Gastronomía y turismo en Cádiz: motor sostenible para el desarrollo local
Anuario de Turismo 2026
El vino del marco de Jerez y el atún de almadraba de la zona de Barbate son los iconos gastronómicos de la provincia y también un gran referente turístico
En el contexto de competencia global en el sector turístico, se impone la necesidad de desarrollar la creatividad para encontrar nuevas opciones sostenibles que permitan continuar con su crecimiento, ante una demanda cada vez más exigente. De este modo, el turismo gastronómico se configura como una gran oportunidad para resaltar su uso turístico como una forma de salvaguardar su cultura y reducir sus impactos negativos y para dinamizar las economías locales. Esta actividad es clave para el sector agroalimentario local porque conecta la producción primaria con el consumo turístico, generando valor añadido en el territorio. Fomenta la demanda de productos autóctonos y de calidad, fortaleciendo la actividad de agricultores, ganaderos, pescadores y pequeñas industrias, especialmente en zonas rurales. Además, revaloriza productos con denominaciones de origen e indicaciones geográficas, mejora los precios percibidos y refuerza su posicionamiento en el mercado. Al acortar las cadenas de distribución con el fomento de técnicas de kilómetro cero, impulsa circuitos cortos y relaciones más equilibradas. Asimismo, promueve prácticas sostenibles y preserva la identidad y el patrimonio agroalimentario local.
La provincia de Cádiz tiene mucho que aportar y mucho de lo que beneficiarse de este campo de trabajo, con 6,31 millones de turistas recibidos en 2024, según datos de la Encuesta de Coyuntura Turística de Andalucía (ECTA). Este dato supone un 17,5% del total andaluz. El gasto medio diario fue de 92,1 €, el mayor de las provincias andaluzas (la media regional fue de 82,3), con un crecimiento de 4,3% sobre el año anterior.
Con una geografía ideal que permite combinar el turismo de sol y playa con el de interior, el vino del marco de Jerez y el atún de almadraba de la zona de Barbate son los iconos gastronómicos de la provincia y también un importante referente turístico. Las bodegas del Marco de Jerez son de las más visitadas de Europa, con casi medio millón de turistas anuales según la Web del Consejo Regulador. En el segundo caso, cada primavera son muchos los visitantes de la provincia atraídos por el atún rojo de almadraba recién capturado, que inspira platos estacionales que combinan tradición e innovación.
El contraste entre la gastronomía de interior y de costa se aprecia también al comparar los productos de la huerta, las carnes como el cordero o el venado, los quesos típicos como el payoyo y los embutidos de las dehesas y de la Sierra de Cádiz con los productos distintivos del mar como las salazones, las ortiguillas o el cazón en adobo, que van más allá del pescado y el marisco. En repostería sobresalen también productos como los tocinos de cielo, cuyo origen está en la industria vitivinícola, así como torrijas y alfajores de Medina Sidonia.
En aras de fomentar el turismo de calidad, la provincia de Cádiz tiene actualmente 7 restaurantes distinguidos en la categoría de estrellas Michelin: Aponiente de El Puerto de Santa María (con 3 estrellas más una verde de sostenibilidad), Lú Cocina y Alma en Jerez y Alevante en Chiclana (ambos con dos estrellas) y Mantúa en Jerez, Código de Barra y Mare en Cádiz y el Mesón Sabor Andaluz de Alcalá del Valle (todos con 1 estrella). Todos ellos están condecorados también con un Sol de Repsol, engrosando una lista de hasta 18 restaurantes en la provincia.
En este contexto, el turismo gastronómico desempeña un papel clave en la desestacionalización turística, ya que no depende exclusivamente de factores climáticos y puede desarrollarse a lo largo de todo el año. Las experiencias culinarias, rutas gastronómicas vinculadas al enoturismo, visitas a productores locales o eventos vinculados a productos de temporada como las ferias gastronómicas atraen visitantes en meses de menor afluencia turística. Esto permite redistribuir los flujos turísticos, reducir la concentración en temporadas altas y mejorar la ocupación de alojamientos y restaurantes en periodos valle. Además, puede contribuir a la estabilización del empleo y los ingresos del sector turístico, favoreciendo un modelo de desarrollo más equilibrado, sostenible y resiliente para los destinos.
Esta tipología turística ayuda a constituir cada viaje como una experiencia única que vincula cultura, entorno y sociedad. Este grado de autenticidad lo configura como un producto poco imitable con otros destinos con los que entra en competencia. Puede contribuir a aumentar el ya destacado gasto medio diario por turista en la provincia gaditana, indicativo de un turismo de calidad.
La gastronomía sería de este modo un elemento imprescindible para conocer la vida y la cultura de un territorio tan rico y diverso como la provincia de Cádiz, respondiendo a valores clásicos asociados a las nuevas tendencias turísticas: sostenibilidad, vida saludable, respeto a la tradición, turismo responsable, autenticidad y experiencia.
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