Peligroso clima autodestructivo

  • El Sevilla termina la primera vuelta a tres puntos del objetivo, pero en un ambiente prebélico.

  • Una veintena de hinchas dialoga con la plantilla en el entrenamiento.

Aficionados sevillistas en la ciudad deportiva con furgones policiales detrás. Aficionados sevillistas en la ciudad deportiva con furgones policiales detrás.

Aficionados sevillistas en la ciudad deportiva con furgones policiales detrás. / fotos: antonio pizarro

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El Sevilla y el sevillismo viven tiempos de agitación como no se recordaban por Nervión. Tiempos de zozobra quizá más fundamentados en las sensaciones, horribles sensaciones, que en la realidad fría de los números, aunque éstos también dictan que el equipo no ha reaccionado en la Liga con el nuevo entrenador. Un punto de los 15 últimos es el bagaje del Sevilla antes y después de Navidad, que se presentó con la esperable destitución de Eduardo Berizzo. Ya sin el argentino, el equipo blanquirrojo ha perdido el quinto puesto ante el Villarreal, que lo ha adelantado por méritos propios ganando en el Santiago Bernabéu, que fue el escenario de una de las mayores humillaciones que han vivido los aficionados nervionenses este curso. Luego vino la dolorosa derrota ante el Betis en el debut liguero de Vincenzo Montella, el hombre con el que Óscar Arias intentó virar el rumbo. En apenas dos partidos, tras el desastre de Mendizorroza, ha terminado de socavar su crédito el italiano, marcando una peligrosa línea roja en el vaso de la paciencia de la afición, que ya se ha expresado aisladamente contra José Castro.

Con todo, el Sevilla acaba de concluir la primera vuelta a tres puntos del cuarto, el Real Madrid, al que podría haber igualado de haber ganado en Vitoria. Y sigue vivo en los cuartos de final de la Copa del Rey, que encara a partir de mañana. Y está también todavía disfrutando de la Liga de Campeones, cuyos octavos de final disputará entre febrero y marzo. El que no viva en Sevilla y no siga la actualidad del equipo nervionense se extrañará de tanta crispación con esa realidad numérica, pero la realidad palpable, más allá de esos datos objetivos difícilmente cuestionables, es que ahora mismo el aficionado de a pie no tiene ninguna fe, ninguna, no ya en los dos torneos por eliminatorias ante dos gigantes como Atlético de Madrid o Manchester United, sino en que que el Sevilla actual pueda estar en Europa la temporada próxima. Esto, unido a que el club ha hecho el mayor desembolso de su historia en la plantilla y a diferentes cuestiones institucionales, como la presión en la sombra de José María del Nido o el inoportuno momento de la aprobación de un sueldo para los miembros del consejo de administración, ha provocado un caldo de cultivo venenoso y peligrosamente autodestructivo.

Los primeros síntomas del descontento de la afición ya se están haciendo notar. Tras el derbi, José Castro escuchó fuertes protestas contra su gestión y su sueldo en el partido entre el Sevilla Atlético y el Lorca. El presidente acudió a la ciudad deportiva en una fría y húmeda mañana tras la debacle del derbi, dando la cara, y recibió la primera contestación a su manera de regir el club. No fue una protesta generalizada, pero sí una señal de ese descontento.

Otra señal fue la que protagonizaron ayer en la ciudad deportiva unos veinte aficionados que quisieron trasladar a la plantilla esa desazón general antes del entrenamiento. Varios representantes y capitanes de la plantilla accedieron a dialogar con los hinchas antes del entrenamiento, fijado para las 11:30, tras la derrota en Mendizorroza, donde ya Nolito dialogó con otros aficionados desplazados pidiéndoles unión en estos momentos de zozobra. La conversación de ayer también fue en buen tono, según fuentes del club. Acudieron varios furgones de la Policía Nacional ante la alarma suscitada por ese inesperado movimiento de hinchas radicales y no hubo lugar a intervención ninguna. Pero el mero hecho de que ese grupo se personara en la ciudad deportiva ya es un síntoma de que está subiendo la fiebre del enfermo...

Y el médico no parece dar con la cura. Óscar Arias está señaladísimo e incluso ya hay en las irracionales redes sociales una corriente de crítica exacerbada y de sorna sobre su capacidad para afrontar los fichajes que el club está negociando para mejorar el equipo. Entretanto, las dudas sobre la valía de la plantilla más cara de la historia del club se acrecientan sin que Montella haya tenido tiempo siquiera de conocer a sus jugadores. Y el ambiente en el vestuario no es el idóneo tampoco. Pero queda toda una segunda vuelta y el fiel de la balanza sigue en ese inestable equilibrio. Los resultados lo marcarán todo, como siempre ocurrió.

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