Enrique Ponce corta dos orejas a un buen toro de El Torreón

Sebastián Castella, que roza el triunfo, y Salvador Vega se marchan de vacío

Enrique Ponce, en un muletazo de rodillas al toro que desorejó.
Enrique Ponce, en un muletazo de rodillas al toro que desorejó.
Mundotoro / Zaragoza

12 de octubre 2008 - 05:00

octavo festejo de la feria del pilar de zaragoza

Enrique Ponce cortó las dos orejas al cuarto toro del octavo festejo de la Feria de El Pilar y volvió a salir en hombros del coso de La Misericordia en un espectáculo que creció en su segunda parte y en el que Castella, tremendamente firme con un toro furioso perdió premio con la espada y Vega dejó detalles en el ejemplar que cerraba plaza.

Enrique Ponce firmó una faena de gran calado a un toro que apunto cosas muy buenas por el pitón izquierdo, el cuarto, y se metió para dentro por el derecho. El torero valenciano estaba cuajando una faena ascendente -hubo una gran serie de naturales- y cuando a mitad de obra el toro amagó con rajarse el maestro sacó toda su ciencia y sabiduría para acabar de exprimirlo, con mucha estética, elegancia e inteligencia. Aunque la espada cayó baja le solicitaron de manera unánime el doble trofeo.

Antes, sorteó un toro grande y con cuajo que no se desplazó de salida ni empujó en el caballo para luego no acabar nunca de romper en la muleta. Castella perdió premio en ambos toros por el mal uso de los aceros. Primero pechó con un animal reservón, que respondió cuando se le atacó. Así lo hizo el de Beziers en una labor in crescendo en la que destacaron los pasajes sobre la derecha. Más importante estuvo en el quinto que embestía con todo muy en corto y con el que estuvo tremendamente firme el torero en una labor de gran importancia. Tras una estocada arriba el toro se tragó la muerte y cuatro descabellos y dos avisos le dejaron sin trofeo. Una estocada deficiente le dejó sin premio.

Salvador Vega, por su parte, destacó en el recibo capotero rodilla en tierra al tercero, mientras en el buen sexto dejó detalles sobre todo al final de una labor larga y bien rematada con la espada que tuvo ligera petición.

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