Deconstruyendo a Tolkien
CRÍTICA VIDEOJUEGOS
El Señor De Los Anillos: La Conquista | Pandemic Studios | +16 | 66,90€ | Xbox 360 - PS3 - PC
Es difícil (y sobrecogedor) elevar tecnológicamente mundos inexistentes a una categoría jugable. Es difícil (y ambicioso) concebir las posibilidades que una mitología como la de J. R. R. Tolkien puede ofrecernos a los mandos de una consola de nueva generación. Es difícil (y probabilísticamente imposible) llevar, por último, esta empresa a buen puerto sin tropezar en el siempre excesivamente apresurado camino alguna vez que otra, sin percibir las heridas de una batalla, la del desarrollo de un videojuego, tan cruenta como cualquiera de las que podemos presenciar en la trilogía del Anillo.
En tales contextos hay que ubicar este título que nace, naturalmente, como una apuesta corporativa bastante segura de Electronic Arts a través de Pandemic Studios, en su condición de golosina para los multitudinarios amantes de la trilogía (cada vez más cinematográfica que literaria) de Tolkien/Jackson. Y cumple sobradamente con las necesidades asociadas a este tipo de productos, y lo hace, para bien y para mal, sin pasarse de ambicioso: alejado de cualquier acercamiento humano a los personajes, representa un entretenido juego de lucha y acción, en el soporte de la fiel reproducción en 3D de las localizaciones que aparecían en la película del neozelandés.
No hace falta mucho más, habida cuenta de que bastante drama humano (o élfico, o hobbítico) teníamos en la historia original, como para que éste también nos empalague unos sucesos que tienen lugar en las batallas del volumen de Las Dos Torres. Cuatro son las opciones del modo campaña: un guerrero (la perfecta opción para los amantes de la carne picada), un arquero (y sus flechas especiales, envenenadas unas, ígneas otras), un mago (tan posibilitado para la lucha cuerpo a cuerpo como para la generación de dañinos conjuros), y la sorpresa del presente título, un espía facultado para hacerse invisible a voluntad, con la especialidad de acercarse y matar por la espalda.
Interesante apunte de ambigüedad en el bando de los buenos, que una opción posterior de juego perfeccionará con la posibilidad de encarnar, con el amoral mecanismo de un juego de ajedrez, la posición del bando enemigo, conformado por los corruptos orcos, tras un final alternativo en el que Frodo decidiera quedarse con el anillo. En efecto, ni Gears of War 2 se atrevió a tanto, aunque estuvo cerca. No obstante, y dejando a un lado apreciaciones formales más o menos endogámicas, la exclusiva condición de artefacto lúdico-bélico de El señor de los Anillos: La Conquista, no consigue soslayar carencias estructurales evidentes, traducidas en un juego algo reiterativo y sin más novedad (en un sentido lineal, al menos) que los cambios de escenario y el progresivo cumplimiento de misiones en un entorno gráfico bastante aceptable, aunque no todo lo brillante que debía haber sido. Cierto que es difícil juzgar la calidad de un producto, máxime cuando supone el apéndice (uno de ellos) de una obra previa de tal magnitud y prestigio. Por eso, en el peor de los casos, siempre podremos decir que estamos ante un título, aunque imperfecto, digno de reposar en la estantería de todo fan medianamente exigente, junto al libro original y la edición especial de turno de la película
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