Cómo estudiar en las mejores universidades americanas sin moverse de casa

Las instituciones más prestigiosas del mundo apuestan por la educación 'online'.

José María González-Garilleti | Actualizado 14.09.2012 - 11:15
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¿Le gustaría estudiar en la universidad de Harvard pero no quiere viajar? Pues que se la traigan. Ahora se puede, a través, cómo no, de las nuevas tecnologías. Desde hace unos meses, el fenómeno de la educación online, conocido en inglés como Massive open online courses o MOOCs, está experimentando un gran auge de la mano de las Universidades más prestigiosas del mundo. Como ejemplo edX, la iniciativa lanzada por la Universidad de Harvard  junto con Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), y a la que se ha incorporado recientemente la Universidad de California-Berkeley. Este campus virtual ofrecerá cursos, clases en vídeo, pruebas, ejercicios, resolución de dudas y asistencia a alumnos de todo el mundo y de manera gratuita. Según la dirección de Harvard, el objetivo es educar a mil millones de personas en todo el mundo y para ello se ha realizado una inversión inicial que supera los 60 millones de dólares.. "Cualquiera que tenga una conexión a internet y un ordenador, en cualquier parte del mundo, podrá seguir nuestras clases", afirmó la presidenta de Harvard, Drew Gilpin, durante la presentación de edX.

Al otro lado de la costa estadounidense, otra de las más célebres instituciones educativas del planeta, la Universidad de Stanford, ofrece más de una docena de cursos online, y ya cuenta con millones de estudiantes. La propuesta de valor es clara: a día de hoy, cualquiera puede recibir una clase de los profesores con mayor reputación del planeta y que imparten clase en instituciones con un indiscutible sello de calidad, cuando hace poco solo estaba al alcance de un centenar de alumnos al año.



A finales del 2011, esta misma universidad  ofreció un curso online gratuito paralelo a la asignatura presencial Inteligencia artificial impartida por el Profesor de la Facultad de Ingeniería informática, Sebastian Thrun, al cual se apuntaron 160.000 estudiantes del mundo entero. Lo más interesante de esta iniciativa fue que cualquier estudiante podía preguntar y responder al resto de alumnos en el blog del curso, y que los propios alumnos votando a través del sistema de "Me gusta" de la red social Facebook, decidían qué preguntas y qué respuestas alcanzaban los primeros puestos. Por tanto, los propios estudiantes, gracias a esta interacción, aprendían unos de otros. El profesor Thrun se dio cuenta de que con este curso consiguió enseñar Inteligencia artificial a más alumnos que el resto de profesores de esta misma asignatura en el mundo entero. De los 160.000 alumnos que se apuntaron, 23.000 aprobaron, lo cual representa un número de estudiantes superior a la que la mayoría de profesores enseñan a lo largo de toda su carrera. De los 200 estudiantes de Stanford matriculados en el curso presencial sólo 41 asistieron a clase al final del curso; el resto lo compaginaba con el curso online. Otro dato revelador fue que el porcentaje de aprobados en el campus fue el más alto de la historia.

Pocos meses después el Profesor Thrun decidió abandonar la universidad y lanzar su propio proyecto, Udacity, plataforma que ofrece cursos online gratuitos sobre ingeniería informática. Su intención es crear una red de contactos entre jóvenes con talento y empresas del sector. Éstas, pagarán un 20% del salario del primer año de las contrataciones que realicen entre alumnos de Udacity, que actuará como agencia de empleo. El objetivo es que, con el valor generado al emplear al 5% de los estudiantes más brillantes del curso, se pueda financiar la educación gratuita del resto del mundo.

Otra de las iniciativas con más eco ha sido Cousera, plataforma de cursos online en la que hasta la fecha 700.000 estudiantes de 190 países han realizado alguno de sus cursos. Éstos son ofrecidos por 16 universidades, entre las que se encuentran las prestigiosas Universidades de Princeton y Pensilvania. También debemos mencionar otros proyectos basados en  modelos parecidos como Khan Academy, los Open Badges de Mozilla, TED Ed, itunes U, Udemy o The Faculty Project, evidentes ejemplos de la proliferación de la educación online.



