Reivindicando a Villalón en los dominios de Alberti

calle rioja

“Todos los personajes de mis novelas son secundarios, el protagonista es la idea”

10056828 2024-12-19
Reivindicando a Villalón en los dominios de Alberti

18 de diciembre 2024 - 03:09

En el centenario de Marinero en tierra, José León-Castro Alonso (Sevilla, 1950) se ha ido a la tierra natal de Rafael Alberti para reivindicar la figura de Fernando Villalón en su tercera novela, La dehesa marina. La publica en Terra Ignota, donde también vieron la luz Postales solo de ida y Sucedió en Sevilla. La fertilidad literaria de la segunda vida de quien durante casi medio siglo fue profesor y catedrático de Derecho Civil le lleva a estar ya escribiendo la que será su cuarta novela. “En 49 años de profesor saqué tres monografías; en cuatro años de jubilado llevo tres novelas”.

“Todos los personajes de mis novelas son secundarios, el protagonista es la idea”

Carlos Peñaranda Chavarría, el personaje nuclear de la novela, nace el 12 de julio de 1941. Hace once años que ha muerto Villalón, pero su figura irá emergiendo a lo largo de las páginas, en cuanto se produzca “un giro de tuerca, un golpe de timón”, en palabras de su amigo Pablo Badillo, que presentó La dehesa marina en el Círculo de Labradores. Los dos comparten animadas tertulias en dos de los escenarios principales de la novela, Sevilla y El Puerto de Santa María, en cuyo colegio San Luis Gonzaga de los Jesuitas estudiaron Alberti, Villalón, Juan Ramón y Pedro Muñoz Seca. El tercer escenario, intermedio entre los anteriores, es El Coronil.

El padre de Peñaranda regenta tres fincas en la Baja Andalucía. Las tres en municipios en los que en tiempos de la reforma agraria de la Junta era frecuente asistir a ocupaciones por parte de jornaleros y evacuaciones de la Guardia Civil: Los Hurones, en Trebujena; La Mimosa, en El Coronil; Las Escombreras, en Villamartín. En el límite de las provincias de Sevilla y Cádiz, las dos patas del mundo en la cosmogonía de Villalón, en palabras de León-Castro “el gran olvidado de la generación del 27 ahora que se prepara el centenario de este extraordinario grupo de poetas”. Pablo Badillo se sumó a esa opinión: “No ha trascendido como aglutinador ni siquiera como miembro de esa generación”. No hay más que leer las páginas de La arboleda perdida de Alberti para desmentir esa patraña. Ninguno de los tres sevillanos de la generación (Cernuda, Aleixandre, Villalón) aparece en la fotografía del Ateneo. “Villalón, más que el torero Ignacio Sánchez Mejías, fue el que preparó aquel encuentro de Sevilla”, dice el autor de la novela.

En la portada se ven olivos plantados a la orilla del mar. Marinero en tierra. En el mayo francés, aquellos soñadores que se vieron envueltos en una pesadilla creían ver la playa debajo del asfalto. No hay mejor metáfora que este Círculo de Labradores de Sevilla fundado en 1859, nueve años antes de la Revolución Gloriosa. Las cinco naves comandadas por el almirante Fernando de Magallanes partieron rumbo a las islas de las Especias desde el puerto de las Mulas, que se situaría junto a las instalaciones deportivas, estivales y de ocio del Labradores.

José León-Castro es un novelista tardío, pero por la pasión con la que habla de sus creaciones tuvo que ser un lector muy temprano, que simultaneara la lectura de los tochos jurídicos con la buena poesía y la novela europea del XIX. “Carlos Peñaranda y yo somos uno solo, dos almas en un mismo cuerpo”. Nada más lejos de la realidad personal del autor de la novela que la vida del señorito que retrata en La dehesa marina. El paralelismo no es tanto literal como metafórico y espiritual.

