El partido del Sevilla | Análisis

La presión es lo que emociona

  • El Sevilla recupera su intensidad en cada inicio de periodo para robar arriba y forzar el error, pero pierde capacidad de control

  • La defensa adelantada le cuesta dos goles y un susto

Informe técnico

Informe técnico / Departamento Infografía

Tres goles en pérdidas en campo propio del equipo que sale jugando (dos del Sevilla y uno del Levante); tres goles en balones a la espalda de una defensa adelantada (dos del Levante y uno del Sevilla, el de Fernando) y otros dos tantos en jugada a balón parado (el 1-0) o a la salida de ella (el 3-1). Todo esta enumeración no hace sino apoyar la frase del Lopetegui al acabar el partido: “El error también forma parte del fútbol”.

Sin duda, el guipuzcoano aplaudía porque el resultado final sonreía a su equipo, pero no fue el partido, por mucho que guste al gran público, del que sale más orgulloso un entrenador, tanto si gana como si pierde.

Más allá de todo eso, el Sevilla hizo cosas de mérito y otras dignas de ser castigadas con dureza. Aunque por momentos se pareció a ese equipo agresivo arriba que fue una de las señas de identidad de Lopetegui, también es cierto que jamás se acercó a la imagen de control y seguridad defensiva que también, no hay que olvidarlo, va habitualmente en su ADN.

Defensa

El Sevillla apretó con intensidad arriba, en tres cuartos, en los dos arranques de cada periodo. Esa intensidad, esa presión tras la pérdida, quizá era lo que la afición echaba de menos y confundía con esa errónea frase de “jugar a que no pase nada”. Dos goles, el de Rafa Mir, y el de Munir, vinieron de dos recuperaciones en zona de tres cuartos con el Levante saliendo, una de Munir y otra de Óliver Torres. También era normal que, con el paso de los minutos y con la temperatura que había sobre el terreno de juego (que no hubiera pausa de hidratación es por acuerdo de los banquillos con el árbitro), esa intensidad en la presión se aplacara pasado el ecuador de cada periodo.

También esa presión más arriba que recuperaba el Sevilla era posible gracias a la posición de Óliver Torres, que, como en Lille y algún partido más con anterioridad, hacía de falso segundo punta impidiendo al Levante salir en superioridad numérica.

Lopetegui ha abrazado la figura del doble pivote viendo la seguridad que le dan Fernando y Delaney alineados en paralelo. Sin embargo, con la salida del danés ya se produjeron desajustes, también por el paso adelante de una defensa que, es lógico, cuando el equipo aprieta arriba debe empujar hacia delante. Ello le dio muchos metros a la espalda de los centrales y el Levante forzó errores ahí: uno de Dmitrovic, que hizo bien saliendo pero debió despejar a la primera en vez de controlar, y otro obligando a Diego Carlos a correr hacia atrás, una situación en la que sufre, aunque su fallo fue relajarse cuando ya tenía ganada la posición.

Ataque

Al Sevilla le fue relativamente fácil, ante uno de los equipos que peor defiende (es el más goleado con diferencia de la Liga), crear situaciones de dos contra uno. La mayoría las propiciaba Óliver Torres, con Suso o Munir hacia dentro, o esa presión en alta intensidad. En el tramo final, Jesús Navas aprovechó el toque a rebato del Levante para hacer daño por su pasillo.

Virtudes

El equipo ante su gente tuvo la capacidad de emocionar otra vez.

Talón de Aquiles

Perdió el control del partido.

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