clásica

El trompetista audaz

  • Miembro de la Orquesta Nacional de España, Manuel Blanco presenta en Decca su primer disco como solista, que incluye conciertos de Leopold Mozart, Haydn y Zimmermann

El trompetista manchego Manuel Blanco en una imagen promocional de su primer álbum. El trompetista manchego Manuel Blanco en una imagen promocional de su primer álbum.

El trompetista manchego Manuel Blanco en una imagen promocional de su primer álbum. / Igorstudi

Fascinado desde niño por la trompeta ("Mis padres querían que tocase el clarinete, el saxofón, el piano o el acordeón, pero no hubo manera de convencerme: yo quería la trompeta"), Manuel Blanco (Daimiel, Ciudad Real, 1985) forma parte de esas nuevas generaciones de músicos españoles que triunfan por medio mundo.

-Llegó a la Orquesta Nacional de España con sólo 21 años, por lo que ha vivido desde posición privilegiada el crecimiento imparable de esta orquesta, ¿cómo lo explica?

-Llegué con la titularidad de Josep Pons, fue por elección suya, él decidió apostar por perfiles como el mío, gente muy joven. Creo que la elección de los primeros atriles ha sido un acierto. Para mí ha sido brutal, porque he podido vivir dos proyectos diferentes pero continuados. Con el maestro Pons, con el que tengo la suerte de presentar mi primer CD, es un aprendizaje constante. Cada conversación que tienes con él está llena de ideas musicales. Después la llegada de David Afkham con Félix Alcaraz [Director técnico de la OCNE] ha sido sólo para sumar, una evolución natural. Yo conocía ya a Afkham de trabajar con él en la Joven Orquesta Gustav Mahler y es una gran ilusión tenerlo ahora con nosotros.

-¿Por qué este repertorio para su primer álbum?

-Los once años en la orquesta me han aportado mucha madurez, y a la hora de apostar por mi carrera como solista quería presentar un recorrido amplio, cuidando mucho el estilo. Poder grabar para el sello Decca con mis propios compañeros de la Nacional y el maestro Pons es una oportunidad extraordinaria y me lo pensé muy bien, le di muchas vueltas.

-Incluye dos grandes clásicos.

-Sí. Empiezo con el barroco de Leopold Mozart, con cadencia propia. Luego, Haydn, el concierto posiblemente más representativo y más conocido del repertorio; la cadencia también es mía, pero he trabajado desde el manuscrito. Es la primera vez que se graba así. En realidad, todas las grabaciones posteriores a Maurice André son copia de Maurice André. Él lo hizo con los medios que tenía y siguiendo su estilo, lo más bonito que pudo. Pero el manuscrito es muy diferente: está por ejemplo lleno de ligaduras que nadie hacía. Hay incluso un momento en que Haydn escribe "Vocalise". Creo que intentaba demostrar que el nuevo modelo de trompeta para el que escribía (la trompeta cromática) podía asemejarse a un instrumento de cuerda, y por eso en la obra hay muchos giros, muchos guiños a lo que podría hacer la articulación de un violonchelo.

-Salta luego al siglo XX.

-Con el impresionismo de Henri Tomasi, una obra escrita a partir de la Semana Santa de Cuzco, en la que utiliza la trompeta piccolo, cambia a la trompeta en do y vuelve a la piccolo para mostrar versatilidad. Y finalmente el Concierto de Bernd Alois Zimmermann, que es como la obra fearless [audaz] que da título al CD. Para tocarla necesitas tu parte de músico, pero también la de atleta, hay gente que no aguanta con este tipo de obra, gente que tiene un sonido más pequeño y no tanta resistencia. No sé si habrá cuatro personas que puedan tocar esta obra con garantías en un concierto. Y sin embargo, a mí me viene fenomenal, es como si Zimmermann hubiera pensado en mí. Puedo ligar y hacer grandes contrastes, y ahí creo que la experiencia orquestal es fundamental. Estoy acostumbrado a tocar sinfonías de Mahler de hora y media con grandes contrastes: tocas fortes atronadores, de esos escritos con tres efes, y al momento tienes un pasaje solista con la soprano tocando en pianissimo. Fue esta además la obra que toqué en la final del Premio de Múnich.

-Usted ganó en efecto en 2011 el prestigioso Concurso ARD de Múnich. ¿Cómo fue la experiencia?

-Aquello es como unas Olimpiadas, que para ganar tienes que hacer récord mundial, pero luego además hay un tribunal que decide si te da el primer premio. Y son muy duros los tribunales allí. Tuve que tocar once conciertos en estilos diferentes: casi quinientos trompetistas enviaron grabación; de esos nos escogieron a un centenar y luego pasamos tres rondas antes de la final, donde había que tocar el Concierto de Zimmermann. Pese a todo, el máximo beneficio para mí, tanto de ese concurso, como de los otros que gané, no es el resultado en sí mismo, sino el crecimiento personal que suponen.

-La obra de Zimmermann parte de un famoso espiritual negro (Nobodys Knows the Trouble I've Seen), que le da título, y usted cierra el CD con una obra en clave jazzística de Federico Nathan sobre la misma obra. ¿Le interesa el jazz?

-Esa pieza es como el bonus track del CD, basado en el mismo espiritual de Zimmermann, pero en plan funky. Y el jazz me fascina, me encanta. No me he atrevido todavía a meterme muy en serio, aunque sí he hecho alguna cosa con amigos. Pero es que de niño la clásica me llamaba más: los primeros discos de trompeta que entraron en mi casa fueron de Maurice André, y me volví loco con ellos, luego también recuerdo un disco de Winton Marsalis a dúo con Kathleen Battle y obras barrocas, Scarlatti, Haendel, me apasionaba. Pero para este disco, lo mismo el Concierto de Zimmermann que la obra final, tomé muchas referencias de Louis Armstrong y Ella Fitzgerald.

-Le interesa el barroco, ha grabado a Haydn desde el manuscrito, ¿ha probado la trompeta natural?

-Por supuesto. La utilizo en la orquesta en algunos programas de Mozart, cosas sencillas. Es muy exigente combinar la carrera solista con la orquesta y con las clases, no tengo mucho tiempo. Pero estoy en ello, me gustaría hacer conciertos de solista con ella a no tardar mucho.

-¿Qué compositor le gustaría que hubiera escrito un concierto para la trompeta?

-Mahler, sin ninguna duda. Y también Strauss, teniendo en cuenta las dos maravillas que hizo para trompa. Fue aquel un período en que la trompeta estaba en plena evolución, en que pasa de las llaves a los pistones. Los mejores trompetistas empezaron a adoptar el nuevo sistema sin que funcionara del todo y a los compositores no debió de gustarles mucho. Una pena. De los compositores actuales, me haría mucha ilusión que John Adams me escribiera un concierto.

-¿Tiene proyectos con otros compositores?

-Sí, hay un estreno programado para 2018 de Marvin Camacho, un compositor de Costa Rica, y algunas cosas más de las que no puedo hablar mucho, pero estoy en contacto con músicos españoles como Mauricio Sotelo, Jesús Torres o Paco Coll y también con algún otro extranjero.

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