Toros

Gonzalo Caballero, cogida, susto y... único premio

La novillada de la ganadería sevillana El Parralejo tomó ayer antigüedad en la plaza de Las Ventas con un encierro bien presentado, serio y de juego desigual, con el denominador común de la nobleza, en el que destacó por su entrega y humillación el segundo novillo. De la terna compuesta por Gonzalo Caballero, Fernando Rey y Francisco José Espada, el primero fue el único que consiguió un trofeo de su segundo astado.

Gonzalo Caballero, al igual que el pasado domingo en Sevilla, salió a morir al ruedo. Arrancó la oreja del cuarto por una labor a sangre y fuego a un serio castaño con hechuras de toro. Faena más de emoción que de toreo, que comenzó con unos muletazos por alto y que tuvo más eco cuando el torero pisó los terrenos de cercanías. En el comienzo de un muletazo por la espalda fue cogido de manera dramática. Entonces, llegó un arrimón, unas manoletinas y ante el asombro de quienes no le conocen, el torrejonero entró a matar sin muleta -emulando al recordado Antonio José Galán-, enterrando el acero a cambio de un testarazo terrible del que voló como un pajarillo herido. Precisó de dos descabellos para finiquitar al novillo. El público, conmovido, pidió el trofeo, que fue concedido por el presidente, quien le había negado una oreja pedida en el novillo que abrió plaza. Con ese ejemplar, alto y vareado, flojo, que para colmo se pegó una costalada tras el capote y derrochó nobleza, Gonzalo Caballero realizó una labor en las rayas que tardó en romper. -¿Por qué no lo sacó a las afueras si no hacía viento?-. Los mejores muletazos nacieron cuando toreó sin el estoque. Y la comunión con el público llegó en el epílogo, con quietud, un circular invertido y unas bernadinas de infarto. Mató de gran estocada arriba y el usía no atendió a la petición de oreja.

El malagueño Fernando Rey no convenció a la parroquia en su presentación con picadores en esta plaza. El segundo, montado, se entregó tras las telas y humilló. Rey, que destacó en un galleo por chicuelinas, brindó la faena al doctor Máximo García Padrós, quien le salvó la vida de la tremenda cornada sufrida en Moralzarzal. Una faena buena y fría, que comenzó de manera muy torera, pero que no mantuvo el mismo nivel. Cerró con unas manoletinas y tampoco estuvo acertado con la espada. Con el manejable quinto concretó una labor correcta, pero faltó calor en un trasteo que tampoco caló en el público. Lo mejor, la estocada al primer envite.

El fuenlabreño Francisco José Espada se las vio en primer lugar con un colorao que resultó manejable, aunque sin entrega. El torero realizó una labor larga y voluntariosa, aunque de escasa calidad, por ambos pitones. El sexto, empujó en un primer puyazo y lo midieron en el segundo encuentro. Llegó a la muleta con nobleza y recorrido. Espada realizó una faena con altibajos, en la que los mejores momentos llegaron con la diestra en un par de tandas con muletazos de buen trazo.

El espectáculo transcurrió casi plano, a excepción de la explosión emotiva por la angustiosa cogida de Gonzalo Caballero cuando entró a matar a cuerpo limpio y que sirvió de aval para el único premio de la tarde.

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