Un viaje a Estambul en salto de pértiga

calle rioja

Bizancio. La ciudad que compite con Madrid y Tokio por los Juegos de 2020 ejerce una fascinación viajera que en Sevilla ha dado lugar a una efervescencia de la literatura de viajes

Francisco Correal

06 de septiembre 2013 - 01:00

CON Estanbul pasa todo lo contrario de lo que decía Cela en Viaje a la Alcarria. La ciudad turca, que mañana porfía con Madrid y Tokio por Los Juegos de 2020, es una ciudad a la que a la gente le da la gana de ir. Uno piensa que si hay algo parecido a la efervescencia de la ciudad turca es el corazón del bazar, el Jueves de la calle Feria. No es difícil dar con gente en este zoco que haya estado en Estanbul.

Ulises Bidón Vigil de Quiñones, psiquiatra, apóstol del autoestopismo, acaba de regresar de Estambul. "Es como Madrid y Barcelona juntas, tiene 70 rascacielos más altos que la Torre Pelli". Ha ido en crucero con escalas en Venecia, Bari, Olimpia, Efeso y Dubrovnik en el regreso. "Estuve en la época de Franco y España y Turquía eran muy diferentes". Ulises conoció a Luis Andújar cuando el librero de viejo lo cogió en autoestop en Jerez. Entre los libros hay racimos de uvas. "Esto parece Estambul", bromea Ulises. Andújar también fue de crucero. Uno de los títulos que menciona, Supremas visiones de Oriente, de Pierre Loti, lo cita Javier González-Cotta en su libro Estambul. Paseos, miradas, resuellos (colección Sotavento de la editorial Almuzara).

"No oculto que he viajado a Estambul empachado de lecturas sobre la ciudad", dice este sevillano nacido en 1970, primer director de la revista Mercurio. Su primera visita fue un viaje estudiantil. Con sus referencias librescas -Chateaubriand, Gautier, Flaubert, Blasco Ibáñez, Brodsky- se podría llenar una biblioteca entera. El libro más sugerente es Asesinato en el Orient Express. Agatha Christie viajó en ese tren en 1928.

Ramón Carande llegó a Budapest en vuelo desde Roma el 26 de agosto de 1961. Su esposa, María de la Torre Millares, le acompañó en el viaje y publicó como homenaje póstumo al historiador (1887-1986) el libro Viaje a Turquía (Grecia e Italia) con Ramón Carande, editado por Capela, nombre de la finca extremeña donde moran los restos del que fue rector de la Universidad. Carande participaba en las reuniones científicas y su esposa, con una belga y una vienesa, paseaban por la plaza Takzim.

Hay muchos motivos para viajar a Estambul. A Juan Benet y Eduardo Chamorro les llevó a esa ciudad fascinante en 1974 la lectura del libro de Steven Runciman La caída de Constantinopla. Se les añadió una polizona. "Necesitáis una mujer en ese viaje. Estambul no es como Londres", les dijo Rosa Regás, que aparece con ellos en la portada del libro de Chamorro Juan Benet y el aliento del espíritu sobre las aguas (Muchnik Editores). Ella ganó el Planeta y tanto Benet como Chamorro se conformaron con la condición de finalistas. Descubren una ciudad donde "la siesta se hace en la calle".

Otro ganador del Planeta, Antonio Gala, publicó La pasión turca. El amante de Ana Belén en la película encarnó a Cristóbal Colón en la alternativa al Colón de Ridley Scott que con los fastos del 92 dirigió Georges Pan Cosmatos. Si Serrat viajó de Algeciras a Estambul en Mediterráneo, Eduardo del Campo le pone puntos suspensivos a la canción con su libro De Estambul a El Cairo (Diario de viaje por un Oriente roto) (Almuzara). Lo acompaña con fotos de Ricardo Venturi, reportero italiano al que Del Campo conoció en el Kabul de los talibanes y le hizo el reportaje fotográfico de su boda, que ofició Chamizo. Además del puente del Gálata, topónimo de las cartas de San Pablo y apócope del equipo de fútbol Galatasaray, el reportero apunta puentes con España: los 440 vagones de trenes de cercanías y los 12 trenes de alta velocidad entre Estambul y Ankara de fabricación española.

De los viajes que Guillermo Vázquez Consuegra hizo a Estambul, dos tenían una motivación arquitectónica: una vez fue a visitar las mezquitas de Mimar Sinán y en una de ellas se bañó en el hammam; la última fue con su amigo Paulo Mendes da Rocha, arquitecto brasileño que acudió a Estambul para recibir en la ciudad turca el Pritzker.

Estambul es el realismo mágico del cocido madrileño. "Pueblo de jugadores de lotería", llamaba Chaves Nogales a Madrid en A sangre y fuego. En una de las nueve novelitas de este libro glosa la resistencia de la capital española frente a las adversidades; decía en plenos bombardeos que tanto dolor y angustia "no han conseguido abatir el ánimo y la jovial resignación de la gran ciudad más insensata y heroica del mundo". A la primavera árabe y sus estertores se podría extrapolar su bélica ironía: "De la guerra y la revolución lo peor es el sueño que se tiene siempre".

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