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Un hermano mayor para crecer

  • Mentoris es un innovador método de intervención socioeducativo para familias con hijos adolescentes y jóvenes con problemas de conducta

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La vida de María y su familia era hasta hace unos años la deseada por cualquiera. Un núcleo familiar unido, un buen trabajo, una buena casa en un buen barrio y un buen centro de estudios para sus hijos. Fue hace un año cuando todo cambió. La rebeldía de su hijo mayor, propia de la adolescencia, se tornó en violencia, "verbal", afirma esta sevillana, que no sabe "qué límites se habrían rebasado si no hubiéramos dado con la clave". Una convivencia difícil, provocada por el consumo de drogas del menor que le hacía perder el control, marcaba su día a día. Hoy saben que la presión de los estudios y la baja autoestima, entre otros motivos, le llevaron a esta situación que hizo que se rodease de una red de amigos "tóxicos" de los que aún no ha podido desprenderse del todo, a pesar de que sus avances en la conducta han sido notables.

Mentoris, empresa dedicada a la mediación filioparental y especializada en casos de violencia, está siendo gran parte de la solución a su problema. Su metodología nada tiene que ver con lo visto hasta el momento en mediación familiar. "Recuerda al programa de televisión Hermano Mayor, porque tratamos nuestros casos en el espacio natural donde se desenvuelve el menor. Por ejemplo, si no sale de su casa, allí nos desplazamos; que es al contrario y no está nunca en casa, salimos con él a la calle", explican Antonio Chamorro y Cosette Franco, creadores del proyecto. Es así como empiezan a intervenir con los agentes que educan al menor (padres, novia, grupo de amigos...). "Somos su coach, aunque a nosotros nos gusta más el término mentor, una persona que acompaña en el crecimiento familiar".

Antonio Chamorro es educador social y pedagogo; Cosette Franco, pedagoga y antropóloga. Ambos, con más de 20 años de experiencia, trabajaron gran parte de su carrera con familias en riesgo de exclusión en el Polígono Sur, en concreto, en asuntos de mediación. Un día, se les presentó un caso que poco tenía que ver con la tipología de familia con la que estaban acostumbrados a tratar. Una mujer de una familia acomodada les pidió ayuda para resolver un conflicto con su hijo al que no encontraba salida. Fue éste el punto de partida de Mentoris. El boca a boca se extendió y ya llevan un año y medio en el que han resuelto 21 casos, algunos de ellos pasaron antes por el internamiento del joven en un centro de menores.

Esta veintena de familias que han acudido a los pedagogos sevillanos no son casos aislados. En 2014 se registraron en la provincia de Sevilla 493 denuncias de violencia filioparental. En los últimos cinco años se han multiplicado por cuatro estas infracciones. Es significativo que el número de chicas que ejercen este tipo de violencia ha aumentado exponencialmente y que la edad en la que se desarrolla ha bajado de los 16-17 años a los 14-15. "Por supuesto, el perfil de familias que sufren este problema no es ya exclusivamente la de riesgo en exclusión social. Cada vez más se da en jóvenes de familias de clase media-alta, que es a los que nos dirigimos", detalla Cosette Franco, que reseña como para este tipo de familias los servicios sociales no son la solución, porque al no estar en riesgo de exclusión no son atendidos, y la consulta del psicólogo muchas veces tampoco, ya que los jóvenes, si llegan a acudir, van en contra de su voluntad y aplicar las dinámicas se vuelve una misión imposible.

Mentoris entra en la vida de estas familias de forma presencial, pero, según María, "lejos de resultar incómodos, todo se convierte en un proceso muy natural". Tras una primera reunión, -en la que el joven suele negarse a acudir, aunque finalmente acceden de una u otra manera-, es el propio joven quien, por afinidades, elige a su mentor. A partir de ahí, ya empieza a producirse el cambio. "No somos sus padres, ni tampoco sus amigos, así que muchos consiguen vernos como alguien a quien contar sus inseguridades, sus problemas... y se apoyan en nosotros creando un vínculo muy especial", detallan los mentores.

El proceso puede ser largo hasta que la familia camine sola pero, por el momento, la recompensa merece la pena. "El 100% de nuestras familias recomendarían nuestros servicios", afirma Franco. "Al menos, ya podemos salir a tomar una tapa todos juntos sin que surja el conflicto", añade María, que se encuentra en la segunda fase del proceso con su hijo, donde ya sólo se citan con el mentor una vez al mes -si no se necesita más veces porque están 24 horas disponibles-, aunque el contacto telefónico es frecuente.

Cuando los expertos tienen que descifrar cuáles son las claves rotas para que todo estalle en el seno de un hogar de esta tipología de familias de clase media-alta, lo tienen claro: "Falta de comunicación, falta de normas, falta de herramientas y habilidades de los padres que les impide saber actuar ante problemas de adicciones, las nuevas tecnologías, las drogas, las amistades tóxicas... En conclusión, la falta de un proyecto vital y común a todos. La superprotección se vuelve en contra. Hace falta decir más veces no. Ver la norma como una expresión de cariño y hacerles entender que existen las reglas porque les importas".

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