Playas de interior
Un embalse cercano a Antequera se convierte en una alternativa para los que huyen de la masificación del litoral en verano
Málaga es mundialmente conocida por su turismo de sol y playa. La marca Costa del Sol es el emblema que vende a la provincia, pero, el interior esconde varios oasis que tienen poco que envidiar a las zonas tradicionales donde los turistas pasan el verano. Uno de estos enclaves se encuentra situado a medio camino entre Málaga, Antequera y Ronda, en el centro de un triángulo con potencial turístico: los pantanos del Guadalteba. Una playas interiores, que son la opción de naturaleza que muchas familias y visitantes extranjeros eligen para alejarse de la masificación que se produce en las playas durante el periodo estival.
Uno de estos oasis se encuentra en las orillas del pantano Conde del Guadalhorce, al que se llega de forma fácil desde la carretera que conduce desde Ardales hacia los embalses y que discurre bordeando este lago artificial. Al comienzo del recorrido por esta vía se aprecian los primeros coches y personas en las orillas de mayor tamaño y de acceso libre. Toallas y cañas de pescar conforman un paisaje veraniego al que pronto se le añade la imagen del primer punto de alquiler de hidropedales, situado en un bosque de eucaliptos.
En la orilla del pantano está una de las playas más extensas y de más fácil acceso, donde se puede alquilar una de estas embarcaciones con capacidad para cuatro personas por un precio de 12 euros la hora. Gracias a este negocio, la familia que los gestiona se hace con un complemento adicional durante la época de verano, en especial, durante los meses de julio y agosto, temporada alta en la zona. Cerca de allí, en el cruce del pantano del Chorro, pueden verse los primeros carteles que anuncian que hay zonas habilitadas al uso recreativo y de actividades acuáticas.
Para alojarse en la zona, los visitantes cuentan con el complejo del camping de Ardales y La Isla, dos instalaciones que cuentan con servicios para los turistas. En La Isla, conocido así porque en su interior hay un pequeño montículo de tierra en los años que el agua tiene un nivel más elevado, aparece un rincón de calas en las colas del pantano con aguas cristalinas y que dejan ver un intenso color turquesa cuando el sol luce con fuerza.
"Siempre venimos aquí", comentan los miembros de una familia rondeña que pasan un día de ocio en el pantano. De la zona, destacan tranquilidad que supone poder dejar el coche en un aparcamiento vigilando -por un euro el día completo de estacionamiento- y disfrutar de mesas en el bosque, además de otros servicios, como los aseos.
Este punto cuenta con un embarcadero propio para el alquiler de hidropedales de diferentes tipos, canoas o el equipo para la práctica de paddlesurf. "Estos deportes se han puesto de moda y hemos tenido que introducirlos", explica Manuel García, que, junto a Antonio González, es el responsables de unas instalaciones que son propiedad del Ayuntamiento de Ardales y que se gestionan mediante una concesión.
Salir a navegar por las aguas del pantano es uno de los grandes atractivos para los visitantes, sobre todo en las mencionadas embarcaciones a pedales. Además del precio base para cuatro personas, hay otros más económicos. Por ejemplo, los hidropedales que no tienen tobogán tienen un coste de nueve euros por hora. En el otro lado se encuentran los que tienen instalado un tobogán de gran tamaño, que cuestan 17 euros por hora y disponen de escalerilla.
Los clientes van y vienen en un goteo que suele ser mucho mayor durante los fines de semana y cuando el sol verdaderamente calienta, algo que todavía no se ha producido este año. Sin embargo, y en contra de una creencia generalizada, el agua de este pantano está a una temperatura muy agradable para el baño. De lunes a viernes la mayoría de los clientes suelen ser alemanes e ingleses, mientras los fines de semana los turistas nacionales son mayoría. No obstante, este espacio también ha sido elegido por una familia formada por un holandés, una rusa y la madre de ésta para pasar una jornada de descanso. "Había venido hace muchos años con mis amigos y hemos decido venir aquí", explica el ciudadano holandés, residente en Málaga. "El agua está muy limpia y no está fría", afirma su esposa.
A pocos metros de allí, bajo la sombra de un pino de gran porte hay una imagen netamente playera. "Servicio de hamacas, tres euros", puede leerse en el cartel, dispuesto en un tronco. A pocos metros un grupo de cinco turistas ofrecen una imagen que se asocia con las playas y que es difícil imaginar en mitad de un parque natural del interior y rodeados de árboles. "Los fines de semana es complicado pillar sitio", explica el miembro de otra familia que está cerca del puesto, al tiempo que asegura que "parece una playa, con toda la orilla llena".
Y mientras en la orilla de La Isla los visitantes disfrutan de los servicios, enfrente se encuentra otro grupo de bañistas que ha optado por irse a la zona libre, aunque ello conlleva tener que buscar el camino adecuado para poder descender desde la carretera hasta la zona de playa, situada en una pequeña cala en uno de los rincones del pantano. También hay turistas que no se preocupan por llevar la comida. "Venimos aquí y cuando llega la hora de almorzar nos vamos a las ventas, que se come muy bien y no tienes que venir cargado", señalan los integrantes de otra familia.
También te puede interesar
Lo último