Perera, Puerta Grande exagerada
Triunfalismo por encima de buen toreo en el séptimo festejo de la Feria de Fallas que se saldó con la salida a hombros de Miguel Ángel Perera como premio excesivo. En un espectáculo de escaso calado, el local Román cortó una oreja, también generosa, a su primer astado. Y Sebastián Castella se marchó de vacío. La terna se enfrentó a un encierro de Victoriano del Río, bien presentado, de desiguales hechuras y de comportamiento dispar.
Perera, a la sazón triunfador numérico, fue premiado con las dos orejas del burraco y manejable quinto. El extremeño realizó una labor larguísima con la muleta, en la que destacó en una tanda por cada pitón. De hecho, fue tan dilatada que escuchó un aviso antes de entrar a matar de una estocada. Recibió dos orejas y en la vuelta al ruedo se escucharon protestas. Con el segundo, un manso que se rajó pronto, únicamente se había podido lucir en una tanda diestra.
Román, muy entregado, desplegó valor y varias lagunas técnicas ante su primer oponente. El toro, montado, le enganchó del abdomen, sin herirle, en un muletazo con la zurda en el inicio de una faena entonada y en la que incompresiblemente estuvo a punto de ser cogido seriamente cuando dio una arrucina al toro, ya rajado, junto a las querencias del manso. Tras una estocada certera, pero caída, los pañuelos de sus paisanos volaron de inmediato y fue premiado de manera exagerada. Con el parado sexto, no tuvo opción al lucimiento.
Castella dio muchos muletazos, pero no dejó huella. Se libró en su primero de un percance, tras un tornillazo. El francés realizó una labor porfiona y laboriosa, pero sin lucimiento, ante el pegajoso animal. Con el cuarto, burraco, mansote y con movilidad, concretó una faena desigual.
Miguel Ángel Perera salió a hombros por la Puerta Grande, un premio exageradísimo tras lo visto para una plaza de primera categoría.
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