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Juicio al compromiso

  • El equipo de Sampaoli, obligado a convencer a su gente de que la cabeza no está en otro asunto que no sea la lucha por la tercera plaza

  • El ambiente puede caldearse contra el técnico

Steven N'Zonzi toca el balón, con Rami a la expectativa y tapado por Juanma Lillo, con Jorge Desio al fondo. Steven N'Zonzi toca el balón, con Rami a la expectativa y tapado por Juanma Lillo, con Jorge Desio al fondo.

Steven N'Zonzi toca el balón, con Rami a la expectativa y tapado por Juanma Lillo, con Jorge Desio al fondo. / antonio pizarro

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Con todas las cartas boca arriba, el sevillismo enjuicia hoy las actuaciones del Sampaoli persona sin olvidar al Sampaoli entrenador. Lo primero es lo primero. El Sevilla necesita ganar al Granada para seguir en esa pelea por la tercera plaza y amarrar la cuarta antes de pensar en el futuro, un futuro por el que no pasa el pequeñito e inquieto entrenador de Santa Fe. Inquieto en su manera de vivir los partidos, en continuo movimiento de ir y venir de un extremo al otro de su área técnica, e inquieto en su manera de entender la profesionalidad que requiere un contrato firmado.

Pizarra del Sevilla Pizarra del Sevilla

Pizarra del Sevilla / Dpto. Infografía

Sus movimientos, o los de su abogado, que es lo mismo, con los dirigentes de la AFA (Asociación del Fútbol Argentino) han dejado retratado su compromiso con el Sevilla por mucho que asegure estar centrado en lo que se juega el equipo al que todavía dirige, que es mucho. Y lo hace precisamente -qué casualidad Miguel (como dejó acuñado el ex presidente Del Nido en una histórica Junta de Accionistas)- ante el Granada, el club al que dejó plantado menos de un mes después de firmar un precontrato ante una opción más golosa para él como era el Sevilla, un campeón europeo que le permitía hacer una presentación más consistente en el Viejo Continente y claro, aparecer en el escaparate de la Champions League.

Digamos que eso forma parte ya del pasado y como el futuro interesa, pero relativamente, el sevillismo lo que quiere es que los puntos ante un equipo con toda la pinta de ser de Segunda en poco tiempo se queden en ese Sánchez-Pizjuán sobre el que pesa como una incógnita el cierre parcial de varios sectores de Gol Norte. Todo viene por la extraña justicia del fútbol en este país y como lodos de aquellos polvos que fueron unos insultos a Sergio Ramos como respuesta a una clara provocación de éste.

En lo estrictamente deportivo, si hay algún resquicio a ello porque últimamente ni el entrenador en las ruedas de prensa habla de fútbol, del rival, y de lo que demanda este deporte cuando hay puntos de por medio, el Sevilla está obligado a dar un vuelco a su manera de presentarse sobre un campo de fútbol. El punto sumado en Valencia fue bien recibido porque se trataba de un empate con cierto mérito ante un buen equipo por plantilla y presupuesto que además empieza a funcionar, aunque tarde, como debe. Pero la imagen debe tener mucha más profundidad que la ofrecida en Mestalla. Los blancos deben comerse hoy, literalmente, al Granada, un equipo en descomposición que encima llega con bajas y que acaba de cambiar de entrenador. Está en estado grogui tras ser goleado ante su propio público y, así, no puede salir de Nervión de otra manera que no sea apabullado por los de Sampaoli.

Puede que en el recuerdo de los rojiblancos, como una manera de autoinyectarse alguna dosis de moral en su estado actual de desesperación, esté la victoria que sumaron en territoria nazarí en la primera vuelta, un 2-1 que decepcionó en Sevilla por mucho que la cita llegara sólo cuatro días antes de un duelo que iba a marcar la temporada en la Champions, la visita a Lyon, donde los de Sampaoli se jugaban la vida para pasar a octavos.

Mucho ha cambiado desde entonces la película, pero durante la semama los capitanes, al igual que el propio club con sus armas y cierta diplomacia, han dado el aviso oportuno para que todos, absolutamente todos los remos estén metidos en el agua y bogando a toda máquina.

Vitolo será la ausencia que todos esperan que no haya que lamentar. Su fuerza en el frente de ataque es un seguro de fiabilidad, pero tendrán que sumar otros -habrá que ver si Nasri- ante un rival que flaquea atrás, pero que arriba tiene velocidad y descaro.

Las especulaciones ya se sabe cómo acabar con ellas... Para empezar, ganando.

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