Manzanares triunfa en su décimo aniversario de alternativa
El alicantino celebra a lo grande la efeméride con un éxito rotundo y la salida a hombros
José María Manzanares triunfó en el festejo en el que cumplía diez años de alternativa. Se lidiaron toros de Victoriano del Río, de discreta presentación y desiguales de juego y dos, para rejones, de El Capea, deslucidos.
Manzanares hizo las delicias de sus paisanos ya desde su primero, toro de rebrincadas y vibrantes acometidas, al que hizo romper hacia delante a base de temple y mucha seguridad, para acabar consiguiendo momentos de suma estética y suficiencia especialmente en el toreo a derechas, amén de los adornos y remates de series, de especial aroma. Redondeó la tarde con el buen sexto, al que cuajó una faena impecable en cuanto a temple, empaque y ligazón. Un auténtico lío por los dos pitones hasta que el animal se rajó en las postrimerías de su labor. Faltó rotundidad con la espada, pero igualmente acabó cortando un apéndice más (dos orejas y oreja).
El primero de Ponce tuvo nobleza pero escaso brío y ritmo en sus embestidas por sus limitadas fuerzas, con el que el valenciano, que brindó faena a toda la dinastía Manzanares, anduvo correcto y sobrado técnicamente, e incluso logrando pasajes elegantes y buenos en el epílogo sobre la diestra. Con el quinto, el toro de menos opciones del envío por lo mucho que desarrolló, poco pudo hacer Ponce más que mostrar voluntad y tesón (oreja y silencio).
Abrió la tarde el rejoneador Manuel Manzanares, hermano del homenajeado, que rayó a buen nivel con su manso y apagado primero, con el que tuvo que exponer una barbaridad en una labor sobria y clásica, que, sin embargo, no acabó de calentar. El cuarto fue otro toro distraído, que acabaría parándose a las primeras de cambio, y con el que Manuel Manzanares hizo otra vez el esfuerzo para justificarse sobradamente en todos los tercios ante un animal remiso y sin celo alguno. Esta vez la gente se metió más en la faena (ovación y oreja).
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