Sevilla fc-valencia · la crónica

Lección de 'colmillo' (0-2)

  • El Sevilla se muestra impotente ante un Valencia tremendamente superior en las fases decisivas del fútbol.

  • Los nervionenses no aprovechan sus llegadas y sufren un duro castigo.

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Precipitado y doloroso adiós del Sevilla a su primer objetivo de la temporada. El conjunto de Montella cayó ante un Valencia que le dio una lección de cómo debe manejarse un equipo que aspira a semejantes metas en las dos áreas, sobre todo en la parcela ofensiva. Los sevillistas trataron de exponer el fútbol  agradable que vienen exhibiendo bajo los designios del entrenador italiano, pero se toparon con la persistente falta de gol. Por unas causas o por otras, ya fuera por la soberbia actuación de Neto o por la impericia de sus propios delanteros, no acertaron con la portería rival. Todo lo contrario que lo producido por el binomio formado por Rodrigo Moreno y Kondogbia.  

Efectividad, velocidad, sorpresa, presión, pases en largo para coger al rival descolocado, buen posicionamiento táctico a la hora de protegerse, basculaciones, orden, fútbol… Todos esos conceptos del balompié moderno los puso en práctica el Valencia en el césped del Ramón Sánchez-Pizjuán en un duelo que se aventuraba como decisivo para la pelea por estar la próxima temporada en la Liga de Campeones. 

¿Y el Sevilla?, ¿tan inferior fue durante los 96 minutos que se litigaron al cuadro que va a ocupar su lugar en ese póquer de selectas escuadras españolas? Pues sí y no. Además de todos las ideas utilizadas en el párrafo anterior para tratar de diseccionar las características necesarias para triunfar en este deporte en los tiempos que corren, hay una intrínseca a cualquier juego y ésta tiene que ver con el carácter azaroso del mismo. A los sevillistas, sobre todo en el primer periodo y también en el arranque del segundo, el dado siempre le salió uno mientras que al rival, por muchos méritos que contrajera para eso, le salía el seis que necesitaba en cada jugada.

Ésa fue la realidad de un partido que, sobre todo en el primer periodo, tuvo muchísimo nivel en la mayoría de sus 22 protagonistas. El Sevilla lo intentó durante más de una hora, más o menos hasta que se produjo el segundo tanto de Rodrigo, pero la fortuna esta vez no estuvo de su lado en ninguno de sus intentos. Y los ejemplos más claros tal vez puedan estar en el tiempo que rodeó al intermedio. Antes de marcharse los futbolistas al vestuario se producía un trallazo de Muriel al larguero al que ya no le había respondido Neto; justo después de la reanudación llegaría un disparo lejano de Banega que, ayudado por el aire, se convirtió en un misil al que el guardameta valencianista respondió como buenamente pudo; y prácticamente de inmediato le cayó una pelota a Franco Vázquez en el borde del área para que disparara por abajo sin la pizca de mala leche necesaria para hacerle daño al adversario.

Ahí, en ese tiro del Mudo, que tan inadvertido pudo llegar a pasar, estuvo el compendio de la diferencia fundamental entre este Sevilla y este Valencia. Se llama maldad, colmillo o como se le quiera denominar, pero el gol era una posibilidad cierta y, sin embargo, todo se quedó en una jugada inocua, una más de todas las que se producen en un partido de fútbol por la carencia de veneno a la hora de disparar por parte del delantero argentino. En ese afán por hacerle daño al rival en cada acción se resume gran parte de las diferencias entre unos y otros a lo largo de la presente campaña y, claro, en ese sentido el cuadro entrenado por Marcelino es infinitamente superior. De ahí que ya tenga 11 puntos más en su casillero clasificatorio, lo que se dice bien pronto.

A la hora de desmenuzar el choque desde sus protagonistas iniciales, Montella iba a apostar por casi lo mismo que viene poniendo en liza, aunque con la presencia de Nolito por Correa en la banda izquierda. La idea podía ser más o menos comprensible dentro de un calendario tan cargado, con el United esperando apenas tres días después, pero tras ver el desarrollo del juego, cabe preguntarse por las razones de esta decisión si no existía ningún motivo físico para justificarla. Marcelino, mientras, iba a renunciar a sus futbolistas de la banda derecha para ubicar allí a un central, Gabriel, y a un habitual medio centro como interior, Coquelin.

Rodrigo celebra uno de sus tantos. Rodrigo celebra uno de sus tantos.

Rodrigo celebra uno de sus tantos. / Antonio Pizarro

Fue el Sevilla el que partió con la iniciativa, aunque sin muchas llegadas nítidas hasta que Nolito abrió la espita en el minuto 21. Ahí sí se produjeron opciones, pero el castigo llegaría a través de un error flagrante de Escudero en un pase largo de Kondogbia. Al contrario que los delanteros locales, Rodrigo sí acertó y el Valencia ya se sintió cómodo hasta cuando era fuertemente hostigado.

La reacción sevillista fue incluso brillante en lo referente al juego, pero sólo en eso, entre otras cosas porque Neto le hizo un paradón a Sarabia y el pelotazo de Muriel se estrelló en el larguero. Así, con ese brío, siguió el Sevilla hasta que Rodrigo dio el segundo aviso en el 56’, éste saldado con un paradón de Sergio Rico. Y el punto final llegó con el 0-2 en otra exhibición de Kondogbia y Rodrigo. El Sevilla se había dejado hasta el último aliento, pero en el fútbol no basta con eso, hace falta más maldad a la hora de atacar y el Valencia la tuvo. Tanto que justificó con creces la distancia en la tabla. Así es el fútbol. Orden atrás y maldad, o calidad, arriba. Tan fácil como complicado.

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