Vivir

La naturaleza como maestra

  • El Colegio Público Emilio Prados utiliza los huertos urbanos como un material didáctico más

Mientras algunos proponen la introducción de las últimas tecnologías en las escuelas como la panacea de la educación pública en España, uno de los profesores del Colegio Emilio Prados, en el Cerro del Águila, tuvo hace cuatro años una particular idea: reutilizar el vertedero del centro y habilitar en él un huerto urbano. Hoy, aquella iniciativa que puso en marcha Jorge Endrino, uno de los maestros del primer ciclo de Primaria se ha convertido en proyecto del colegio donde participan los alumnos, unos 600, y se implica el profesorado e incluso algún vecino del barrio. Lo positivo de estas huertas, según Endrino, es que son un instrumento más para enseñar a los pequeños y que permite abarcar varias disciplinas.

No era un experto en botánica ni tampoco un apasionado aficionado, pero Jorge Endrino pensó que sería una buena idea vaciar de sillas y pupitres viejos el patio interior del Colegio Emilio Prados, donde trabaja, y convertirlo en un huerto urbano al servicio del aprendizaje de 600 escolares. "Yo no tenía muchos conocimientos. Me he puesto las pilas y he ido aprendiendo junto a los pequeños", reconoce este profesor sevillano, que actualmente se forma en La Huerta Conciencia en Dos Hermanas. El proyecto empezó con la construcción de cajas de madera para albergar los primeros cultivos de los que se encargarían los niños de primero y segundo de Primaria, y, ahora, además de ese patio interior, hay otras tres zonas de plantaciones donde todos colaboran.

El coordinador del proyecto de los huertos urbanos, Jorge Endrino, resalta que esta actividad agrícola aporta al alumnado más de lo que se pueda pensar a priori: sólo sembrar y recolectar. Pero cada contratiempo ha ido enriqueciendo el aprendizaje abordando otras disciplinas. Por ejemplo, hace semanas observaron que había orugas en las lechugas. Decidieron trasladarlas a una vitrina que colocaron en la clase y, de esta manera, apunta Endrino, los niños están observando el comportamiento de estos animales.

Los escolares se encargan del mantenimiento de estas pequeñas huertas por turnos y durante los recreos. Recientemente, les tocó a los de sexto plantar patatas en el huerto que cedió el Servicio de Parques y Jardines del Ayuntamiento de Sevilla al colegio en una zona aledaña, en el Parque Estoril de la Plaza Miguel Hernández. Esta planta tardará tres meses hasta que se puedan recogen sus frutos, algo que ya saben bien Adrián y Marina. Abrir la tierra con la azada e introducir las semillas de las que brotarán los alimentos es el procedimiento favorito de Adrián, mientras Marina valora el sabor de estos productos por encima de los que compra su madre: "Se nota mucho cuando la lechuga es la del cole".

Los alumnos del último ciclo de Primaria plantan en este espacio para el que hay que salir del colegio y caminar unos pocos metros y donde, por fortuna, muchos vecinos del barrio disfrutan del proceso a diario. Algunos se paran a aconsejar a los pequeños cómo proceder cuando pasan por allí y otros, como Eduvigis Delgado y José Sánchez, cuya nieta está en el colegio y dice de ella con orgullo que hace días fue una de las encargadas de sembrar habas, ya son colaboradores habituales. "Los niños de ahora están muy lejos de estas cosas, así que todo lo que se les explique respecto a cómo es la vida y la naturaleza mejor para ellos", opina Delgado. El proyecto cuenta también con la colaboración externa del voluntario de WWF José María Ortega e interna del monitor escolar, Florencio Pérez Belmonte.

Acelgas, lechugas, rábanos, ajos, espinacas y patatas, entre otros productos que se plantan según la época del año, albergan estos huertos. La primera recolección es para los niños y sus familias, aunque habitualmente también suelen realizar con estos productos actividades tales como elaborar una ensalada en clase con los compañeros, según explica el coordinador de los huertos. Por segundo año consecutivo se están planteando la venta del posible excedente entre los padres y profesores, una solución cuyos beneficios se reinvertirán en el proyecto, que actualmente costea casi por completo el centro educativo, para que siga creciendo y permitiendo que niños y adultos conozcan la naturaleza de forma directa y amena. La última propuesta ha sido la de la profesora de Educación Física, Lucía López, que ha llenado los arriates del edificio de plantas aromáticas de diversos tipos.

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