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Herederos de los Cromberger

  • Les Chevalets es una imprenta tradicional especializada en tipografía y creada por diseñadores gráficos

Finales del siglo XV. Sin saberlo, Cristóbal Colón acaba de descubrir América y cincuenta años antes Johanes Gutenberg imprimió su Biblia de 42 líneas. Había comenzado la Edad Moderna y Sevilla se convirtió en una pujante urbe por su condición de Puerta de Indias. La incipiente industria del libro se expande por toda Europa y la capital hispalense no fue una excepción. Con la dinastía de los Cromberger a la cabeza, la ciudad fue uno de los centros de producción más importantes de la península. Quinientos años después existe un taller en un local de la céntrica calle Bustos Tavera, a diez minutos a pie del fundado por Jacobo Cromberger, que utiliza las técnicas de Gutenberg para darle una vuelta de tuerca al diseño gráfico y, sobre todo, a la tipografía.

"Con estos métodos es como mejor se aprecian los orígenes y se aprende a valorar el funcionamiento de esta disciplina. Además, los resultados son distintos a los de las imprentas modernas", asegura Abel Martín, diseñador gráfico sevillano que se embarcó hace un par de años en la asociación cultural Les Chevalets. Como compañeros de viaje tuvo a sus paisanos y colegas de profesión Alejandro Rojas y Fátima González, además de a Marta Pérez Asiáin, una diseñadora de interiores nacida en Navarra.

El proyecto nació en la primera edición del Sevilla Design Walk, un evento creado por Rojas y González para fomentar la cultura del diseño. "La Familia Plómez, una imprenta similar a la nuestra, dio una charla que nos ayudó a lanzarnos", recuerda Martín. Los inicios, en marzo de 2013, fueron en LAB Sevilla, donde empezaron con dos imprentas, un chibalete -el mueble donde se guardan los tipos- y un tórculo, un tipo de prensa que sirve para hacer grabados. Sin embargo, la historia de Les Chevalets dio un giro cuando decidieron buscar un local propio. "Antes no existíamos y ahora vamos haciéndonos un hueco. Aunque tenemos que mejorar la comunicación y señalizar el local, quien viene se enamora", explica González en referencia al espacio que ocupan desde el pasado mes de febrero.

Los caballos han desaparecido de este antiguo establo y su lugar ahora lo ocupan dos imprentas, una Adana manual y una Heidelberg eléctrica, varios chibaletes repletos de tipos de plomo y madera y otras máquinas relacionadas con la impresión tradicional. Casi todos los objetos que hay en el céntrico local proceden de Sevilla. "El mercado de segunda mano por internet aquí es muy limitado, por lo que hemos conseguido el material buscando por imprentas de la ciudad", cuenta González, aunque Abel Martín apostilla que hay un tipo que han comprado en Londres: "Las arrobas las hemos tenido que pedir, porque hasta hace quince o veinte años no se utilizaban en impresión y ahora están en muchas tarjetas de visita", apunta.

Aunque su apuesta por esta técnica centenaria parece única, saben que hay otros negocios que todavía utilizan el invento de Gutenberg, pero su originalidad radica en una reinterpretación del ingenio alemán. "Las otras imprentas conservan un método y una cultura visual más antigua. Nosotros experimentamos mucho. Llevamos la tipografía clásica a la actualidad", manifiesta Abel Martín, que se refiere a los relieves y troqueles o al uso de tintas flúor, metalizadas e, incluso, ecológicas.

Los clientes de Les Chevalets tienen dos opciones, solicitar un producto ya desarrollado para su impresión o presentar su idea para que, en la medida que se dedican al diseño gráfico, la realicen desde cero. "El cliente que ya tiene una creación digital y quiere trabajar con nosotros nos pide que a adaptemos a los tipos de plomo. Para ello, utilizamos una tipografía idéntica, si la tenemos, o similar. También existe la posibilidad de crear un cliché exacto de zinc", explica Martín. Según cuentan los impulsores de Les Chevalets, se valora mucho el sacrificio que implica este proceso, la capacidad de ver cómo se compone manualmente su petición o la variedad de tipos de papel que ofrecen, pero Abel Martín destaca, sobre todo, "el punto romántico que tiene imprimir con tipos de plomo".

La oferta de esta asociación se completa con cursos y talleres de las disciplinas a las que se dedican. "Queremos ser un punto de encuentro, organizar visitas e, incluso, hacer producción propia para que quien venga tenga un recuerdo", señala Fátima González, que asegura que el avance es satisfactorio, aunque algo lento. "No podemos hacer una gran producción, lo que nos ayuda a disfrutar más con el proceso y fijarnos en los detalles", apunta la sevillana. En definitiva, estos tres emprendedores han decidido homenajear a la imprenta clásica de la mejor forma posible: dándole vida.

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