Cristina Muñoz | Psicóloga sanitaria, 'coach' y CEO de Positivate | EnRedados “Es necesario que sepamos quién llama a la puerta del móvil de nuestro hijo”

  • ¿Cuál es la edad más adecuada para que un menor acceda a un Smartphone? ¿Y a las redes sociales? ¿Cuáles son sus riesgos? ¿Qué pautas debemos seguir?  Lee la entrevista y los consejos para padres 

Entrevista a Cristina Muñoz

Queridos Reyes Magos: “Este año me gustaría tener un móvil”. En la carta de muchos menores esta frase se repetirá mucho, y cada vez a una edad más temprana. Una situación que pone en jaque a padres que no saben cómo actuar o cómo informarse para aceptar o no la entrada en casa de este terminal que lleva,  en el 99% de las veces, implícita la conexión a internet y redes sociales.

Ante esta situación tan cotidiana, no sólo en Navidad, decido sentarme para charlar con Cristina Muñoz, psicóloga sanitaria, formadora, coach y CEO de Positivate. Una profesional andaluza con una dilata experiencia en terapias familiares donde el móvil y las redes sociales son los protagonistas. 

-Empecemos por la pregunta del millón: ¿Cuál es la edad adecuada para que un menor comience a tener un móvil?

-Es complicado establecer un criterio único para dotar al niño o niña de la libertad de tener acceso a un mundo lleno de posibilidades, y esto dependerá siempre del nivel de madurez, el tipo de comunicación familiar, la dinámica en la que nos movamos… Aunque sí podríamos establecer una edad “orientativa”. Podemos diferenciar entre “teléfono móvil”, y “conexión a Internet y redes sociales”.  Aunque son conceptos que van de la mano, no representan lo mismo. El terminal móvil es un aparato capaz de generar adicción comportamental por las características que tiene. Además, cuando son demasiado pequeños se produce una especie de fenómeno de fascinación: luces, colores, imputs que llegan sin parar cuyo nivel de desarrollo no es capaz de asimilar o sostener con la misma velocidad a la que el terminal en sí responde.

-¿…Y con acceso a Internet?

-Aquí ya la cosa se complica un poco más: la edad adecuada sería la adolescencia, aunque el “acceso oficial” permitido a redes sociales oscila entre los 13 de Instagram y los 16 de Watshapp. Aunque sean las edades establecidas, por decirlo de algún modo, todo dependerá del nivel de implicación y gestión parental y por parte de la familia que se haga de este acceso. Si no tenemos consciencia de lo que tenemos entre manos, es difícil manejarlo. Nos encontramos con padres y madres que no saben cómo funciona el buzón de entrada de Instagram o las story, y tienen hijos o hijas que las manejan a la perfección.

-Y ante esta situación, ¿qué papel deben jugar los padres?

-Por una parte, hemos de hacerles entender que el teléfono no es un derecho, es una concesión o un regalo o incluso a veces hasta una consecuencia directa del cumplimiento de sus propias obligaciones. La relación que han de establecer con el móvil ha de estar pautada sobre todo en los inicios, resulta muy interesante claro, que hagamos tratos con ellos y ellas. Desde un horario de utilización, hasta restricción en la conexión a Internet, e incluso hacer explícitas las reglas en caso de ruptura del terminal o pérdida. No es aconsejable que crezcan pensando que “les es legítimo” y si se estropea tendrán que tener otro porque les pertenece.

-Existe incluso un contrato que promueve la Policía para que padres e hijos lo firmen. Un acuerdo de buen uso del móvil e internet.

-La propuesta de la Policía es muy interesante, abarca muchos aspectos de la relación del menor con el teléfono. Además, añadiría que este “trato explícito” o sistema de reglas puede ser un código ético o de buenas prácticas que no solo abarque a menores de 13 años, es decir, puede aplicarse a cualquier franja de edad. Es muy eficaz que los pactos que establecemos con nuestros hijos/as puedan recogerse de algún modo.

-¿Qué peligros puede tener para un menor servicios de mensajería instantánea como WhatsApp?

-Depende en gran medida del adolescente en cuestión. Hemos de tener en cuenta que el nivel de información, vídeos, fotos, enlaces… que llegan al terminal es incontrolable. Aun así, es recomendable la supervisión de los contactos que tienen en el teléfono, la visibilidad de los estados y la foto de perfil. No somos los detectives, pero sí se hace necesario un mecanismo de gestión directa de la mensajería, no sabemos hasta qué punto del mundo están viajando sus palabras, su voz o incluso sus imágenes. No es necesario que les leamos el diario, pero la protección es diferente. A nadie le gusta que le observen por la mirilla, a ellos tampoco, pero sí es necesario que sepamos quién llama a la puerta.

"El teléfono para un menor no es un derecho, es un regalo o incluso hasta una consecuencia directa del cumplimiento de sus obligaciones"

-Y con él móvil, llegan las redes sociales. ¿Cómo influyen psicológicamente en los jóvenes?

-Hemos de tener en cuenta que el ser humano recibe unos cuatrocientos millones de estímulos por segundo, partiendo de esta base, imagina la cantidad e información confusa que puede percibir un menor sensorialmente y que puede no estar integrando. Fotos, vídeos, comentarios agresivos, publicidad… puede volverse caótico. Incluso mayores, caemos también en el patrón del “exceso de felicidad”: aparentar estar bien no significa estar bien. Tendemos a las comparaciones, lo que está generando elevada frustración en la población tanto de jóvenes como de adultos, llevándonos a desarrollar miedo al fracaso, problemas de identidad y de autoestima e incluso ya se tiene en cuenta como factor importante para el desarrollo de cuadros de tipo ansioso o de corte depresivo. La vida real es en tres dimensiones y se toca, se palpa, se vive y se siente, no es posible que nos fijemos en un modelo plano que cabe tras una pantalla para establecer ahí un punto de referencia realista.

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