Las Ventas | Vigésima novena corrida de la Feria de San Isidro ‘Carasucia’, un vendaval de casta

  • El tercer toro de Valdellán, lidiado sin fortuna por Cristian Escribano, se alzó como protagonista principal en una tarde ventosa

  • Fernando Robleño deja una grata impresión e Iván Vicente anduvo desconfiado

Cristian Escribano en un muleetazo ayudado al encastado ‘Carasucia’, de Valdellán. Cristian Escribano en un muleetazo ayudado al encastado ‘Carasucia’, de Valdellán.

Cristian Escribano en un muleetazo ayudado al encastado ‘Carasucia’, de Valdellán. / Rodrigo Jiménez / Efe

Por enésima vez el viento se hizo presente en Las Ventas. La Comunidad de Madrid, propietaria del coso, debería de una vez por todas cubrirlo y los toreros –lo contempla el reglamento– negarse a torear con esta inclemencia meteorológica que es mucho peor para ellos que la lluvia.

De la corrida de Valdellán –única ganadería ubicada en la provincia de León y de encaste Santa Coloma–, bien armada, de desiguales hechuras y juego, destacaron el encastado tercero, fundamentalmente, y el quinto, con transmisión, ovacionados en el arrastre.

El veterano Fernando Robleño dejó una grata impresión por su oficio, capacidad y su maestría como estoqueador. El que abrió plaza llamó la atención por sus muchos matices en su capa: negro, lucero, girón, bragado, calcetero y coletero. Tuvo un juego pésimo en los tres tercios, sin un ápice de entrega ni fijeza y acabó muy rajado, huyendo. Robleño, con oficio y valor, apostó fuerte en su faena, aguantando alguna colada por el pitón derecho, por el que se vencía. Mató de estocada certera, para premio, de la que salió el toro muerto. El público, muy frío, ni siquiera ovacionó al diestro.

Con el cuarto astado, suelto en los primeros tercios y que en la muleta le costaba pasar, Fernando Robleño se empleó a fondo logrando lo mejor en unos derechazos con gusto en el comienzo de la faena. Mató nuevamente al primer envite.

Iván Vicente, desconfiado, anduvo desacertado con su lote. Con el astifino segundo, difícil, El madrileño, con falta de seguridad, lo pasó mal en un trasteo molestado por el viento.

Ante el bastote quinto, con casi seiscientos kilos, pero con transmisión, tampoco llegó a convencerse Iván Vicente, al que le faltó temple. Su labor se evaporó tras una buena tanda diestra inicial.

Cristian Escribano dio una buena imagen ¡Qué pena que por el viento no pudiera lidiar Escribano al encastado tercero en los medios! El cárdeno 'Carasucia', en el tipo santacolomeño, cinqueño, serio y repetidor, transmitía una barbaridad y pedía los papeles en cada embestida. Uno de los toros más importantes de la feria. Yel torero, que lo recibió con sumo gusto en lances a pies juntos abrochados con una preciosa media verónica, no pudo aprovechar del todo esas embestidas en las que humillaba en una faena larga –escuchó el primer aviso antes de entrar a matar– que fue a menos. Tras el comienzo, en la media distancia, pergeñó dos excelentes series con la diestra con ligazón. Con la izquierda cambió el panorama. Un desarme fue decisivo para que todo empeorara. Para colmo, el madrileño mató pésimamente, con cuatro pinchazos y un bajonazo.

El sexto, con ¡656 kilos!, fue increiblemente ovacionado de salida. Sin dificultades, noblón, resultó soso tras la muleta de Cristian Escribano, que logró algunos muletazos suaves de bella factura en una labor sin calado.

Sin duda, el protagonista del festejo fue ese Carasucia, un cárdeno sumamente encastado, que hizo honor a su estirpe santacolomeña, que humillaba tras las telas y que fue supuso un vendaval de casta en una tarde ventosa en la que la terna se marchó de vacío.

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