Sevilla - Real Madrid | La crónica

¿Camavinga? El Sevilla, él solito, se autoexpulsó (2-3)

  • El cuadro de Lopetegui dejó de creer en sí mismo en la jugada en la que se lesionó Martial y no fue expulsado el centrocampista madridista y no fue capaz de administrar los dos goles ante el Real Madrid

Cuadra Fernández le da explicaciones a Jesús Navas tras la jugada polémica de Camavinga.

Cuadra Fernández le da explicaciones a Jesús Navas tras la jugada polémica de Camavinga. / Antonio Pizarro

Sonrojante derrota para un Sevilla aspirante a jugar la próxima temporada la Liga de Campeones y para un equipo que ha vivido la mayor parte del curso en la segunda posición de la Liga española. Los sevillistas han caído derrotados fruto de su propia impotencia ante un Real Madrid al que habían golpeado dos veces en el primer periodo con los goles de Rakitic y Lamela. Incluso debió ver la segunda amarilla Camavinga en una entrada a Martial que mandó al francés a la ducha antes de tiempo, pero ni siquiera ese trascendente error arbitral puede servir esta vez para taparlo todo. Quien se autoexpulsó fue todo el Sevilla, desde su entrenador, con la pésima gestión de la segunda mitad, hasta el último de sus futbolistas con la sensación de estar completamente fundidos que transmitieron durante todo el segundo acto.

Se acabaron las excusas, hablar ahora del Covid, de las lesiones, de esa supuesta complejidad que afecta a todos los equipos, unos más y otros menos, porque que sepa este cronista, ningún futbolista del Sevilla ha padecido el coronavirus y muy pocos estuvieron lesionados, al menos eso era lo que se ocultó en todo momento y, por tanto, ahora no es el momento de airearlo. Como tampoco se puede acudir a ese tipo de argumentos cuando quien venía de jugar una prórroga, con sus 120 minutos y sus tensiones, era el Real Madrid, que el pasado martes se veía en esa tesitura contra el Chelsea mientras Lopetegui y sus futbolistas andaban en sus domicilios, porque ese día la lluvia impidió que salieran procesiones a las calles de Sevilla.

Además, el Real Madrid no tenía a Casemiro, por sanción, tampoco a los laterales izquierdos y sí hacía público oficialmente un par de casos de Covid, aunque éstos no tengan demasiada trascendencia en su plantilla en la actualidad. Sí llegaban los madridistas con Kroos, Modric y otro montón de futbolistas particularmente veteranos con miles de minutos en sus piernas. Así que la imagen que ofreció en el segundo periodo el Sevilla no puede ser amparada por excusas de ningún tipo. El cuadro nervionense se fue descomponiendo solito por propia impericia, por la desconfianza que, al parecer, mana desde sus adentros.

No es normal que un equipo que se marcha al intermedio con un dos a cero a favor, por muchos problemas físicos que pueda tener, pueda transmitir esa imagen de impotencia tan grande, esa sensación de ser incapaz incluso de proteger a Bono. Porque los 48 minutos ya le tenía que hacer un paradón el guardameta a Benzema cuando éste había entrado como por el patio de su casa. Después llegaría el tanto de Rodrygo entre las facilidades de un equipo que trataba de protegerse y que lo que hacía era justo lo contrario, pues invitaba a atacar al rival como si no tuviera adversarios enfrente.

Más tarde Bono le sacaba un balón a Militao, que disparó sin nadie alrededor, otro tiro cruzado de Benzema, el gol anulado a Vinicius... Era tal la impotencia que transmitía el Sevilla que parecía que si Ancelotti hubiera optado por la táctica del balonmano o del fútbol sala de atacar con portero-jugador hubiera dado lo mismo, que tampoco habría sufrido en exceso.

Porque el Sevilla era un verdadero flan, no era capaz de protegerse ni sin el balón, que rozaba el patetismo en algunas fases, ni tampoco con el balón, pues los cambios funcionaban peor que mal. Rafa Mir jamás se hacía con un balón para permitir que sus compañeros pudieran tener un respiro y Óliver Torres se perdía en arabescos y en carreras sin sentido que provocaban que se echara siempre mucho de menos a un Papu Gómez que se había quedado en el vestuario en el descanso, cabe suponer que por el enésimo problema físico que sufre la plantilla entrenada por Julen Lopetegui y por su cuerpo técnico.

No se quedaba aquí la cosa. En el minuto 61 ya se habían agotado cuatro de los cinco cambios, se supone que porque Acuña ya no podría más y también porque Tecatito Corona no era capaz de aguantar el esfuerzo durante los 103 minutos que se jugaron finalmente. Además, en ese momento tanto Lamela como Rakitic pedían constantemente el cambio porque no podían más con su cuerpo. En definitiva, en un fútbol que permite ahora cambiar a cinco futbolistas, la mitad de los que están en el campo, el Sevilla se quedaba incluso corto y la sensación de impotencia llegaba ya a convertirse en angustia en ese sentido.

Rakitic marca el uno a cero entre la barrera del Real Madrid. Rakitic marca el uno a cero entre la barrera del Real Madrid.

Rakitic marca el uno a cero entre la barrera del Real Madrid. / Antonio Pizarro

Claro que todo podía haber sido diferente si el juez hubiera actuado con corrección en la entrada de Camavinga a Martial que lesionó al francés y que provocó que todo virase, pero ni siquiera eso puede ser una tabla a la que agarrarse de una manera tajante en esta ocasión. El Sevilla, entonces, tenía dos goles de ventaja y fue incapaz de administrarlos, ni siquiera de transmitirle a los suyos que era capaz de hacerlo. Incluso, Cuadra Fernández fue valiente cuando desoyó las recomendaciones de Iglesias Villanueva e invalidó un gol de Vinicius porque él creía, con razón, que el brasileño se había ayudado de su brazo para controlar el balón.

Así que excusas cero, el Sevilla ha llegado a esta fase con las baterías a cero y no fue capaz de ser más fuerte siquiera que un rival que había jugado 120 minutos el martes al máximo nivel. Ésa es la única razón para que emitiera unas sensaciones tan preocupantes incluso cuando comienza a recuperar peones que estaban lesionados. Claro que si se administran de esa forma, con dos a cero, fue el Sevilla el que perdió, el que se autoexpulsó del juego y bien harían todos los suyos en mirar hacia dentro mejor que hacia el exterior a la hora de los análisis.

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