Real Sociedad-Sevilla FC | Crónica

Sin goles, sólo queda no perder (0-0)

  • El Sevilla de Machín firma una de sus actuaciones más pobres y echa de menos en Anoeta la ‘maldad’ ofensiva de los ausentes.

  • La defensa, por encima del ataque.

El ex sevillista Sandro cae al suelo tras golpear el césped. El ex sevillista Sandro cae al suelo tras golpear el césped.

El ex sevillista Sandro cae al suelo tras golpear el césped. / EFE

La versión más tacaña del Sevilla de Pablo Machín salió indemne de su visita a la Real Sociedad. Los sevillistas, sin los goles que garantiza la pareja formada por Andre Silva y Ben Yedder, se conformaron con el cero a cero inicial y, claro, eso supone unas sensaciones contradictorias a la hora del análisis global. Habrá quien se quede con la solidez del sistema defensivo, con la capacidad para ordenarse atrás, pero siempre estará el exigente, al que no le faltará ninguna razón, que se pregunte por qué los hombres que vistieron de rojo pusieron tan poco de su parte para haber cantado un gol en ese estadio tan poco propicio que responde por Anoeta.

Es la duda que ya jamás podrá ser resuelta y, por tanto, son dos puntos que no volverán. Pero perdió este Sevilla la posibilidad de adicionar dos más en su casillero o, por el contrario, debe estar satisfecho con añadir uno más para totalizar los 20 que luce. El análisis, en este caso, es muy particular y corresponde a quien cuenta lo que sucedió sobre el césped donostiarra. Y la conclusión fue que los visitantes, sea por una causa o por otra, ni se acercaron siquiera a ese nivel que han venido mostrando en este arranque del curso.

Al Sevilla le faltó vértigo, riesgo y también, por qué no decirlo, mucha mala leche arriba para haberle hecho daño a una Real Sociedad que pareció en todo momento bizcochable. Vaya, que no es ninguna casualidad que los vascos aún no hayan ganado en su remozado estadio, con las gradas mucho más cercanas, pero para hincarle el diente a un adversario de este tipo lo fundamental es tener el colmillo largo, buscar el gol en todas las jugadas y no conformarse con lo que puede deparar el destino.

Los premios llegan sólo si lo buscas y en este sentido la diferencia entre la pareja formada por Andre Silva y Ben Yedder con la que integraron Promes y Muriel fue abismal. ¿Quiere esto decir que las actuaciones del holandés o del colombiano fueron deficientes? Ni sí ni no, ambos se limitaron a cumplir, a hartarse de correr para que nadie les pudiera afear que lo suyo era desidia, pero siempre les faltó ese algo más que necesitan los buenos delanteros para dejar mal herido al contrincante. Y no, no son términos bélicos ni un lenguaje inapropiado, es que sencillamente es así, el fútbol, sobre todo a los delanteros, les exige esa dosis de maldad para decantar un partido.

Para ilustrar todo lo expuesto, tal vez el ejemplo más claro estuvo en una buena jugada de Promes por la izquierda en el primer periodo. El holandés casi llegó a la línea de meta escondiéndole el balón con criterio a Elustondo y Llorente, pero cuando centró le faltó el acompañamiento de un Muriel que en ningún momento había llegado a ilusionarse con la posibilidad de un remate fácil en el primer poste. El colombiano no arrancó cuando debió hacerlo y, lógicamente, quien llegó fácil fue Héctor Moreno para el despeje. Las estadísticas, por tanto, no contabilizarán esa acción como una ocasión de gol, pero fue porque Muriel careció del instinto depredador y se limitaría a resoplar tras recorrer un puñado de metros sin darle sentido al esfuerzo.

No fue la única vez, también después del intermedio se produjeron varias acciones similares, incluido un contragolpe en plena recta final en el que el Sevilla salió de una jugada a balón parado a favor de los realistas con cuatro suyos contra dos defensas vascos para totalizar un cinco contra tres al final. El problema, esa vez, estuvo en que fue el mundo al revés. Jesús Navas se la dio a Banega para que éste fuera el que desplegara la salida al sprint y todo acabó en un balón mal finalizado por Roque Mesa, que, para colmo, ya estaba en fuera de juego. Mal, muy mal.

Machín, eso sí, también tendrá motivos para estar satisfecho en el plano defensivo, pues los suyos se movieron siempre de una manera sincronizada a pesar de que en esa zona igualmente presentaban ausencias. El Sevilla sí supo ponerse en el campo de manera perfecta a la hora de protegerse y en muchas ocasiones fue un equipo con cinco defensas, dado que los carrileros se metían a la altura de los tres centrales, para achicarle todos los espacios a una Real que sólo pudo aparentar daño en las incursiones de Januzaj por el costado izquierdo de la defensa nervionense. Sólo por ahí, con los apoyos de Elustondo, llegó a sufrir algo Arana, pero fueron fuegos de artificio la mayoría de las veces y los anfitriones tampoco podrán apelar a ninguna ocasión de gol clara, salvo la vez en la que Sandro le dio a la hierba cuando trató de rematar a puerta.

Fue la escasa producción ofensiva de ambos y a nadie le extraña, pues, que todo concluyera cero a cero, entre otras cosas porque el Sevilla tampoco mejoró nada con los cambios. Y con semejante balance, con Andre Silva y Ben Yedder varados por lesión, es decir, sin goles, pues lo mejor es no perder al menos y que cada cual le ponga los adjetivos que les apetezca a un Sevilla con un nivel mucho más pobre que a lo largo del presente ejercicio.

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