Con el paso de los años y los libros ha ido perfilando un estilo, un método. “En mis novelas, todos los protagonistas no dejan de ser personajes secundarios. El único y verdadero protagonista de una novela es una idea. Si lo logras, habrá novela; si no, desde luego que no”. Una historia muy pegada a la tierra que ha pisado el autor. “Si yo hubiera nacido en Orense o en Lérida no habría escrito esta novela ni de este modo, pero Sevilla es mi particular Arcadia. En ella vivo y siento como en ningún otro sitio”.

La novela es la historia de un descubrimiento poético, de una vida “aparentemente placentera y hedonista pero compleja en lo humano y en lo espiritual. Como dijo Víctor Hugo, la poesía no es más que el mundo en un hombre”. Por mucha ficción o escapismo, siempre se termina hablando de uno mismo, de lo que sabe o de lo que ignora y le obliga a preguntar. “Se trata de nosotros mismos, pero preferimos darle forma en seres imaginarios en lugar de algo autobiográfico”.

Habrá leído muchos fárragos jurídicos, textos del Aranzadi, del Código Olivencia, pero es obvio que en este novelista tardío hay en el atardecer de sus novelas mucha poesía leída, digerida, asimilada. No sólo la de los poetas del 27, buena parte de los cuales estudiaron Derecho, como Villalón, Cernuda, Guillén o Salinas, a quien evoca en La voz a ti debida cuando para explicar lo sanador que le resulta formar parte de lo que cuenta está diciendo “qué bien se vive en los pronombres”. Y también citó a William Wordsworth, apellido impronunciable para el más cristalino de los poemas, “aunque ya nada pueda devolvernos la hora del esplendor en la hierba”. Ese esplendor que llevó al cine Elia Kazan, con Nathalie Wood y Warren Beatty, el que muchos años después vino a Sevilla para ambientar la revolución rusa en su película Rojos basada en Diez días que cambiaron el mundo, del periodista John Reed.

Benito Mateos, presidente del Círculo de Labradores, anfitrión de esta función literaria, abre al azar el libro y se encuentra con una referencia a Jesús del Gran Poder. León-Castro fue hermano mayor de esta cofradía en el convulso cuatrienio 2000-2004. A la presentación de su novela acudió su buen amigo Juan Ruiz, que en esos mismos años era hermano mayor de la Macarena. “Juan y José, como los toreros Belmonte y Joselito”, dice Pilar León-Castro, académica, catedrática emérita de Arqueología y hermana del autor. Ella es la mayor, José es el pequeño. Por medio estaban Rosario y Aurora, ya fallecidas. Estos Juan y José cofrades celebraron el centenario del abrazo entre ambas hermandades gestado por don Marcelo Spínola.

Se dio cita un curioso ramillete de amigos y conocidos del autor. Leopoldo Gutiérrez-Alviz excusó la ausencia de su hermano Pablo, director de la Academia Sevillana de Buenas Letras. Alegó que le era imposible porque “diserta un correspondiente”. León-Castro entiende la jerga porque es académico correspondiente de la Academia Nacional de Legislación y Jurisprudencia. En el argot periodístico, serían corresponsales de la Academia.

Pablo Badillo hizo mucho por alentar la lectura de La dehesa marina cuando habló de “un giro de tuerca, un golpe de timón” en la vida de este sevillano hijo de un rico hacendado y de una navarra de Estella. En ese mágico triángulo transcurre la historia de un amante del campo y de la ganadería brava. Esa especialidad de Villalón, el gran olvidado. En la presentación, José León-Castro cita su parentesco con Fernando Villalón. Pilar, como buena arqueóloga, está al quite y precisa esa relación. “Nuestra abuela materna, Aurora Villalón-Daoiz y Auñón, era prima hermana de Villalón”. El poeta siempre vinculado a Morón, pero nacido en la casa-palacio que ahora es sede de las Hermanas de la Cruz.

De su lejano tío-abuelo, autor de los más bellos poemas del entorno de Doñana, León-Castro destaca los estudios de Jacques Issorel y también las vivencias de su primo, el académico de la Lengua Manuel Halcón.

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