Standard de Lieja-Sevilla FC | UEFA Europa League Clicks de Fabomil contra aviones

  • l Sin automatismos ante los marcajes individuales de los belgas, también faltó músculo y piernas en el pasillo central

La Pizarra del Sevilla FC La Pizarra del Sevilla FC

La Pizarra del Sevilla FC / Departamento Infografía

El Sevilla no salió a complicarse en Lieja, pero puso todos los elementos posibles para hacerlo. Machín puede que eligiera a los peones incorrectos (o al menos las posiciones de éstos), pues si ya Roque Mesa había dado muestras cada vez que ha tenido que jugar, de que tiene un déficit físico importante, hacerlo coincidir con el músculo y la fibra rápida de los jugadores del Standard fue un suicidio para el Sevilla cuando necesitó ir a por el partido.

El pasillo central que debía cerrar el canario, solo ante los centrales, fue una autopista para los locales en cuanto éstos le metieron ritmo al partido, desencadenando el estado de histrionismos unas veces y de pasividad otras de la zaga, que se comió a un Sevilla que se acabó de tirar del tren en marcha con la autoexpulsión de Sarabia.

Defensa

Los focos irán a la defensa, a Kjaer por sus errores llamativos, pero, aparte del aletargamiento general, el agujero en cuanto el partido se abrió estuvo en esa figura de pivote único de posición en que otra vez Roque Mesa demostró que, por físico, le viene grande en un equipo como el Sevilla, una plantilla de una exigencia superior en la que ayer esa función podía haber sido encargada a un jugador como Amadou, de físico similar a los Djenepo, Bastien, M’Poku, Mehdi Carcela... y todos los que pasaban como aviones al lado de unos jugadores que parecían clicks de Famobil, –por cuerpo y por anquilosamiento de extremidades– vestidos de blanco.

El Sevilla no pudo nunca evitar los uno contra uno de estos jugadores mucho más rápidos y fibrosos ante centrales de movimientos lentos y sin ayudas ni coberturas como Mercado y Carriço.

Ataque

El Standard, como en la ida, varió su esquema para convertirse en un espejo del Sevilla, esto es, tres centrales y un marcador fijo para cada rival. Esas marcas individuales tan fijas, con las que trataba de que los jugadores del Sevilla no recibieran con comodidad, llevaron el partido hacia un ritmo de juego muy bajo en la primera mitad, apenas alterado por chispazos en el ataque belga y poco más.

Machín dejó la responsabilidad a Roque Mesa como medio de posición, pero era Banega quien recibía a su espalda en la fase de constucción de juego. El argentino tenía la función de recibir entre los centrales, distribuir e irse a su posición de interior, algo parecido a lo que también hacía Ben Yedder unos metros más adelante.

Pero faltaron automatismos para burlar esa presión par con par y esas persecuciones por todo el campo que propuso Michel Preud’homme y que ejecutaron los jugadores del Standard.

Virtudes

La oportunidad en Nervión.

Talón de Aquiles

La segunda unidad, de nuevo, entregó la camiseta. Aparte, cabe preguntarse que si con estos rivales no era el partido de Amadou...

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