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Tras la estela de San Miguel

  • En los últimos dos años, la plaza de abastos de Triana ha sufrido un cambio de actitud con la apertura de salas culturales y puestos 'gourmet', con el mercado madrileño como referencia

Renovarse o morir. La cultura de los mercados de abastos resurge de sus cenizas. Tras años de puestos cerrados, los propios comerciantes intentan sacar a flote sus negocios y abren sus brazos a nuevas líneas comerciales. El Mercado de San Miguel de Madrid se alza como modelo de referencia y, ante la perspectiva de la apertura de las Naves del Barranco como un centro gourmet, los tradicionales mercados de abastos sevillanos trabajan en un lavado de cara.

Es el caso del Mercado de Triana, situado en la plaza del Altozano, sobre los restos del Castillo de San Jorge, sede de la Inquisición. Con más de 165 años de historia, en 1992 sufrió una remodelación que mantuvo el espacio cerrado durante una década. Sin embargo, no ha sido hasta hace dos años cuando puestos clásicos de fruta, pescado y carne han comenzado a convivir con negocios gastronómicos especializados, como una ostrería, o espacios culturales, como Casala Teatro. "Durante años, el mercado tradicional estaba de capa caída, con numerosos puestos cerrados, y ahora hay lista de espera para entrar", explica Teresa Ojeda, presidenta de la asociación de comerciantes de esta plaza de abastos. Antigua empresaria taurina y zaragozana, Ojeda y su puesto Tapincho forman parte de la oleada de nuevos negocios. "Al principio, fue un choque muy fuerte para los comerciantes tradicionales, pero ahora se muestran contentos y participativos".

Según la vicepresidenta de la asociación, la canaria Liduvina González, desde la junta directiva se está trabajando duro para impulsar el mercado y crear una mayor demanda: "Apostamos por el autoempleo y creemos que la nueva línea de ocio y restauración puede permitir, con una futura ampliación de horarios, la creación de puestos de trabajos".

Dentro de las acciones programadas para impulsar esta plaza destaca la celebración de una serie de actividades infantiles en torno a la Navidad, sobre todo el domingo 29 de diciembre. "Con la ayuda del distrito Triana, el mercado será sede de actos como la final de un concurso de campanilleros, al igual que ya se eligió al rey Gaspar de la cabalgata del barrio", comenta Liduvina González, una aparejadora que, junto a una compañera de profesión y ante la necesidad de reciclarse en tiempos de crisis, decidió hace unos seis meses abrir Mimum, un espacio especializado en repostería casera y batidos y zumos naturales.

Como novedad, este año, la asociación de comerciantes ha decorado la fachada del edificio y los pasillos, de cuyos techos cuelgan árboles de Navidad hechos a base de cajas de frutas, una idea del escultor Fernando Rodalva, el primero en abrir un negocio diferente en este mercado: un teatro.

El telón de Casala Teatro se abrió por primera vez en mayo de 2012. Desde entonces, se suceden los espectáculos flamencos orientados a turistas, las funciones y actividades escolares y las representaciones teatrales. "El objetivo es acercar la cultura al barrio; y qué mejor sitio para hacerlo que en un mercado de abastos. No queremos que resulte un esfuerzo ir al teatro y, así, ofrecer una imagen de cotidianidad", señala Rodalva, que trabaja junto a Sara López y Enrique Linera, encargado de la programación. "No obstante, no fue fácil. No existían precedentes y el Ayuntamiento de Sevilla tardó un año y medio en concederme la licencia".

Desde hace varios meses, Casala Teatro cuenta con la colaboración del actor Antonio Dechent, que hasta enero interpretará La voz humana, de Jean Cocteau. "Más de 1.500 personas han visto ya este espectáculo", señala Rodalva.

Lo que hace peculiar a este teatro es que el espectador se topa con la Huerta de Miguel nada más salir de la sala. "Es cierto que el teatro le da publicidad al mercado, pero tengo mis dudas con respecto a que los nuevos puestos beneficien a los comerciantes tradicionales. Por ejemplo, el que viene al bar, no viene a comprar fruta o pescado", manifiesta José Antonio González, que trabaja junto a la familia Chaves, una saga de fruteros que ya va por la cuarta generación, siempre en Triana.

Tanto la familia Chaves como la de Alfredo, que regenta una charcutería desde hace 20 años, han vivido la evolución del mercado. Ambos negocios conocieron el edificio original y pasaron cerca de diez años en el mercado provisional de la calle Pagés del Corro durante los trabajos de remodelación. "Los nuevos negocios han traído un público diferente. Está bien, pero yo me mantengo gracias a mi clientela fija, principalmente", señala Alfredo a la vez que corta jamón.

La cervecería internacional Taifa o la Abacería Gourmet Altozano también han abierto recientemente. "Lo importante es la materia prima y, lo bueno de tener el bar dentro de un mercado es que todo lo tienes fresco", señala Luis Fernández, propietario del Bar La Muralla, que abrió tras la reinauguración de la plaza de abastos, hace 12 años, y del bar El Mercado. "Me gusta decir que soy el almacén de la plaza: si no tengo lo que el cliente me pide, voy a un puesto y lo compro en el momento, fresco, y delante del cliente", menciona el hostelero, orgulloso de sus calderetas y hamburguesas de toro, sus dos tapas estrellas.

La cocina internacional es el plato fuerte de La Casa Fundida, un negocio regentado por los arqueólogos Ernesto Rangel y Ferrán Rodríguez. La falta de oportunidades laborales en su sector llevó a estos dos jóvenes sevillanos a abrir en pleno mercado un espacio donde uno puede tanto tomar un vermut como disfrutar de diferentes actividades culturales como exposiciones, presentaciones de libros, tertulias, cuentacuentos y pequeños espectáculos. "Trabajar dentro del Mercado de Triana tiene sus ventajas e inconvenientes. Por un lado, es un lugar de referencia en el barrio, un sitio reconocido; pero, por otro lado, al pertenecer a un conjunto hay muchas cosas que no dependen de ti, como por ejemplo los horarios: nosotros no podemos abrir los domingos por la noche", señala Ferrán Rodríguez, uno de los socios.

El aspecto vintage de La Casa Fundida se mezcla con otro de los propósitos de estos dos arqueólogos convertidos en empresarios: "Queremos recuperar platos de la zona como el chorizo al infierno, a la vez que ofrecemos platos más internacionales como pollo al cuscús o moussaka", apunta Rangel.

Pero no es oro todo lo que reluce. A pesar de que las obras del Mercado de Triana sólo tienen doce años, algunos comerciantes se quejan de problemas en su estructura. "El cambio ha sido notable, no lo dudo, pero siguen existiendo las mismas goteras que hace doce años, cuando se inauguró", manifiesta el empresario Luis Fernández. La familia Chaves también muestra una opinión controvertida: "El nuevo mercado es más cómodo, pero no hay aparcamientos cercanos. Además, la peatonalización de San Jacinto nos ha afectado mucho". Ante estas quejas, la presidenta de la Asociación de Comerciantes del Mercado de Triana, Teresa Ojeda, asegura que la junta directiva de esta entidad se ha reunido con representantes del Ayuntamiento de Sevilla y ha presentado todas sus demandas. "Todavía no se ha llevado a cabo ninguna acción, pero nos aseguraron que existe una partida presupuestaria para el próximo año que se destinará a mejoras en el mercado de Triana y en el del Arenal". Las intenciones para que la plaza recupere su luz plena están, ahora sólo falta llevarlas a cabo.

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