asociaciones especializadas están logrando avances por la igualdad de oportunidades, pero aún falta mucho por hacer respecto a la concienciación de la sociedad con la discapacidad.
El Servicio de Atención a la Comunidad Universitaria (SACU) atiende de manera personalizada a estudiantes con discapacidad que demandan sus servicios para garantizarles el acceso y la permanencia en la universidad. El objetivo es alcanzar el mayor grado de igualdad de oportunidades a través de una "adaptación no significativa", explicó la directora del SACU, Ana María Jiménez. Los alumnos, independientemente de sus particularidades físicas o psíquicas, se licencian con las mismas competencias que los demás. Los servicios del SACU facilitanmaterial adaptado, acompañamiento o la eliminación de barreras arquitectónicas.
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