Sevilla FC

Machín y lo que no es Machín

  • El celo del soriano en tener a todo el vestuario implicado, lo que influyó en la alineación en el Camp Nou, conecta con la irregular configuración de la plantilla, corta de efectivos y con puestos cogidos con alfileres

Pablo Machín se lamenta en el Camp Nou el pasado miércoles. Pablo Machín se lamenta en el Camp Nou el pasado miércoles.

Pablo Machín se lamenta en el Camp Nou el pasado miércoles. / Alejandro García (Efe)

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De repente Pablo Machín, el considerado por muchos, y con justicia, como el mejor fichaje de la temporada, es el más señalado por el sevillismo en la pesadísima digestión de la caída en los cuartos de final de la Copa del Rey. La impopular decisión de dejar en el banquillo del Camp Nou a Vaclik, precisamente el refuerzo del pasado verano con más aceptación popular, y a Ben Yedder, el gran referente ofensivo hoy en la plantilla, le ha dado un serio mordisco al crédito del entrenador soriano.

La afición sevillista tiene aún muy fresca la humillante final de la Copa en el Wanda, y con la herida aún sin cauterizar, de nuevo Messi y compañía infligió un severísimo correctivo a un equipo que, para más inri, venía de reincidir, hace apenas dos semanas, en su lánguida competitividad en una gran plaza, el Santiago Bernabéu.

Machín no anduvo fino en el análisis previo a esa vuelta ante el rey de copas. Pero sería muy injusto que el gran gestor de que el Sevilla sea el principal favorito hoy a agarrar esa última plaza de Liga de Campeones cargue con toda la responsabilidad del enésimo batacazo en una plaza de primera. Quien falló el penalti fue Banega, no Machín; quien sacó ese último córner rasante que desencadenó el 5-1 de la sentencia fue Sarabia, no Machín. Y Caparrós, hombre amante de los símiles taurinos, tampoco ha rematado la faena en la configuración de la plantilla.

Pecar de buenismo

Machín ha ido forjando la ilusión de los sevillistas por su mayúscula capacidad para transformar un problema en una solución. La plaga de lesiones de principios de temporada le hizo improvisar una media con Banega, Franco Vázquez y Sarabia en Valencia, ante el Levante, que explotó en fútbol ofensivo de verdad, del que reporta goles. Ese punto de inflexión instaló al Sevilla en zona de Champions y ahí sigue, con un fino colchón de cuatro puntos sobre el quinto, el Alavés, y siete sobre dos rivales que pueden parecer más directos, Valencia y Betis.

También es mérito del preparador haberle buscado acomodo a Promes en los carriles. Y hasta Gnagnon sorprendió para bien con su imponente actuación ante el Atlético, antes de que engrosara también la ya poblada enfermería.

Pero precisamente el discurso de “ir sumando más gente al carro”, que tan bien le ha ido para readaptar piezas a puestos cojos por las lesiones, le ha jugado una mala pasada en otra vertiente, la de las rotaciones: Machín no ha sido permeable al entorno, a esa final de Copa en el estadio del Betis, con todo lo que suponía para la hinchada jugarla. Esa falta de sensibilidad con la calle –los vasos comunicantes bullían ayer, como la lógica guasa tras el pase bético a semifinales– y su decisión de anteponer el manido “buen clima del vestuario” han chirriado en ese entorno que sólo concebía ir con todo al Camp Nou, aunque luego el Barça impusiera el rodillo de todas formas. Caer 6-1 con un portero que no se ha estrenado en Primera, y que pudo hacer más en el 2-0 y el 3-0, mortifica a los sevillistas. Machín, que atraviesa su segundo año en Primera, ha pecado de buenista, de ceñirse demasiado al capítulo del manual que versa sobre dar a todo el vestuario su hueco.

Otro vaso comunicante

Ese celo de Machín por embarcar a todo su personal disponible también tiene otra razón que apunta directamente a los despachos. Ya la configuración final de la plantilla, tras el cierre de la ventana estival, se antojaba coja. Un ejemplo: tras la marcha de Sergio Rico y David Soria, el club asumió el riesgo de promocionar a Juan Soriano, sin experiencia en la élite.

La plantilla también se antojaba corta de efectivos ante la dilatadísima temporada. Y enero se consumió ayer y son 40, nada menos, los partidos oficiales del Sevilla.

Una señal de esas apreturas, que persisten a pesar de las llegadas de Munir, Wöber y Rog, lanzaba el propio Machín desde su banda izquierda en el Camp Nou: Arana, con el cartel de transferible en el mercado de invierno que acaba de echar el cierre, era titular en un partido de capital importancia. Escudero no estaba, pero sí Promes o Sarabia. Desde hoy, Machín debe tirar con lo que tiene para acabar cuarto como sea. Munir y Gonalons, llamados a ser protagonistas, volverán en breve, pero puestos vitales, como la portería o el rematador, siguen con lo justo.

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