Rafaelillo, con oficio, y Ureña, al natural, logran sendos trofeos
TERCERA DE LA FERIA DE FALLAS DE VALENCIA Ganadería: Corrida de Adolfo Martín, desigualmente presentada, con algunos ejemplares atacados de peso, como el sexto, con 609 kilos. En comportamiento, con nobleza, aunque falta de transmisión y fuerza; el mejor, el cuarto y el más deslucido, el sexto. TOREROS: Rafael Rubio 'Rafaelillo', de grosella y oro. Pinchazo y estocada (silencio). Estocada arriba (oreja con petición de la segunda tras aviso). Manuel Escribano, de sangre de toro y oro. Pinchazo, casi entera defectuosa y dos descabellos (silencio tras aviso). Media (saludos tras ovación). Paco Ureña, de lila y oro. Estocada (oreja). Dos pinchazos, estocada y descabello (silencio tras aviso). INCIDENCIAS: Plaza de toros de Valencia. Casi lleno. Viento en los dos primeros toros. Tras el paseíllo, los tres toreros saludaron por una fuerte ovación del público, puesto en pie, que gritaba "¡Libertad, libertad!".
El comienzo del festejo, tras la masiva manifestación de mediodía a favor de la Fiesta, fue sumamente emotivo, con una fuerte ovación para la terna al término del paseíllo y gritos de "¡Libertad, libertad!". La actitud de algunos políticos de la nueva hornada, amigos de las prohibiciones, siguiendo la estela del antiguo régimen, está agotando la paciencia de la gente. Con representación en ayuntamientos y comunidades, donde gobiernan con pactos entre minorías, maniobran por debajo para cargarse una tradición que a día de hoy es legal.
La corrida de Adolfo Martín, un argumento que a priori traía dureza, fuerza y transmisión, fue todo lo contrario. El encierro, con algunos ejemplares atacados de peso, como el sexto, con 609 kilos, no aportó en sus toros esa chispa propia de esta divisa para que la emoción calase fuerte en el público. De los diestros, Rafaelillo, que aportó su veteranía y oficio y Paco Ureña, con ráfagas de calidad, consiguieron sendos trofeos; entre tanto, Manuel Escribano, entregado y brillando a la verónica, se marchó de vacío.
Rafaelillo cortó una oreja al cuarto, el mejor toro del encierro, que empujó en el caballo y al que había recibido con unas verónicas genuflexas de estampa antigua. En la faena primó la capacidad lidiadora del diestro, que se impuso al astado para rematar de una gran estocada arriba que, por sí misma, era de premio.
Con el cornipaso y noble que abrió plaza, el trasteo apenas tuvo importancia debido a que el toro, al que Rafaelillo recibió con dos largas cambiadas de rodillas junto a tablas, no se tenía en pie.
Paco Ureña consiguió su trofeo ante el noble tercero, falto de chispa, pero que le permitió cuajar dos buenas series al natural que calaron hondo en los tendidos. Una cogida espeluznante y sin mayores consecuencias impactó en el público, que se volcó para la petición de oreja, tras una estocada del lorquino.
Ureña tuvo en mala suerte al sexto, el peor toro del deslucido encierro, que si bien embestía con nobleza era blando de manos. El trasteo no llegó a cobrar vuelo y para colmo falló con la espada.
Manuel Escribano, que no tuvo su día en banderillas, veroniqueó con suavidad al noble segundo, con calidad por el pitón derecho. En la faena, que cerró con manoletinas, faltó emoción.
Escribano se la jugó en una larga cambiada de rodillas frente a toriles en el recibo al quinto, con el IVA de otra de la misma guisa en los tercios. Con la muleta logró algún derechazo de máxima calidad y algún natural inmenso al noble animal.
La tarde, muy emotiva y marcada por la reivindicación de la tauromaquia, se quedó a medio camino en lo acontecido en el ruedo, donde falló la descastada corrida de Adolfo Martín.
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