La mirada de los niños a Velázquez y Murillo
Fundación Focus y Engranajes Culturales organizan las visitas familiares a la exposición
Un Velázquez algo despistado con "el instrumento del demonio" que es un móvil, recibe a los niños que se acercan al Hospital de los Venerables el sábado y el domingo por la mañana. Saben algo de Velázquez, en la entrada de la sede del Fundación Focus, los mayores les han explicado algo tanto de este pintor como de Murillo. Pero el guía que ha tocado en este grupo es nada menos que el pintor de las Meninas.
Cuando el artista sevillano entró como aprendiz en el taller de Francisco Pacheco, tenía seis años. La misma edad que Gustavo, que contempla atónito cómo el pintor explica que no hay nada nuevo bajo el sol. En su época los selfies se hacían con pinceles, y se llamaban autorretratos. Más de uno de los niños , a la salida, quiso hacerse muchos autorretratos con el teléfono de los mayores.
Ante el cuadro de la Adoración de los Reyes, explica también la obra de su amigo Murillo, La sagrada familia del pajarito. Y es que, la exposición Velázquez. Murillo. Sevilla de la Fundación Focus comenzó desde el pasado fin de semana un programa de visitas en familia, en colaboración con Engranajes Culturales. Una oportunidad para que los niños hagan ver la pintura con otros ojos a los adultos porque sus miradas captan matices y tonalidades que escapan a los mayores. De este modo, donde los adultos ven los cuadros de los pequeños mendigos pintados por Murillo, ellos aprecian niños que están tristes, pero que sonríen. Velázquez les recuerda entonces que actualmente existen niños que viven con dificultades, huyendo de la guerra o del hambre, pero que son capaces de jugar.
La muestra comisariada por Gabriele Finaldi que reúne 19 cuadros de los dos genios sevillanos tiene con esta visita un toque divertido del que se contagia el resto de los visitantes. Muchos se acercan al grupo de niños sentados en el suelo, primero con curiosidad, y después con admiración ante las preguntas con las que ponen en algún que otro apuro al avispado Velázquez. Porque la curiosidad infantil parece no tener límites ni ante el mismísimo pintor de la corte.
El momento crucial de la visita es ante el cuadro de la infanta Margarita. Una de las niñas se viste como la hija de Felipe IV y un niño como Velázquez. De este modo, el pintor explica cómo llego a ser pintor de la corte y explica que era su personaje favorito.
El pintor explica su vida y de este modo, Reyes, otra de las niñas que acuden a la visita, se sorprende al saber que, sólo con un par de años más de los que ella tiene, el pintor se presentó al examen para ser aceptado en el gremio.
Una vez vistos los cuadros, Velázquez invita a los niños a su taller. Allí, aprenden a hacer pinturas al huevo, y los pequeños hacen sus propios cuadros. El resultado: tantas interpretaciones del tema propuesto para pintar como pequeños pintores y, todos justificando perfectamente su tema, como si estuvieran ante los académicos más exigentes.
Pero aún hay más. La visita continúa con ellos vestidos de Velázquez y ellas de infantas Margarita. Y, por supuesto, todos queriendo quedar inmortalizados en los modernos lienzos que son las fotografías hechas con los teléfonos móviles con un grabado de Sevilla en tiempos de Velázquez y Murillo como paisaje de fondo.
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