"El toreo, cuando no es rito, es profanación"
El autor del libro 'Entre clamores y espantás. El soplo del toreo' realiza un recorrido por un abanico de toreros geniales que poseen el don de la inspiración
Jesús Soto de Paula, tras De negro y azabache (2004), dedicado a su progenitor, el genial Rafael de Paula, y después de una segunda obra tauroflamenca, Donde rezan los mitos (2007), ha realizado su tercer paseíllo literario, Entre clamores y espantás. El soplo del toreo, con la idea de "desnudarme por dentro. Gracias al toreo descubrí un séptimo sentido, que desconocía tener. Aquellas tardes mágicas de Paula me dejaban embriagado como aficionado y fueron el motivo por el que comencé a escribir". Jesús de Paula moja su pluma en el tintero del dolor y de otros muchos sentimientos para redibujar, con su personalísima prosa, acompañada de poemas y sentencias, un abanico de esos genios que han poseído el soplo, la inspiración, con el que airearon el toreo, precisamente, entre clamores y espantás.
-El título de este último libro es sugerente y esclarecedor.
-Nada más leerlo se sabe dónde voy. Odio las medias tintas al escribir tanto como me sucede con el toreo. Me gustan los toreros de misterio, con soplo, que despierten pasiones con su toreo, tanto si terminan en un clamor o en la espantá. Antes que un silencio prefiero que haya una bronca torera.
-Se vuelca, fundamentalmente, con El Gallo, Cagancho, Pepe Luis, Romero y Paula ¿por qué?
-Como aficionado me hundo con ellos. Son mis toreros, junto a Joselito y Belmonte. Ha habido toreros para ver y para escuchar. Joselito era para ver, era la razón. Y Belmonte para escuchar, la sinrazón. El Gallo fue el Sócrates calé. Cagancho, el desmayo de la verónica. Pepe Luis Vázquez la impronta torera en el capote, con ángel y gracia. Curro, que es mi debilidad, es la luz clara del toreo. Y Rafael, que para mí supone el enamoramiento del toreo, es la sombra del milagro. Es el que ha toreado con más sufrimiento.
-De Joselito y Belmonte hay sendas conmemoraciones este año. ¿Cómo contempla su rivalidad?
-Nunca he entrado en que Belmonte fuera rival para Joselito. Juan era demasiado inteligente, un genio y sabía que no cabía la rivalidad; y Joselito no sabía cómo ser rival de José. No hubo una rivalidad en el fondo interno de cada uno de ellos, sino que fue más una imposición de las empresas.
-Aborda un tema muy debatido, que ha vivido íntimamente: el toreo payo y gitano.
-Existe una diferencia entre ambos. Yo no creo en las escuelas. Como dice el maestro Pepe Luis: "O se sabe torear o no se sabe torear". No intento desmitificar. El toreo payo se puede aprender. El toreo gitano, brota. El gitano es esclavo de su propia genialidad. Y no le sale su toreo cuando quiere. Tiene que ver con la inspiración, el soplo. Aunque hay muchos toreros gitanos que no lo tienen. De hecho, lo tienen los Gallo, Curro Puya, Cagancho, Rafael de Paula.
-Y llega a sentenciar que al toreo lo elevan los toreros payos y lo profundizan los toreros gitanos.
-Sí. Los payos enseñan el toreo. Lo explican. Sin embargo, el toreo gitano nos muestra lo que no podemos ver. Tiene que ver con la magia, por la sugestión. Por ejemplo, en ocasiones, el público, con Curro o con Rafael, se han estremecido ante un lance que tan sólo han apuntado. Ahí está el milagro. Bergamín lo dice muy bonito. El toreo hay que escucharlo con los ojos y verlo con los oídos. Ahí radica el toreo gitano; en lo que sentimos.
-En su libro profundiza en el miedo del torero.
-Es lo más torero que hay. Está en el capote de paseo, en el traje de luces colocado en la silla, en el espejo antes de salir para la plaza, en la cama de la habitación del hotel. Es un miedo santo. Tiene similitud metafórica con el de Jesús en el Monte de los Olivos cuando se encuentra para ver venir el miedo y prenderse de él. El torero se viste y se enfunda en su capote. Ahí está el valor del torero, en su miedo santo. En ese sentido, Rafael de Paula es el único torero que merece ser considerado hijo de los místicos, Santa Teresa, San Juan de la Cruz, San Agustín.
-Entronca con el sufrimiento y el dolor como fuente de inspiración.
-Sí, sí. El dolor. El sufrimiento es una forma de elevación espiritual. Es necesario. Sólo lo he visto en Rafael de Paula y, a veces, en Curro Romero. Saber sufrirse y transmitirlo está en manos de muy poquitos.
-A ellos los considera los últimos poetas del toreo.
-Me siento dichoso de haberlos visto torear. Ojalá hubiera visto a Cagancho y Pepe Luis Vázquez. Para mí, Curro Romero y Rafael de Paula son los poetas.
-Con ellos no cabe la prosa.
-No. Son grandes engatusadores. Los poetas que ofrecen tantísima belleza no son conscientes de ello. Con ellos termina la época romántica del toreo.
-En el libro palpita que el toreo es ante todo rito.
-Sí. El camino de la verdad del toreo es el rito. Hay otras maneras de llegar al éxito, pero de manera birlonga. El toreo, cuando no es rito, es profanación.
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