Sevilla - Villarreal | el otro partido

Pipas, 'selfies' y estadísticas

  • El Sevilla firma el primer empate en Nervión el día que Biris Norte oficializa un silencio ya conocido.

  • Mañana atípica, como cualquier mañana de fútbol.

Aficionados muestran su apoyo al grupo Biris Norte mientras el marcador muestra su rechazo a la violencia. Aficionados muestran su apoyo al grupo Biris Norte mientras el marcador muestra su rechazo a la violencia.

Aficionados muestran su apoyo al grupo Biris Norte mientras el marcador muestra su rechazo a la violencia. / Antonio Pizarro

El fútbol es un reflejo de la sociedad. Siempre lo ha sido. Los mismos que hace un siglo iban a la vanguardia de los gustos viendo un match de football tocados de mascota y con corbata después de un lunch muy británico podían horas después presenciar una corrida de toros con todos sus avíos, caballos destripados incluidos. Ahora sería impensable esto segundo y eso que ha ganado la sociedad española, que ya hace tiempo se contaminó de otras modas externas, desde los cánticos británicos primero y argentinos después en los campos de fútbol hasta los ultimísimos selfies con los móviles. Lo de comer pipas, en cambio, siempre ha sido muy español, aunque quizá tenga que ver con la introducción por los norteamericanos del aceite de girasol dentro del Plan Marshall para economizar. Pero lo auténticamente español y genuinamente sevillano es sentirse el ombligo del mundo.

El Sevilla firmó el primer empate del curso en Nervión en plena batalla dialéctica entre el silencio -tan sevillano- de su grada más animosa, la de los animadores oficiales de Biris Norte, y las recomendaciones de un club agobiado por la presión gubernamental y de la LFP. Como testigos de privilegio, unos 35.000 espectadores, entre los que hubo muchos valientes que se atrevieron a romper el silencio propio de una misa dominical -esa horita del ángelus- con los cánticos más clásicos del Sánchez-Pizjuán. Sólo en ocasiones contadas hubo respuesta coral contundente. Y ni un insulto, como en misa. Desde el marcador electrónico, antes de la exposición de selfies de confiados hinchas, ya se habían dado las pertinentes órdenes: "Anima y no insultes". Lo de animar, regular nada más.

A la hora del ángelus y desde Gol Sur nació un cántico sacado del baúl de los recuerdos: "Con el biri, biri, biri, con el biri, biri, vaaaa". Palmas por sevillanas. Sonidos de otro tiempo. Fue emotiva la forma en que todo el estadio se hizo eco del soniquete del baile de San Vito. Todo el estadio menos los silentes aficionados de Gol Norte, que antes del partido llevaron a un notario para que levantara acta de que no les dejaban meter su pancarta. Desde el navajazo de El Papelón, al Sevilla le ha tocado ejercer de Gran Hermano orwelliano por orden ministerial de un ministro sevillista. Vaya papelón.

Lo del corporativismo de pancarta es otra recuperación histórica del siglo XXI. Quizá el movimiento hipster sea eso. Antes vintage que sencillo. Con Podemos, el partido que hace tilín a Sampaoli -¿será peronista?-, se han recuperado gestos políticos propios de la prehistoria del liberalismo y el socialismo. La representatividad pasa por malos momentos, corroída por la corrupción ("¡en la Federación!", gritó la grada tras el penalti a Jovetic), que acabó con el comunismo y vive en el capitalismo.

Biris Norte sólo elevó la voz para recordar a Puerta, nobleza obliga, y muchos piensan que su silencio, y no Sergio Asenjo o Nasri y su inocente penalti, fue la causa del empate. ¿Casualidad o causalidad? Más bien estadística. Al Villarreal ya le tocaba rascar algo en Nervión y al Sevilla, empatar en casa, a la hora del ángelus y con los Biris en misa. Es el riesgo de creerse el ombligo. Cuando Pizarro llegó a los Andes ya existía Cuzco.

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