Los trastornos de la conducta, claves para el pronóstico del alzhéimer
Más del 90% de los pacientes que padecen la enfermedad sufren alteraciones de conducta que también repercuten en la salud y calidad de vida de los cuidadores.
Más del 90% de los enfermos de alzhéimer tienen al menos un trastorno de la conducta, pero no todos presentan la misma gravedad. Y 70 de cada cien muestran estados de irritabilidad durante el primer año tras ser diagnosticados. La apatía, la agitación y la depresión son los trastornos más frecuentes. En algunas fases de la enfermedad, sobre todo en las más avanzadas, éstos pueden predominar sobre los síntomas cognitivos y tener un mayor impacto en la calidad de vida del enfermo y su entorno, contaron los expertos durante el VI seminario Lundbeck De la memoria a la conducta.
Para el doctor José Luis Molinuevo, neurólogo del Hospital Clínic de Barcelona, "los síntomas conductuales y psicológicos de las demencias no son complicaciones del proceso patológico sino manifestaciones propias como lo son los síntomas cognitivos. En este sentido, los trastornos de la conducta han sido siempre relevantes, aunque en la actualidad se les dan más importancia porque son un factor pronóstico condicionante de la evolución de la enfermedad". Según la Encuesta Europea de Cuidadores de Demencia (2008) los síntomas conductuales son el problema más difícil de abordar para las cuidadoras. El doctor Pablo Martínez-Lage, neurólogo de la Fundación ACE dijo que "el comportamiento del enfermo es el factor desencadenante del ingreso del paciente en una residencia, en mayor medida que los síntomas cognitivos".
Uno de los pasos fundamentales es decidir si se tratan o no los síntomas. Y es en esta parte de la práctica clínica donde surgen las posiciones encontradas. "Todos los especialistas estamos de acuerdo en la importancia de tratar los síntomas, el problema está en que los profesionales que no se dedican exclusivamente a la enfermedad de alzhéimer no les confieren el grado de importancia que tienen para el pronóstico y evolución", resaltó Molinuevo. Por su parte, Martínez- Lage, señaló que "el primer abordaje debe ser no farmacológico, se debe intentar corregir los posibles desencadenantes de los síntomas y si éstos fallan se ha de decidir el tratamiento farmacológico. Contamos con fármacos que bien elegidos y utilizados a las dosis adecuadas pueden aliviar los síntomas sin dejar al enfermo sedado. El médico que diagnostica el alzhéimer ha de informar al paciente y a su familia y advertir que estos síntomas pueden aparecer y, en su mayor parte, se pueden tratar". Incluso es posible hacer un diagnóstico precoz pero no se trata con las mismas oportunidades en toda España, resaltaron los médicos.
Para los expertos, "esta enfermedad es una patología peculiar del cerebro, de la persona, de la familia y de toda la sociedad. Es clave para el futuro que el abordaje diagnóstico y terapéutico valore los aspectos cognitivos, conductuales y psicológicos, pero también lo social. Todo ello siempre de manera individualizada. La situación ideal es que los enfermos con demencia sean atendidos por unidades especializadas con equipos multidisciplinares. Siempre en estrecho contacto con la atención primaria. Eso es lo ideal".
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