En cuanto al reconocimiento, hasta el momento estos cursos online no ofrecen reconocer créditos, sólo una "declaración de cumplimiento" y una puntuación. Sin embargo, la Universidad de Washington dijo que planea ofrecer créditos para sus ofertas en Coursera este otoño, y otras de las iniciativas que hemos visto se están moviendo en esta misma dirección. David P. Szatmáry, vicepresidente de la Universidad de Washington, aclaró que para obtener créditos los estudiantes probablemente tendrían que pagar una cuota extra, hacer tareas adicionales y trabajar con un instructor.

Que las universidades más selectivas del mundo, en términos de requisitos y de coste de la matrícula, den este atrevido paso, hace pensar que el mundo de la educación está en plena revolución. En junio de este año, el Foro Económico Mundial reunió en Nueva York a la cúpula de las principales universidades, profesores y los empresarios del sector de la educación para tratar lo que califican de "tsunami educativo" y que algunos apuntan podría tener un impacto similar en la educación tradicional al que internet ha tenido en la prensa escrita. No obstante, quizá haya que poner algo de sordina a este tipo de declaraciones. Si hay algo que hemos aprendido después de un número ya considerable de años utilizando las nuevas tecnologías es que su correcta utilización no presupone la eliminación de los antiguos modos de actuar, más bien todo lo contrario: son un indudable avance, pero también tienen algunas contraindicaciones, y es una mala política pensar –como a veces ha ocurrido- que con ellas se hace tabla rasa de todo lo anterior.



Por ello, en materia educativa, a pesar de los evidentes beneficios que la misma conllevará, debemos acogerla como un magnífico complemento de la educación tradicional, y no como sustituta. Somos seres sociales por naturaleza, está en nuestro código genético, y una forma esencial para desarrollarnos es aprender de los demás, incluso a veces "contra" los demás. Ambas formas, por tanto, tienen sus puntos fuertes: la experiencia universitaria presencial posee un potencial formativo único, tanto desde el estricto punto de vista de la adquisición de conocimientos, como respecto al relativo al desarrollo de la personalidad, que no es enteramente sustituible por la formación a distancia; y a su vez, la experiencia de educación vía nuevas tecnologías permite acercar aquélla a personas que, de otra forma, nunca tendrían la oportunidad de formarse en este tipo de centros educativos de primerísimo nivel.

En todo caso, sea cual sea el método educativo, esté presente el alumno en las clases o a 10.000 kilómetros de distancia, se use papel y lápiz o una tablet, no olvidemos que el éxito de la educación depende esencialmente de dos factores. Solamente su presencia garantizará el éxito y, sin ellos no habrá nada que hacer: un maestro entregado a su labor de enseñar y un alumno con vocación de aprender.

>José María González-Garilleti, fundador y director de Qué Aprendemos Hoy (www.queaprendemoshoy.com)
12 comentarios
  • 12 másculturamáslibros 15.09.2012, 08:36

    Artículo muy interesante. Y mi opinión es que aunque en N:Y: se le haya calificado de Tsunami educatívo la triste realidad es el Tsunami destructor que tenemos en Sevilla, capaz de derribar vergonzosamente una Biblioteca en construcción en los Jardínes del Prado. De la Arquitecta Zaha Hadid y cerca del Archivo de Indias esta biblioteca contaba con el placet de todos los sevillanos. Inopinadamente y en pleno Agosto el alcalde unilateralmente la tira. 2Mill. euros sólo tirarla!.

  • 11 tony 15.09.2012, 00:59

    yo ya lo conocía, me inscribí hace dos días en un curso de la Universidad de Pennsilvanya

  • 10 hervás 14.09.2012, 23:04

    Quien verdaderamente tiene algo que enseñar puede ser generoso porque no le importa demasiado. Además, sabe que puede ofrecer novedades más adelante. Quien lo único que hace es repetir lo que otros han dicho muestra su pobreza humana creyéndose por encima de los demás por saberlo y se muestra rácano con lo que aprende porque es consciente de que su zurrón es muy limitado y depende de que le llegue más información.

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