Serie antológica

'Historias para no dormir': el miedo del desarrollismo

  • Este artículo apareció en los periódicos del Grupo Joly con motivo del medio siglo del estreno de la serie de terror de Narciso Ibáñez Serrador, en 2016, donde se pedía una actualización de estas ficciones

Ibáñez Serrador en una imagen promocional reciente de 'Historias para no dormri' Ibáñez Serrador en una imagen promocional reciente de 'Historias para no dormri'

Ibáñez Serrador en una imagen promocional reciente de 'Historias para no dormri'

Hoy viernes, 4 de febrero (de 1966), a las 23:15 en la Primera Cadena se estrena el espacio dramático Historias para no dormir. Un nuevo programa de terror de Narciso Ibáñez Serrador, tras sus afortunados Mañana puede ser verdad y NN23, con guion de Luis Peñafiel (seudónimo del propio autor) y con el episodio El cumpleaños.

La gente ya tenía miedo de sobra en la calle y millones de españoles vivían en una normalidad que les obligaba a mirar de reojo y a cuidarse de comentarios inoportunos delante de desconocidos. También de conocidos. La dictadura franquista tenía ya una experiencia de veinte años de miedo psicológico cuando TVE lo trasladó al cristal: la inquietud, la sospecha, la distopía del poder.

De Historias para no dormir hace medio siglo, cuando sólo había un canal para toda España porque el UHF, La 2, aún en pruebas, se emitía en Madrid y sus alrededores. Eran programas que se aseguraban casi un 100% de share. E

l terror, la ciencia ficción, el suspense incómodo llegaban de la mano del realizador más internacional de una corporación pública que tenía como responsables de contenidos a Adolfo Suárez y a Juan José Rosón, pilares de la futura Transición, dispuestos entonces a disipar los miedos. Por cierto el tal Peñafiel era el seudónimo del propio director, especialista en tirar de la manta de Poe o de Bradbury.

Hace 50 años que TVE se enfrentaba a su edad adulta en la producción. La televisión ya no podía ser “teatro en casa”, y las ficciones debían ser “cine en casa”, con calidad, con complejidad de narración, realización y montaje, el concepto irrenunciable de las series.

Ibáñez Serrador fue el pionero en 1966, plantando cara a las ficciones estadounidenses favoritas del público hogareño nacional de entonces, Los intocables o El fugitivo. En esta ocasión, con las Historias de Chicho, los buenos tenían las de perder. Había llegado la hora de los malos, traslación en verdad de lo que también pasaba en la vida real. Y como pasa en las series del siglo XXI.

El que fuera creador del Un, dos, tres apenas llevaba unos años en TVE, en su regreso a España tras haber pasado su juventud en tierras sudamericanas. Debutó con Estudio 3, una serie de distintos géneros que se estrenó en diciembre del 63 con Muerte bajo el sol.

Chicho, siempre inquieto y visionario, se forjó entre su Uruguay natal (su madre, la actriz Pepita Serrador, dio a luz en Montevideo de gira teatral y así le evitaba a su futuro hijo la obligación de la mili) y Argentina. En ambos países el febril autor de obras y guiones, que ya había triunfado en los escenarios de Madrid y Barcelona, se convirtió con la balbuceante televisión en un gurú con adaptaciones literarias, biografías y, sobre todo, relatos de suspense.

La sombra de Hitchcock planeaba en su vocación y de ahí también sus presentaciones irónicas al principio de cada episodio, antesala relajada para poner al público en situación y llevarles a la sorpresa hasta el último segundo.

Narciso Ibáñez se traía a Narciso senior, el asturiano Ibáñez Menta, el mismo que le había llevado a probar la televisión en América y el que ahora se convertiría en estrella de esta TVE del desarrollismo. El padre del realizador protagonizaría muchas de las historias y entre ellas, aunque en principio no se iba a incluir en esta primera temporada de la serie, la entrega de El asfalto, crítica social sobre el desprecio a los desfavorecidos, premiada en varios festivales.

Un año después, desde el plano humorístico, con TVE parodiaría la hipocresía del franquismo en la también premiada Historias de la frivolidad, sorprendiendo al resto del continente.

Las Historias del alarido y del portazo, conmoción en el público, mantuvo dos temporadas de regularidad hasta 1968. Después, los compromisos cinematográficos o el Un, dos, tres llevaron al terror de Chicho a tener apariciones erráticas en TVE, con una prometida tanda a finales del pasado siglo que no llegó a ver la luz. Aunque se hicieron dos ediciones de dvds con la serie, no se han llegado a comercializar todos los capítulos y muchas de las entregas están en Youtube.

En 2005, con realizadores actuales, Mediaset encargó Películas para no dormir, que no se llegó a ofrecer en su totalidad por sus bajos índices de audiencia.

Medio siglo después, las Historias para no dormir son parte fundamental en el desarrollo de la ficción televisiva en España. Y una revisión, puestos a resucitar, sería una interesante opción.

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